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04 noviembre, 2023

EL PSEUDOANÁLISIS ATEÍSTA DEL CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ

Por: Antonio Chávez

Respecto a la grave crisis palestino-israelí actual, los ateos en automático asumen que se reduce a un asunto de religiosidad fanática, de «pensamiento mágico» e «irracionalidad» (p. ej. Piero Gayozzo 2023, militante ateo en Asociación Peruana de Ateos y Sociedad Secular Humanista del Perú). 

Esto no es nuevo: desde que el terrorismo islámico se convirtió en asunto de urgencia internacional, bajo la presión y liderazgo de Estados Unidos tras el atentado al World Trade Center en 2001, el denominado ‘nuevo ateísmo’ lideró desde 2004 un movimiento académico enfáticamente antirreligioso, centrado en Estados Unidos, cuyo discurso es que la religión en general, y por supuesto en particular el islam, es lo que motiva el terrorismo antes que cualquier otra razón (o solo inmediatamente antes de la «irracionalidad» y la demencia). En consecuencia, según los nuevos ateos a través de numerosas conferencias, entrevistas, artículos en medios masivos, y libros superventas, el islam es una seria amenaza no solo para Estados Unidos y sus aliados, sino para toda la cultura occidental. Los líderes del nuevo ateísmo, especialmente Richard Dawkins y Sam Harris, todos hombres blancos acomodados, se autodeclaran portavoces de una verdad ‘racionalista’, presuntamente ‘científica’ y moralmente ’superior’ que, siempre según ellos, salvará al mundo. Valga la redundancia, esto es lo ‘nuevo’ del nuevo ateísmo. 

Los ateos sabemos bien que la narrativa implícita aquí, casi explícita, es que la religión es «la raíz de todo mal», y que el mundo se divide en un «nosotros» «los racionalistas» y los otros, el resto de personas, sumergidas en las tinieblas de la irracionalidad, tal como lo plantea Richard Dawkins, el gurú del nuevo ateísmo. Esta cosmovisión es reproducida masivamente por los ateos, e implica que, también asumido por defecto, la ‘solución final’ a los males como la crisis palestino-israelí, es el exterminio de la irracionalidad y la superstición (cometido que, de por sí, refleja una controvertida ética respecto a cómo lograrlo a gran escala, a modo de ingeniería social). Es realmente un mito ateísta suponer que dejando de creer en Dios se acabarán el conflicto palestino-israelí, el patriarcado islámico, la pedofilia católica, y cualquier otro problema que involucre a la religión. 

(Los efectos sociopolíticos de esta postura identitaria neoateísta son complejos y coyunturales: influyó en el afianzamiento ‘intelectual’ de la islamofobia estadounidense, propició la coalición del secularismo y el conservadurismo cristiano en la oposición a la inmigración musulmana, promovió el retorno del racismo científico y el antifeminismo dentro de una oposición generalizada a las luchas sociales, contribuyó al populismo nacionalista que hizo triunfar a Trump, y fue y sigue siendo, con todo esto, un agente importante de la ultraderecha y el neofascismo. En Chávez 2022 se analiza y documenta este asunto.)

Entonces, el causal religioso suena simple, pero es más bien simplón y puede ser perjudicial para la resolución de conflictos armados: ignora otros factores cruciales, bastante bien estudiados, por ejemplo, los intereses geopolíticos de las grandes potencias occidentales en Medio Oriente, o el papel escandalosamente sesgado de los medios de información. De hecho, reducir la crisis palestino-israelí a una «irracionalidad que debemos abandonar si queremos progresar como especie» (según Gayozzo) conduce a una estereotipación poco o nada realista: presuponer a los israelíes cual bloque homogéneo de personas dogmáticas por causas religiosas, y con especial énfasis sobre los palestinos, ya que, aún peor, se les preconcibe como ‘dementes’. Al respecto, es necesario poner en contexto histórico el discurso islamofóbico, distintivo de las nuevas formas de fascismo (con las cuales se relaciona el nuevo ateísmo, p. ej. la alt-right), como una suplantación del otrora antisemitismo del fascismo clásico de Hitler y Mussolini. Esto nos lo explica el historiador Enzo Traverso (2016 p. 11)

El antisemitismo tradicional, que durante todo un siglo fue elemento constitutivo de todos los nacionalismos, ya no es más que un fenómeno residual. Las instituciones del Continente [Europa] incluso han hecho de las conmemoraciones del Holocausto una especie de garantía moral de sus políticas y mantienen relacio­nes especiales con Israel. El clima malsano del antisemitismo larvado, pero om­nipresente, que dominaba en las esferas públicas del Viejo Continente antes de la guerra ya no es estructurador; ha sido sustituido por una hostilidad análoga en relación a todo lo que tiene que ver con el islam, una categoría que a su vez ha sido metaforizada –designa mezclando churras con merinas una religión, la in­migración, determinadas minorías, el terrorismo, etc.– y esencializada, como una especie de alteridad ontológica en el seno de las naciones europeas. El lenguaje ha cambiado, pero la representación del enemigo reproduce el antiguo esquema racial: muchas veces se pinta al terrorista islámico, como antaño al judeo-bolche­vique, con una alteridad física muy marcada, donde la barba abundante hace las veces de la nariz ganchuda.

