05 enero, 2010

LAS INFERENCIAS SOBRE DIOS SON SIMILARES A LAS INFERENCIAS SOBRE UNO MISMO

Por: Antonio Chávez
hnc.correo@gmail.com

Otro nuevo estudio, de Epley et al. 2009 (ver documento original insertado al final), analizando los sustratos neurales de las creencias sobre Dios y sobre uno mismo, aporta datos fuertemente consistentes con otros reportes de creencias autorreferenciales y sobre Dios comparadas con las creencias sobre otra persona. Pensar en uno mismo o en Dios implica mecanismos subyacentes muy similares, evidenciando las creencias en Dios como «sesgadas egocéntricamente». Como discuten los autores, el compás moral religioso, consistente en un agente sobrenatural (Dios) en último término, se sustenta en realidad en creencias autorreferenciales.

Este estudio es además consistente con otro anterior publicado en nuestro blog sobre la oración a Dios y la cognición social típica, mostrando que Dios es pensado «como una persona» (Schjoedt et al. 2009). Ambos estudios registraron actividad frontomedial, parietal (precuneus), temporoparietal y temporopolar. Véanse los artículos referidos al final para un análisis más extenso de estos datos.

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29 diciembre, 2009

EL HEMISFERIO IZQUIERDO: PATRONES, HIPÓTESIS E IDEAS DELIRANTES

Por: Antonio Chávez
hnc.correo@gmail.com

Una nota en Science daily (enero 2009), da cuenta de una nueva teoría neurocognitiva sobre cómo surgen las ideas delirantes y por qué persisten. Orrin Devinsky, neurólogo investigador en el New York University Langone Medical Center, realizó una profunda revisión de datos de pacientes con ciertos delirios y desórdenes del cerebro que revela un cuadro persistente de lesiones en el lóbulo frontal y el hemisferio derecho. Los déficits cognitivos causados por estas lesiones en el hemisferio derecho, dan lugar a la sobre-activación del hemisferio izquierdo, propiciando elucubraciones y creencias engañosas.

Los efectos negativos de las lesiones del hemisferio derecho perjudican el automonitoreo, los límites del yo, y la asignación de valor emocional y familiaridad a los estímulos. El descontrolado hemisferio izquierdo desata una narración creativa del automonitoreo, la memoria y la realidad de las áreas frontales y el hemisferio derecho, conduciendo a explicaciones excesivas y falsas. Además, el estilo cognitivo del hemisferio izquierdo de clasificación, a menudo de categorización dual, lo lleva a inventar un duplicado o impostor para resolver la información conflictiva. Los delirios resultan de lesiones del hemisferio derecho. Pero es el hemisferio izquierdo el que es engañado [deluded].1

Tal como comenta el autor en Science daily, la sobre-activación del lenguaje, función predominantemente del hemisferio izquierdo, conduce a exageradas interpretaciones narrativas de la percepción de la realidad elaborada contralateralmente, en este caso menguada. Devinsky explica así el síndrome de Capgras por ejemplo. Vilayanur Ramachandran, en su libro Phantoms in the Brain: Probing the Mysteries of the Human Mind, también enfocó tal trastorno y otros similares implicando el reconocimiento facial y su asignación de emociones, hipotetizando un daño entre la conexión del lóbulo temporal hacia el sistema límbico como la causa (Hirstein & Ramachandran 1997; cf. Antérion et al. 2008). A través de esto Ramachandran nos conduce a su hipótesis del «módulo de Dios» temporo-límbico, donde se conjugan aspectos de reconocimiento facial o auditivo y emocionales muy profundos. Diversos estudios relacionados apuntan a la sobre-actividad del hemisferio derecho en esto.2 Mientras tanto, tal como enfocadas, la creencia en Dios y la experiencia mística resultan similares a delirios. Luego retomaré tal comparación.