Ante la problemática del terrorismo islámico, el reduccionismo enfáticamente antirreligioso del nuevo ateísmo (contribuyente secular de una islamofobia políticamente muy favorable a la extrema derecha postfascista en EE.UU.), es tema de debate académico entre ateos y científicos sociales, debido a la inconsistencia empírica que implica la reducción del terrorismo islámico a una causalidad religiosa y psiquiátrica: véase a Scott Atran refutando a Sam Harris y a Richard Dawkins en Beyond Belief, ya en 2006 (video–ver abajoy artículo escrito–ver abajo), la mezcolanza que hacen estos líderes ateos entre afirmaciones y creencias (varias de ellas señaladas arriba por Traverso) sin fundamento científico, para elaborar una dicotomía racionalidad vs religión y pseudoanalizar el terrorismo.

https://youtu.be/8VWO6U6248c?si=fll6ql0SINYZtom0 (Se pueden activar subtítulos en español.)


Atran, antropólogo especialista en terrorismo, basándose en encuestas, estudios empíricos y de campo enfocados en comprender las motivaciones de los terroristas, concluye (Atran 2013), contra la impostura de Harris y Dawkins, que: 

aunque la ideología [religiosa] es importante, el mejor predictor (en el sentido de un análisis de regresión) de la voluntad de cometer un acto de violencia yihadista es si uno pertenece a una red social orientada a la acción, como un grupo de ayuda vecinal o incluso un equipo deportivo (ver Atran,TALKING TO THE ENEMY, Penguin, 2010).

Atran elabora 7 puntos sobre el presente conflicto palestino-israelí (Atran 2023), de donde citamos lo siguiente (conservando los enlaces originales): 

5. Entrevisté a la mayoría de los dirigentes de Hamás y la Yihad Islámica [otra facción armada de Gaza], así como a dirigentes israelíes, que siguen en el poder después de dos décadas (entre ellos, el dirigente de Hamás en Gaza, Ismail Haniyeh, y el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu). Algunos dirigentes palestinos han buscado sinceramente el diálogo con Israel durante años, mientras que otros son maximalistas que pretenden eliminar a los israelíes de la región; del mismo modo, algunos de los dirigentes israelíes actuales estaban dispuestos a negociar con los palestinos en el pasado, mientras que otros son maximalistas que expulsarían alegremente a los palestinos. Los saboteadores de ambos bandos han tenido la sartén por el mango y seguirán teniéndola a menos que la comunidad internacional intervenga con decisión, lo cual es muy poco probable dado el actual panorama geopolítico.
(...) 
7. Por último, un punto a más largo plazo. Los absolutistas de ambos bandos rechazan violentamente las ofertas materiales o la paz en su tierra sagrada y son capaces de soportar castigos extremos. Pero como sugiere la investigación de campo de mi equipo, incluida la más reciente, están considerablemente más inclinados a aceptar acuerdos con sus enemigos si éstos hacen concesiones simbólicas pero difíciles. Por ejemplo, los militantes palestinos, incluidos los de Hamás, reconocerán más fácilmente el derecho de Israel a existir si los israelíes se disculpan por el sufrimiento palestino durante la Nakba [palabra árabe que significa “catástrofe” y se refiere al desplazamiento forzoso de 700.000 palestinos en la creación del Estado de Israel en 1948]; simétricamente, incluso los “halcones” israelíes considerarían seriamente una solución basada en la coexistencia de dos Estados, siguiendo las fronteras de 1967, si todas las principales facciones palestinas, incluida Hamás, reconocieran el derecho del pueblo judío a tener su propia nación.
Similarmente a Atran, de acuerdo con el argumento del sociólogo y politólogo internacionalista Farid Kahatt (2017):

Las diferencias religiosas pueden suscitar prejuicios y desconfianza, pero por sí solas no bastan para provocar la violencia política.