Devinsky encuentra que alrededor de la mitad de los casos revisados muestran daño derecho del cerebro, otro tanto similar sobre daño bilateral y un bajo porcentaje izquierdo, siendo típico el daño frontal derecho. Por otro lado, se ha asociado la disfunción frontal bilateral y del hemisferio derecho con las identificaciones erróneas de la paranoia (Lykouras et al. 2008) y, en estudios con cerebro dividido, se ha identificado al hemisferio izquierdo con la formación de hipótesis (Woldorf et al. 2000), sin embargo el «‘intérprete’, un mecanismo para hacer interpretaciones y formar hipótesis» involucra también al hemisferio derecho en tareas de probabilidades (Miller & Valsangkar-Smyth 2005). Estudiando el cerebro de personas normales en tales ejercicios, consistentes en predecir la ocurrencia de un estímulo y detectar la localización de un estímulo presentado, los resultados apuntan a que el hemisferio derecho tiende a ‘maximizar’ mientras que el izquierdo a ‘igualar’ la frecuencia de la identificación de patrones, siendo claro que las activaciones del hemisferio derecho asociadas con tareas de predicción son el resultado de los procesos de la memoria de trabajo al servicio de tal tarea, más que el resultado de necesariamente buscar patrones (Miller et al. 2005). Es decir que predecir eventos se funda en procesos mnémicos, p.ej. en vista de la recurrencia de previos patrones, que como vemos son ‘igualados’ por el cerebro izquierdo. Entre tanto, los autores registraron mediante neuroimágenes una predominante actividad lateralizada hacia la derecha frontodorsolateral/frontomedial/inferoparietal.

Haré notar la consistencia de los estudios sobre experiencias religiosas identificando un circuito parieto-frontal, y aún de un mayor modelo temporo-parieto-frontal sugerido para integrar creencias y experiencias religiosas en cuanto a aspectos visuo-espaciales (y espacio-agentivos), con los datos aquí presentandos de Devinsky, Woldorf, Miller. Inversamente a la predominancia derecha y posterior en el cerebro en cuanto a los aspectos visuo-espaciales asociados a la agencia sobrenatural, el hemisferio izquierdo/derecho y anterior funciona como un intérprete que elabora hipótesis y sienta creencias. A primera vista, esto parece el sustrato de las creencias religiosas, es decir, la asociación de la agencia sobrenatural y las construcciones lógico-gramaticales que permiten elaborar creencias y evaluarlas. Entre tanto, mientras que la bilateralidad mostrada en el lóbulo frontal sustenta la capacidad de predecir e identificar patrones, su hiperactividad izquierda e hipoactividad derecha implican una anormal elaboración de narrativas exageradas e ideas erróneas, delirantes, que típicamente persisten a pesar de enfrentarse con evidencia clara de que están equivocadas. Hasta aquí parece sencillo definir una creencia religiosa, en tanto que contracientífica, como un ‘delirio’.3

Pero el asunto no es tan simple: es sabido que las personas normales (con cerebros sanos) tienen supersticiones, creencias mágicas y religiosas4 que se sostienen a pesar de la educación científica o la exposición deliberada a evidencia crítica. Y esto es algo masivo y bastante común. Por otro lado, hay bastante evidencia de que un natural desbalance hiperdopaminérgico lateralizado derecho sustenta la espontánea inclinación al pensamiento mágico (Brugger & Graves 1997; Nalçaci et al. 2000; Taylor et al. 2002; Mohr et al. 2003; Brugger et al. 2007; Krummenacher et al. 2009), hecho que necesariamente debe vincularse al complejo sistema de recompensa.5 Todo esto, entre lo aquí expuesto y lo previamente visto en diversos artículos, sugiere una inusual y altamente compleja combinación de aspectos neurocognitivos predispositivos de predicciones, creencias, hipótesis naïf, no necesariamente ajustadas a evidencia (un ‘rango’ normal de un espectro cognitivo/emocional que se extiende hasta lo delirante y lo psicótico asociado a anormalidades anátomo-fisiológicas más o menos distinguibles), incluyendo para ello la sistematización del reconocimiento de patrones, atribución causal sobre tales patrones + atribución de intención/cara/cuerpo. En el lóbulo prefrontal este torrente multi-categorial es integrado con la asignación de emociones, se asocia con la memoria y aún con la búsqueda de recompensa y estímulo gratificante.