En oposición al reduccionismo inconsistente de ateos como Gayozzo, de hecho, hay voces notables entre los israelíes que son frontalmente críticas con su país, sin invocar la religión, algo no esperable si sus motivaciones fuesen principalmente dogmáticas y mágicas. Las dicotomías ‘irracionalidad vs racionalidad’, ‘pensamiento mágico vs lógica’ o ‘religión vs ateísmo’ conforman una narrativa engañosa, que podría estar condicionada por el hecho de que aquellas voces carecen de presencia en los medios masivos, contribuyendo así a la ilusión de que (todos) los israelíes y judíos están a favor del sionismo, o que no condenan a Israel como un estado genocida. Precisamente, entre otros, aquí está Gabor Maté, superviviente judío del Holocausto, psicólogo, médico y escritor laureado: 

Siento que es la peor cosa que he visto en toda mi vida. Es imposible comparar atrocidades, quiero decir que nada se compara con el asesinato mecanizado de seis millones de judíos por parte de los nazis, ¿qué se puede comparar con la masacre de tres millones de civiles vietnamitas a manos de los estadounidenses? Las matanzas que ni aparecen en la prensa de Occidente como el genocidio indonesio en Timor Oriental, la matanza de 100.000 indígenas guatemaltecos en los noventa, a manos de militares entrenados por los EE.UU. e Israel. Uno puede continuar. Pero lo que es diferente esta vez, es que nunca he visto algo así cometido tan públicamente. Semejantes atrocidades perpetradas en televisión. Y las víctimas son presentadas como las culpables. Y este espectáculo obsceno y violento al que asistimos es apoyado o consentido por los grandes medios y todos los políticos.
(…)
Ningún portavoz israelí, cuando habla de sus políticas, son preguntados: ¿condenas el pogromo en Hawara, Cisjordania, de hace unos meses? ¿Condenas el asesinato de niños palestinos por parte de los colonos? ¿Condenas los constantes ataques de los colonos? ¿Entiendes que el subjefe de personal del ejército israelí dijo que la situación de los palestinos en Cisjordania le recuerda a la situación de los judíos en Alemania? ¿Se cubre esto en la prensa occidental? Lo que quería decir, es que los colonos, como los hooligans nazis, tienen libertad para atacar a los palestinos, como los camisas pardas, los criminales nazis, atacaban a los judíos, mientras el ejército y la policía no solo miraba, sino que los apoyaban y animaban a ello. 

¿Se hace consciente al público europeo, de los miles de rabinos, historiadores e intelectuales, judíos e israelíes que recientemente firmaron un documento llamando claramente Apartheid a la situación actual? ¿Eres consciente, de que un exjefe del Mossad dijo que la situación de los palestinos bajo la ocupación es Apartheid?

Cuando a alguien se le pide que hable de actos del bando palestino, se le pide inmediatamente que condene y que denuncie, y que rechace. Sin embargo, el sufrimiento diario, la crucifixión del pueblo palestino, incluyendo especialmente la gente de Gaza, nadie te llama al orden, nadie te pregunta, y estos mentirosos descarados del ejército israelí, que le darían clases a Joseph Goebbels, maestros de la propaganda, como Goebbels nunca fue.

Una reflexión final va sobre la narrativa, intrínsecamente antihumanista y genocida, de que los palestinos tienen la culpa de la masacre que perpetra Israel. Esta falsedad también es propiciada por la estereotipación de «irracionalidad» sobre la crisis palestino-israelí. Lo que se sabe psicológicamente es que esto es el sesgo cognitivo del mundo justo, culpabilizar a la víctima: percibir a la gente infortunada (y los ateos asumen que la irracionalidad es una deficiencia mental), merece y se busca ella misma las desgracias que les ocurren (Macedo 2016).

La reducción al pensamiento mágico implica, además, una vaguedad de nulo poder analítico y explicativo, ya que el pensamiento mágico puede identificarse tanto en algunos aspectos simbólicos del conflicto palestino-israelí, como en los propios sesgos de esencialismo y culpación en el énfasis ateísta (más allá de su falta de rigor científico, incluyendo la confusión del pensamiento mágico con la religión en las motivaciones del conflicto). La narrativa de la culpación la hemos señalado en una publicación anterior en nuestra página de Facebook, comparando, precisamente, las declaraciones de Biden respecto al hospital destruido en Palestina (según él la responsabilidad no fue de Israel sino de Hamás mismo), de Dina Boluarte respecto a la crisis en Perú, y del propio Gayozzo, de que las personas que luchan contra Boluarte son ellas mismas culpables de la violenta represión que han sufrido.


Esta narrativa, indistinguible del argumento evasivo de un psicópata incapaz de remordimiento y/o producto de una pobre conciencia social, no es accidental en la perspectiva ateísta que Gayozzo, imitando a Harris y Dawkins, adopta ante problemáticas sociales graves: es parte fundamental de la cultura atea asumir que la irracionalidad es un mal, una inferioridad y una debilidad, siempre en contraposición a la superioridad de la racionalidad. Esto lo analizamos en un extenso ensayo, incluyendo el caso del secularismo peruano en particular, donde Gayozzo y otros ateos ejemplifican lo dicho (Chávez 2022–anexo 2023).

 

BIBLIOGRAFÍA (por orden de citación): 

📰 Gayozzo, P. (2023). Israel y Hamás: cuando la religión y la irracionalidad matan. «Esta guerra debe ser denunciada por lo que es: una manifestación de la irracionalidad institucionalizada. Religión, nacionalismo y política son un cóctel letal de irracionalidad que debemos abandonar si queremos progresar como especie.» Lucidez. Oct 19, 2023.
🌎 Chávez, A. (2022). Ateísmo feminista: el ateísmo androcéntrico es un proyecto social fallido. Tema 2.3 - El androcentrismo del nuevo ateísmo: ultraderecha y antifeminismo. Humanismo Naturalista Científico. 17.07.2022.
📑 Traverso, E. (2016). Espectros del fascismo: Metamorfosis de las derechas radicales en el siglo xxi. Pasajes, (50), 4-20.
🎥 67. Sam Harris and Scott Atran Discussion (1 of 3) - Beyond Belief 2006. Barry Belmont, 22 ene 2011.
📑 Atran, S. (2006). An Edge Discussion of BEYOND BELIEF: Science, Religion, Reason and Survival Salk Institue, La Jolla November 5-7, 2006 (S. Atran, N. Humphrey, S. Harris, D. Dennett, C. Porco, N. Chomsky).
📰 Atran, S. (2013). Here He Goes Again: Sam Harris’s Falsehoods. ProSocial World. June 13, 2013.
📰 Atran, S. (2023). Attaque du Hamas contre Israël: «Sept brèves réflexions sur la guerre de Gaza», par Scott Atran. Le Nouvel Observateur. Publié le 9 octobre 2023 à 12h47, Mis à jour le 10 octobre 2023 à 11h12.
📰 Kahhat, F. (2017). Las diferencias religiosas y la violencia política, por Farid Kahhat. Existe una tendencia reciente a poner énfasis en el papel de la religión como fuente de violencia política. Es una tendencia tan extendida como errada. El Comercio. 24/09/2017.
🎥 Entrevista a Gabor Maté en The Gray Zone live. Edición y traducción de @El_Doomer en Twitter (X). 
Programa completo de The Gray Zone: https://www.youtube.com/watch?v=NYfWnO1Y5CU 
🌎 Macedo, J. (2016). Teoría del Mundo Justo: ¿tenemos lo que nos merecemos? La culpabilización de la víctima, un sesgo que nos impulsa a creer en una justicia universal. Psicología y Mente. 1 noviembre, 2016.


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02 mayo, 2022

CREENCIAS RELIGIOSAS Y DESCREENCIA: ¿MENTALIZACIÓN O APRENDIZAJE CULTURAL?

Por: Antonio Chávez

Tanto para el teísmo como el ateísmo: 
posicionarse en uno u otro depende más
de la exposición a las muestras de devoción de los padres,
que de disponer de mayor o menor capacidad de mentalización,
o de mayor o menor capacidad de pensamiento racional-analítico.


Maij et al., en un artículo publicado por PLoS ONE en 2017 (ver el artículo completo PDF insertado al final), reportan sus resultados buscando explicar cómo las personas tienen creencias religiosas, para lo que realizaron estudios en Holanda, Suiza, y Estados Unidos. Encontraron que la mentalización (la capacidad cognitiva para atribuir rasgos mentales a personas, pero también a animales, objetos, eventos naturales, situaciones azarosas y/o estresantes—también conocida como agencia, que nosotros caracterizamos como pensamiento mágico) no resulta ser un sustrato importante, sino el aprendizaje cultural, en la formación de las creencias religiosas. Citamos el resumen:
«La capacidad de mentalizar ha sido señalada como un importante mecanismo cognitivo que permite creer en agentes sobrenaturales. En cinco estudios hemos investigado interculturalmente la relación entre la mentalización y la creencia en agentes sobrenaturales con muestras de gran tamaño (más de 67.000 participantes en total) y diferentes operacionalizaciones de la mentalización. La importancia relativa de la mentalización para respaldar las creencias sobrenaturales se comparó directamente con las demostraciones de aumento de la credibilidad, es decir, el grado en que las personas observaron actos religiosos creíbles durante su educación. También se comparó a los adolescentes autistas con los neurotípicos. El cociente de empatía y el cociente del espectro autista no predijeron la creencia en agentes sobrenaturales en todos los países (es decir, Países Bajos, Suiza y Estados Unidos), aunque sí observamos un efecto curvilíneo en Estados Unidos. Además, observamos una fuerte influencia de las manifestaciones que aumentan la credibilidad en la creencia en agentes sobrenaturales. Estos resultados ponen de manifiesto la importancia del aprendizaje cultural para la adquisición de creencias sobrenaturales y piden que se reconsidere la importancia de la mentalización.»
En la introducción, los autores nos dicen:
«Según estimaciones conservadoras, al menos el 80% de la población mundial cree en agentes sobrenaturales intencionales [1]. En este contexto, nos referimos a los agentes sobrenaturales como un término general para todos los agentes intencionales que no se ajustan a una visión naturalista del mundo. Dada esta impresionante cifra, surge la pregunta de qué es lo que subyace a esta tendencia humana aparentemente universal de creer en agentes sobrenaturales intencionales. Una sugerencia es que estas creencias surgen como subproductos de los mecanismos cognitivos normales evolucionados, como el razonamiento dualista [2]. Esta sugerencia está bien establecida en la ciencia cognitiva de la religión [3].