El proceso descrito no tiene un único sentido de actividad posterior→anterior en el córtex cerebral, sino que, en tanto se sabe que la circuitería es bidireccional, quizás ocurra lo que Gerald Edelman denomina «reentrada» e indudablemente, pero aún no explorado debidamente, diversos sistemas subcorticales deben influir en el proceso, probablemente (y esto también nos remite a Edelman) determinando los inicios y los finales de los bucles retroalimentativos corticales. El asunto es que, como parte final del proceso, el lóbulo prefrontal elabora un output comprensible de modo narrativo-lingüístico.


Notas:

1. Extracto traducido de «Right brain lesions, left brain delusions», Devinsky, Neurology 2009 Jan 6;72(1):80-7. ACCESO RESUMEN.

2. Véase los artículos NEUROCIENCIA DE LA RELIGIÓN (II, VI, VII).

3. Como p.ej. ha popularizado R. Dawkins.

4. P.ej. sobre la religión Boyer (2003 p. 123) sostiene que es el «subproducto de la operación normal de la cognición humana», Previc (2006 p. 502) que «en la enorme mayoría de individuos es considerada un resultado de tendencias cerebrales normales».

5. Ver El NEUROCIRCUITO DE LA RECOMPENSA: CONSECUENCIAS PARA LAS CIENCIAS COGNITIVAS DE LA RELIGIÓN.


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26 diciembre, 2009

DIOS NO NECESITA REALMENTE EXISTIR PARA HABER EVOLUCIONADO

Original en inglés de Edge: «God need not actually exist to have evolved» (Bering1 2009).
Traducción: Antonio Chávez
hnc.correo@gmail.com

¿Qué pasa si le dijera que Dios está enteramente en su mente? Que Dios, como una diminuta especificación flotando en el borde de su córnea produciendo la imagen de una difusa orbe fuera-del-alcance que le acompaña a cada paso, era en realidad una ilusión, un defecto psicológico grabado en el sustrato cognitivo básico de su cerebro? Se puede sentir que hay algo más grande ahí fuera... vigilando, sabiendo, cuidando. Tal vez incluso juzgando. Pero en realidad hay sólo el aire que respira. Considere, brevemente, las consecuencias de ver a Dios de esta manera, como una especie de rasguño en nuestras lentes psicológicas en lugar de la figura enigmática ahí fuera en el mundo celestial donde la mayoría de las personas creen que está. Subjetivamente, Dios todavía estaría presente en nuestras vidas. De hecho, más bien molestando. Como un modo de percepción, él seguiría cubriendo nuestras experiencias con un elusivo significado y dando el sentido de que el universo se comunica con nosotros de diversas maneras. Pero objetivamente, la noción de Dios como una ilusión es una radical y algunos dirían que incluso peligrosa idea, ya que plantea importantes cuestiones acerca de Dios como un agente autónomo, independiente, que vive fuera de las células del cerebro humano.

De hecho, la ilusión de Dios es más plausible como idea que algunos otros experimentos relacionados con el pensamiento, como la posibilidad de que nuestros cerebros están asentados en una cubeta electrificada en alguna parte y que estamos simplemente viviendo vidas simuladas. En contraste con el ejercicio de la cubeta o alguna otra analogía a la película de ciencia ficción The Matrix, es bastante indiscutible que la capacidad de nuestra especie de pensar en Dios –incluso un Dios ausente– sólo es posible en nuestros cerebros muy naturalmente derivados. En particular, en virtud del hecho de que nuestros cerebros han evolucionado a lo largo de los eones en la forma inusual que tienen. En el discurso filosófico, la idea de que Dios es una ilusión podría ser una alternativa científica, inspirada en un debate muy antiguo, ya que se trata de la naturaleza y veracidad del ser real de Dios.