Uno de los mecanismos cognitivos clave que se supone que subyace a las creencias sobrenaturales es la capacidad de mentalización o de razonamiento de la teoría de la mente [2,4-17]. Se trata de la capacidad de atribuir intenciones, creencias y deseos a otras mentes [18,19]. La lógica que subyace a esta hipótesis es que, para que las personas puedan creer en agentes sobrenaturales intencionales, deberían tener al menos las capacidades de mentalización necesarias para conceptualizar las intenciones del agente [8,17]. En concreto, la idea es que un mecanismo cognitivo evolucionado para inferir la intencionalidad de los agentes humanos se activa de forma similar cuando se infiere la intencionalidad de los agentes sobrenaturales. En el presente estudio, nos propusimos investigar si las capacidades de mentalización son realmente importantes para apoyar la creencia en agentes sobrenaturales, investigando si las diferencias individuales en la mentalización covarían con los grados de creencia. Además, situamos la importancia relativa de la mentalización en su contexto, comparándola con la importancia de las manifestaciones que aumentan la credibilidad, es decir, el grado en que las personas observaron actos religiosos creíbles durante su educación [20-22].
En la literatura existente, la relación entre la mentalización y la creencia en creencias sobrenaturales se ha investigado de diferentes maneras. En una línea de estudios, los investigadores utilizaron el Cociente de Empatía (abreviado) [EQ] [23,24], porque se argumentó que la mentalización era importante para la empatía [16,17,25]. La relación entre el EQ y las creencias sobrenaturales resultó ser estadísticamente significativa, pero modesta (es decir, todas las r < 0,22). Sin embargo, el EQ no predijo las creencias sobrenaturales cuando se tuvieron en cuenta variables como el pensamiento analítico o la preocupación moral [26]. Además, la validez psicométrica de la escala ha sido criticada, ya que la escala no se correlaciona con las tareas de habilidad mentalizadora [27]. En consecuencia, no se puede considerar que el EQ evalúe de forma inequívoca la mentalización. En otros estudios, teniendo en cuenta una mayor variedad de operacionalizaciones de la mentalización, como la prueba de lectura de la mente en los ojos y la tarea de toma de perspectiva, los autores informaron de relaciones inconsistentes entre la mentalización y las creencias sobrenaturales [16,26]. La prueba de lectura de la mente en los ojos se relacionó significativamente con las creencias sobrenaturales en el estudio de Norenzayan et al. [16], pero no en el estudio de Jack et al. [26]. En resumen, estos estudios demostraron, como mucho, un papel modesto de la mentalización en las creencias sobrenaturales.

Otra línea de estudios que relacionan la mentalización con las creencias sobrenaturales proviene de estudios centrados en personas con trastorno del espectro autista (TEA) o en la puntuación de personas neurotípicas en medidas de TEA como el Cociente del Espectro Autista [8,10,15,16,28-30]. Se cree que las personas con TEA se caracterizan por tener dificultades para conceptualizar las intenciones de los demás [18,31] y el TEA parece tener un fuerte componente genético [32]. En dos estudios, los investigadores descubrieron que las personas con TEA tenían menos creencias sobrenaturales en comparación con las personas neurotípicas [16,33], pero otros investigadores no encontraron esa relación [34-36]. Además, los informes anecdóticos muestran que las personas con TEA pueden creer en agentes sobrenaturales [8,37-39] aunque pueden respaldar una visión más negativa de Dios [40]. En resumen, las investigaciones sobre la relación entre el TEA y las creencias sobrenaturales han arrojado resultados contradictorios.

En una última línea de estudios que relacionan la mentalización con las creencias sobrenaturales, los investigadores han vinculado áreas cerebrales asociadas a la ToM (es decir, la llamada red ToM) con creencias y comportamientos sobrenaturales en estudios de neuroimagen [41]. La red ToM es una red de regiones cerebrales funcionalmente relacionadas que se activan constantemente en asociación con tareas relacionadas con la mentalización [42], como la clásica tarea de figuras geométricas (GFT) de Heider y Simmel [43]. En esta tarea, las figuras geométricas se mueven como si tuvieran intenciones. La red ToM abarca el córtex prefrontal medial, el córtex cingulado anterior y posterior, el precuneus y la unión temporal parietal bilateral [44-46]. En un estudio en el que los creyentes religiosos rezaban en silencio a Dios, se observó que la red ToM se activaba, mientras que esto era menos frecuente cuando pensaban en el Padre Nuestro, pedían deseos a Papá Noel o pensaban en una canción infantil [47]. Este hallazgo sugiere que el contacto personal con un agente sobrenatural implica un procesamiento relacionado con la ToM y este hallazgo se ha replicado y ampliado con una condición de control en la que los participantes hablaban imaginariamente con un ser querido [48]. De forma similar, la red ToM se activó cuando los creyentes pensaron en los estados mentales de Dios [49] o en las creencias de Dios [50]. Por último, las regiones cerebrales de la red ToM se activaron con mayor intensidad en los creyentes sobrenaturales que en los escépticos cuando se mostraban figuras geométricas en movimiento al azar [51]. Es importante destacar que en este estudio la intensidad de la activación en la red ToM se correlacionó con las calificaciones de intencionalidad de los participantes. En conjunto, estos estudios de neuroimagen parecen converger con la idea de que los mecanismos cerebrales naturalmente evolucionados para el razonamiento ToM se activan de forma similar cuando se percibe la intencionalidad o cuando se piensa en agentes sobrenaturales. Sin embargo, es prematuro concluir que la mentalización es un mecanismo cognitivo importante que permite creer en agentes sobrenaturales, simplemente sobre la base de estos estudios de neuroimagen. Fundamentalmente, en estos estudios se asume que cuando las áreas cerebrales asociadas a la red ToM se activan con una determinada tarea, esto significa que el proceso subyacente (es decir, la mentalización) está activo, pero esto no es necesariamente así [36].

En resumen, la literatura hasta ahora no proporciona pruebas claras de que las capacidades de mentalización sean realmente un factor impulsor de las creencias sobrenaturales. Por lo tanto, para arrojar más luz sobre este debate en curso, ampliamos el trabajo anterior de cuatro maneras importantes. En primer lugar, en los estudios 2, 4 y 5, comparamos la importancia relativa de las habilidades de mentalización (medidas del mismo modo que los investigadores anteriores que observaron los efectos de la mentalización) para predecir las creencias sobrenaturales con una teoría específica de aprendizaje cultural sobre cómo se adquieren las creencias sobrenaturales [20-22]. Según algunos investigadores, el papel de la cultura en la adquisición de las creencias sobrenaturales es secundario respecto a los sesgos cognitivos intuitivos primarios [6]. Otros reconocen una fuerte influencia recíproca entre los sesgos cognitivos y los factores culturales [12,52]. Sin embargo, hay una tendencia reciente de investigadores que enfatizan la importancia de los factores culturales de aprendizaje: consideran que los mecanismos cognitivos son secundarios a los fundamentos culturales de las creencias sobrenaturales [20-22,53], y algunos incluso piden una revisión del marco de subproductos [54]. Así pues, para dar cuenta del debate actual, comparamos directamente la importancia relativa de las diferencias individuales en la mentalización y la exposición a manifestaciones religiosas creíbles durante la crianza para predecir las creencias sobrenaturales, y hasta donde sabemos, somos los primeros en hacerlo.

La teoría de las manifestaciones que aumentan la credibilidad (es decir, las CRED [N. del T.: credibility enhancing displays]) es una teoría de aprendizaje cultural con un potencial explicativo importante. Henrich [20] y Lanman [21] han propuesto que la medida en que las personas se convierten en creyentes en lo sobrenatural viene determinada en gran medida por el grado en que han estado expuestas a muestras creíbles de creencia en lo sobrenatural. Por ejemplo, si los padres o los cuidadores dicen que creen en Dios, rezan todas las noches antes de cenar y van a la iglesia todos los fines de semana, se consideran muestras muy creíbles de la existencia de un reino sobrenatural. Por un lado, cuando se observan CRED de religiosidad, aumenta la probabilidad de que los observadores asuman las creencias sobrenaturales expresadas por los actores. Por otro lado, cuando se observan CREDs de ateísmo o de actos religiosos poco fiables (por ejemplo, actores religiosos muy poco morales), disminuye la probabilidad de que el observador adquiera creencias sobrenaturales. Así pues, las CRED proporcionan una explicación completa tanto del teísmo como del ateísmo. Se han presentado datos que apoyan la teoría de las CRED [22,54], pero falta una comparación directa con los sesgos cognitivos.