Todo eso está muy bien, puede estar pensando. Pero tal vez Dios no es una ilusión en absoluto. Más que un rasguño en nuestras lentes psicológicas, la capacidad de nuestro cerebro para razonar acerca de lo sobrenatural –sobre cosas como el propósito, la otra vida, el destino– en realidad es la firma personal de Dios en nuestro cerebro. Uno nunca puede descartar la posibilidad de que Dios diseñó microscópicamente la evolución del cerebro humano de manera que hemos llegado a verlo más claramente, una especie de procedimiento Lasik divino, o un raspado de la feroz bestialidad que oscurece la mente de los demás animales. De hecho, algunos estudiosos, como los psicólogos Justin Barrett y Michael Murray, sostienen algo parecido a esta visión de «evolución teísta» en sus escritos. Sin embargo, como un psicólogo científico que estudia la religión, me tomo la parsimonia explicativa en serio. Después de todo, la parsimonia es la premisa básica de la Navaja de Occam, la piedra angular de toda investigación científica. La Navaja de Occam sostiene que, de dos teorías igualmente plausibles, la ciencia rasura la grasa adicional, favoreciendo la que hace el menor número de supuestos innecesarios. Y en ciencias naturales, el concepto de Dios como una fuerza causal suele ser una desagradable masa de cartílago. Aunque el tratamiento de Dios como una ilusión puede no estar completamente justificado filosóficamente, por lo tanto, es de hecho un tratamiento válido científicamente. Debido a que el cerebro humano, como cualquier otro órgano físico, es un producto de la evolución, y como funciona la selección natural, sin recurrir a la previsión inteligente, este aparato mental nuestro desarrollado para pensar en Dios todo sin necesidad de consultar a este, desampara su existencia real.

De hecho, el cerebro humano tiene muchas ocurrencias tan extrañas que sistemáticamente alteran, ocultan o tergiversan enteramente el mundo fuera de nuestras cabezas. Eso no es necesariamente algo malo, ni implica un pobre diseño de adaptación. Sin duda usted ha visto su cuota de ilusiones ópticas antes, como la famosa imagen de Müller-Lyer donde un conjunto de flechas de igual longitud, con sus colas en direcciones opuestas, da la impresión subjetiva de que una línea es en realidad más larga que otra. Usted sabe, de hecho, que las líneas son de igual longitud, sin embargo, a pesar de este conocimiento su mente no le permite percibir la imagen de esta manera. Hay también bien documentadas ilusiones cognitivas sociales que le pueden ser menos familiares. Por ejemplo, David Bjorklund, un psicólogo del desarrollo, razona que el exceso de confianza de los niños pequeños en sus propias capacidades mantiene su participación en tareas difíciles en lugar de simplemente rendirse cuando fallan. En última instancia, con la práctica y con el tiempo, las habilidades reales de los niños pueden irónicamente comenzar estando más próximas a estos tempranos autojuicios, favorablemente deformados. Del mismo modo, los psicólogos evolucionistas David Buss y Martie Haselton sostienen que la tendencia del hombre a sobre-interpretar las sonrisas de las mujeres como insinuaciones sexuales les incita a seguir la táctica de cortejo con más frecuencia, a veces permitiendo oportunidades reales de reproducción con mujeres amistosas.

En otras palabras, tanto desde una perspectiva del bienestar como biológica, si nuestras creencias sobre el mundo ‘ahí fuera’ son verdaderas y exactas importa poco. Más bien, psicológicamente hablando, es si trabajan para nosotros –o para nuestros genes– lo que cuenta. Al leer esto Ud., los científicos cognitivos están avanzando lentamente su recorrido hacia una comprensión más completa de la mente humana como un prisma que comba la realidad. ¿Qué cambiará todo? El consenso que se avecina entre los que toman la Navaja de Occam en serio de que la existencia de Dios es una pregunta para los psicólogos y no para los físicos.


1. Jesse Bering es director del Institute of Cognition and Culture, Universidad de Queens, Belfast; columnista de Scientific American (Bering in Mind).


***

Comentarios

Justamente, habiendo comentando que «Hasta ahora, científicamente hablando, ha resultado más fructífero preguntarle a los psicólogos (...), en lugar de a los físicos cuánticos (...) cómo es que puede aparecer la idea de Dios en el cerebro», en el artículo sobre cierto neuromapa de la espiritualidad, me pareció entretenido traducir este corto ensayo de Bering. Este psicólogo, dentro del campo de la ciencia cognitiva de la religión, podría considerarse como una notable excepción del «modelo standard» propuesto por Pascal Boyer: él considera que las creencias en espíritus, en tanto que agentes que sobreviven a la muerte, son ideas estructuradas por un mecanismo cognitivo específico y modular, expresamente dedicado a ello (Bering 2006). A pesar de lo discutible de su hipótesis, ha encontrado sugerente evidencia de que los niños más jóvenes, alrededor de los 4 años de edad y ya no posteriormente, de modo espontáneo y no culturalmente adquirido, ven ciertos aspectos mentales emocionales como disociados de la circunstancia de la muerte (Bering & Bjorklund 2004; Bering et al. 2005).

18 diciembre, 2009

El NEUROCIRCUITO DE LA RECOMPENSA: CONSECUENCIAS PARA LAS CIENCIAS COGNITIVAS DE LA RELIGIÓN

Por: Luis González Pope
hnc.correo@gmail.com

Harris et al., en un estudio resumido en este blog, concluyó que tanto las creencias religiosas como las no religiosas, es decir cualquier juicio valorizado como “verdadero”, estimulan áreas del sistema de recompensa. En particular enfatiza el papel de la corteza prefrontal ventro medial (vmPFC) para cualquier afirmación que sea calificada como cierta. Las creencias religiosas, y seguramente otras creencias con resonancia emocional equiparable, son cogniciones que parecen reclutar en los estudios por imagenología un mayor número de zonas del sistema de recompensa. Sin embargo, las imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional (fMRI) pueden llevarnos a conclusiones equívocas, especialmente si no se cuenta con otras fuentes de información que auxilien al momento de integrar lo que pudiéramos llamar un mapa neurocartográfico (la conectómica ).

En una revisión del Colegio Americano de Neuropsicofarmacología publicada recientemente en el Journal de Neuropsychopharmacology se detalla el estado actual de conocimiento de dicho sistema de recompensa, tomando como referencias los datos obtenidos por imagenología, la información proporcionada por neuroanatomía comparada en primates, avances en neuroquímica y neurofarmacología. El neuroesquema (fig 1) es muy ilustrativo de la complejidad del sistema de recompensa. Para propósitos de claridad se mantendrán las abreviaturas originales en idioma inglés. Si bien se han popularizado algunas cuantas estructuras neurales como constituyentes del sistema de la recompensa, núcleo accumbens (NAcc), estríado ventral (VS), áreas orbitofrontales (OFC) y prefrontales ventro mediales (vmPFC), y desde el punto de vista neuroquímico el neurotransmisor dopamina, en realidad se trata de un complejo sistema que recluta múltiples componentes a distintos niveles: corticales, subcorticales y mesencefálicos, y que claramente no puede ser reducido a un solo neurotransmisor.

FIGURA 1


Todo lo anterior es de interés para las Ciencias Cognitivas de la Religión puesto que muchas de las áreas que se han correlacionado con componentes de la experiencia religiosa, y que son conductualmente heterogéneos (rituales, creencias, experiencia mística, agencia sobrenatural), son a la vez componentes del sistema de la recompensa. Se incluyen aquí estructuras, como el hipocampo (que Harris et. al lo asocia exclusivamente al componente semántico de las creencias) o la corteza prefrontal dorsal, que se asocian usualmente a otras funcionalidades. De hecho, parecen pocas las regiones cerebrales que se describen en los estudios de investigación relativos a la experiencia religiosa que no son parte primaria o secundaria (regulatoria) del sistema de la recompensa. Podemos quizás excluir las ricas áreas de asociación de los lóbulos parietales (LP), que como hemos visto en otros temas se han vinculado a la percepción de la intencionalidad y de la agencia (natural o sobrenatural), regiones contiguas que se traslapan con ella (Surco Temporal Superior) y que nos permiten diferenciar de manera aparentemente innata los movimientos biológicos de los mecánicos. Se cuentan también aquí las regiones más anteriores de los lóbulos frontales (frontopolares/área 10 Brodmann) y áreas prefrontales dorsolaterales (la memoria “RAM” del cerebro).