Una segunda forma en la que nuestro estudio amplía los trabajos anteriores sobre la relación entre la mentalización y la creencia es que se emplearon muestras de gran tamaño (estudio 1-estudio 4) con más de 67.000 participantes en total. Por lo tanto, tenemos bases sólidas para sacar conclusiones. Una tercera forma en la que nuestro estudio amplía los trabajos anteriores es que utilizamos tanto cuestionarios de autoinforme (es decir, el EQ, el AQ y la hipersistematización, con el fin de comparar directamente nuestros resultados con estudios anteriores sobre este tema) como una prueba experimental utilizada en estudios de neuroimagen para localizar las áreas cerebrales implicadas en el procesamiento de la ToM (es decir, la Tarea de Figuras Geométricas; en el Estudio 4 y el Estudio 5). De este modo, aumentamos la probabilidad de que abordáramos el concepto de mentalización más a fondo que en la mayoría de los estudios anteriores. Por último, investigamos muestras de tres países diferentes (es decir, los Países Bajos [Estudio 1, Estudio 2 y Estudio 5], Suiza [Estudio 3] y los Estados Unidos de América [Estudio 4]) que variaban en el grado de religiosidad (es decir, secularización: con secularización nos referimos a la disminución del nivel de religiosidad en la sociedad), mejorando así la generalización de nuestros resultados.»


COMENTARIOS 

Ya que los autores encontraron que las manifestaciones de credibilidad eran más importantes que la mentalización, y en tanto divulgamos lo que, como dicen los autores, es la sugerencia bien establecida de la centralidad de la mentalización para las creencias religiosas, será necesario hacer un comentario aquí. Lo que estudian Maij et al. (2017) como creencias religiosas, son las creencias específicas propias de las grandes religiones: hasta qué punto se cree en Dios, con qué frecuencia se visita una iglesia o se reza, si es fácil representarse uno mismo a Dios y/o su voluntad, y, para medir la influencia del aprendizaje cultural: qué tan seguido asistían los padres a servicios religiosos, o en qué medida quienes ejercieron la crianza actuaron como buenos modelos religiosos a seguir. Todo esto se mide con una puntuación de 1 a 7 (1 = en absoluto o nunca / nada importante y 7 = mucho o muy a menudo / muy importante), según describen los autores en la metodología de las encuestas. Tener en cuenta esto es importante, porque, como hemos discutido anteriormente, las creencias sobrenaturales no se reducen a estas creencias, y Maij et al. (2017) no están estudiando, por ejemplo, las creencias en fantasmas o en supersticiones tradicionales, que también implican agentes sobrenaturales y son ciertamente independientes, y además diferentes (incluso marginadas, ver p. ej. Boyer 2020), de las creencias doctrinales interrogadas por los autores.

La capacidad de mentalizar, en efecto, ha sido enfatizada por diversos estudiosos como refieren los autores (Norenzayan, Barrett, Bering, Bloom, Boyer, Atran, etc.), y basándonos en éstos argumentamos que el ateísmo es cognitivamente superficial en comparación con el teísmo, a tal punto que se puede encontrar rastros inconscientes de Dios en los ateos (ver p. ej. Chávez 2010, Chávez 2012). Sin embargo, además sostenemos que ambos marcos de creencias, teísmo y ateísmo, son cognitivamente superficiales, en comparación con el pensamiento mágico, que caracterizamos como mentalización (y mentalismo), agencia (y agentividad e hiperagencia), animismo, y lo llamado sobrenatural. Aunque se trate de conceptos más o menos diferentes, están vinculados: p. ej. los espíritus de las religiones nativas, y los fantasmas de Occidente, son agentes intencionales sobrenaturales a los que se les atribuye apariencia y/o rasgos mentales humanos —con estas características, incluimos también a la Madre Naturaleza, la «consciencia cósmica», y ciertas creencias seculares transhumanistas (ver p. ej. Chávez 2020). Entonces, sostenemos que el vínculo, que llamamos algoritmos computacionales, son mecanismos mínimos, automáticos, involuntarios, más genética que culturalmente influenciados: reconocimiento facial, reconocimiento de mirada, y reconocimiento biológico, que se disparan ante caras, ojos, y cuerpos vivientes, pero también ante estímulos accidentales y aleatorios, como manchas, formas tenues, y enjambres de objetos (Chávez 2013). 