La religión puede ser entonces conceptualizada como un conjunto de operaciones cognitivas (capacidad ToM/Teoría de la Mente, intencionalidad, agencia externa) y cogniciones (creencias/ aprendizajes) que facilitan la activación del sistema de la recompensa, y que tiene la ventaja sobre otros estímulos que tienen igualmente la cualidad de reforzar positivamente la conducta, de ser rápidamente accesibles como recurso “mental” homeostático.

En la figura 1 se aprecia cómo las áreas corticales confluyen en los ganglios basales: el VS y el NAcc (figura central a varios colores), y el globo pálido ventral (VP). Igualmente áreas productoras de dopamina del mesencéfalo envían afluentes dopaminérgicas masivas a estos mismos ganglios basales. Lo que en este esquema llama la atención es la gran variedad de regiones corticales que están vinculadas directa o indirectamente (función regulatoria) a este sistema y que en su mayor parte son áreas pertenecientes a los lóbulos frontales (figura 2): área del cíngulo anterior, corteza orbitofrontal, corteza prefrontal ventro medial, corteza prefrontal dorsal, y algunas a los lóbulos temporales(hipocampo/amígdala).

FIGURA 2


El defecto de los resultados que se obtienen sólo a través de la imagenología (ej. fMRI) reside en el hecho que dan la falsa impresión de que disponemos de regiones corticales o cerebrales específicas a cada funcionalidad, ilustradas en llamativos colores. Se desprende de esta revisión que el sistema de recompensa está mucho más interconectado a lo largo del sistema nervioso central de lo que se creía. Es por lo tanto riesgoso y posiblemente prematuro asignar regiones corticales concretas a cualquiera de los elementos de la conducta religiosa hasta ahora estudiados. Las funcionalidades se traslapan confusamente, y aún más si se observan solamente bajo el ángulo de las activaciones corticales. Por ejemplo, vemos que en la investigación de Harris et al. se estudian las activaciones corticales de las creencias religiosas y las no religiosas, y ahora parecen activarse áreas que aparentemente tienen que ver con la regulación de componentes emocionales (ej. recompensa, valencias emocionales), y en otros casos con correlatos de procesamientos semánticos (hipocampo/parahipocampo). Si nos valemos del neuromapa sugerido en esta revisión de Neuropsychopharmacology resulta que todos los componentes corticales que menciona Harris de alguna forma u otra intervienen a la vez en el sistema de la recompensa. La virtud de revisiones como la presentada en Neuropsychopharmacology es que apuntan a la necesidad de disponer de un mapa conectómico, puesto que es evidente que no existe ningún neurocircuito responsable de funcionalidades conductuales o mentales que se integre exclusivamente sobre la superficie de la corteza cerebral. En la revisión se describe, por ejemplo, como el cuerpo estríado integra funciones corticales de variada procedencia: el cuerpo estríado ventral integra los componentes corticales del sistema de la recompensa que ya se han descrito, el estríado dorsolateral las funciones corticales sensoriales y motrices, mientras que estríado central recibe afluentes de las áreas de asociación corticales.


Bibliografía:
  • Harris S, Sheth SA, Cohen MS (2008) Functional neuroimaging of belief,disbelief, and uncertainty. Ann Neurol 63: 141–147. ACCESO COMPLETO
  • Harris S, Kaplan JT, Curiel A, Bookheimer SY, Iacoboni M, et al. 2009 The Neural Correlates of Religious and Nonreligious Belief. PLoS ONE 4(10). ACCESO COMPLETO
  • Suzanne N Haber and Brian Knutson, (2009) The Reward Circuit: Linking Primate Anatomy and Human Imaging, Neuropsychopharmacology 2010 35: 4-26 ACCESO COMPLETO
  • Susan R Sesack and Anthony A Grace, (2009) Cortico-Basal Ganglia Reward Network: Microcircuitry, Neuropsychopharmacology 2010 35: 27-47 ACCESO RESUMEN

ÍNDICE TEMÁTICO

FUNDAMENTOS
¿Qué pensamos? ¿Qué buscamos?

LO HUMANO
La unidad cerebro-sociedad-cultura

UN ROMPECABEZAS: ANALIZANDO LA RELIGIÓN Y EL ATEÍSMO
Diversas disciplinas confluyen para ello
Generalidades
Modelos explicativos clásicos
Neurociencia