De acuerdo a este argumento, el reconocimiento facial (córtex fusiforme) por ejemplo, que es simplemente un reflejo perceptual ante dos o tres manchas en contraste visual, no es adquirido culturalmente (pero es susceptible de entrenamiento y ajuste cultural), y por sí solo puede consistir en ver caras en las nubes. La respuesta emocional, a través de la amígdala, es también instantánea. Consideramos esto ya un básico pensamiento mágico. Las inferencias cognitivas disparadas secundariamente (aunque a velocidades tales, de centésimas de segundos, que no podemos percibir la experiencia global como por etapas ni modular) abarcan regiones más amplias en el cerebro fuertemente dependientes de la socialización y el aprendizaje cultural (p. ej. memoria, decisión, lenguaje, aspectos entre los que el razonamiento analítico es el más lento). Esta fase o etapa inferencial se estructura con, y a su vez conforma, los contenidos explícitos de las creencias religiosas y/o su rechazo (p. ej. la cara percibida en una nube es el rostro de Jesucristo, o se descarta analíticamente como una formación accidental). Por lo tanto, creemos que los resultados de Maij et al. (2017) son compatibles y complementarios con este argumento, ya que enfocan las creencias religiosas elaboradas, explícitas y doctrinales, lo que incluye la propia negación de las mismas, el ateísmo. De hecho, en consonancia con Chávez (2012), Maij et al. (2017) concluyen que:
«(...) hay una gran importancia del aprendizaje cultural en forma de CRED, y que es poco probable que las variaciones en la mentalización discriminen a los creyentes de los no creyentes.»
Conclusiones similares hace el psicólogo evolucionista Paul Bloom cuando discute la naturalidad de la religión (como citado en Chávez 2009):
«nadie nace con la idea de que el lugar de nacimiento de la humanidad fue el Jardín del Edén, o que el alma entra al cuerpo en el momento de la concepción, o que los mártires serán recompensados con acceso sexual a decenas de vírgenes»
«¿Alguien criado sin exposición a puntos de vista religiosos llega a creer en la existencia de Dios[?] (...) la respuesta es no: los niños carecen de puntos de vista teístas espontáneos y el surgimiento de la religión depende de manera crucial de la cultura»
Finalmente, como una conclusión aclaratoria sobre los resultados empíricos de Maij et al. (2017), consistente con los hallazgos empíricos mencionados atrás, de residuos implícitos de Dios en la mente de ateos y las creencias prohibidas que mantienen los creyentes doctrinales, citamos a Boyer (2020):
«La influencia de las religiones organizadas en los modelos de religión da lugar a un comprensible enfoque en las creencias como componente crucial de la actividad religiosa. Sin embargo, las ambigüedades sobre la propia noción de creencia (Needham, 1972) crean una considerable confusión sobre lo que se está describiendo. La noción estándar, en el lenguaje ordinario, de descripciones explícitas que se consideran verdaderas, no cuadra con las descripciones de la mayoría de los antropólogos de “creencias” que nadie ha expresado nunca (Sperber, 1985b). Y lo que es más importante, es posible que las creencias sólo desempeñen un pequeño papel en la dinámica de las representaciones religiosas. Esto es cierto, en particular, por el fenómeno de la “corrección teológica” (Barrett, 1998; Barrett y Keil, 1996; Slone, 2004). Los estudios experimentales muestran una discrepancia entre las creencias explícitas de las personas sobre los agentes sobrehumanos, creencias que suelen estar influidas por las doctrinas religiosas, por un lado, y sus suposiciones y expectativas implícitas, por otro. Por ejemplo, los cristianos pueden afirmar que Dios es un agente cognitivamente sobrehumano, que puede atender todos los acontecimientos del mundo al mismo tiempo. Los experimentos de memoria, sin embargo, muestran que estas mismas personas esperan implícitamente que Dios atienda a una situación y luego a otra, de la manera serial que esperamos de los agentes humanos (Barrett, 1998; Barrett y Keil, 1996). El fenómeno está muy extendido, especialmente en las religiones organizadas en las que la doctrina oficial es muy poco intuitiva. Como señala Bloch, el conjunto de representaciones que apoyan las inferencias de las personas, “a menudo está bastante en desacuerdo con las creencias explícitas declaradas por las personas estudiadas” (Bloch, 2005, p. 98).

La corrección teológica es el hecho de que las personas no creen (sólo) lo que creen que creen, lo que muestra los límites del afianzamiento cognitivo. Incluso en una situación en la que las personas han adoptado realmente los principios de la doctrina oficial, sus representaciones mentales añaden toda una variedad de supuestos adicionales. Éstas, más que la doctrina explícita, son las que impulsan las expectativas de la gente sobre los espíritus o los dioses. Por lo tanto, sería un error utilizar las declaraciones doctrinales oficiales como una “ventana” a las representaciones reales de la gente sobre la agencia sobrehumana.»
Es decir, tanto si Boyer (2020) pone énfasis en mecanismos cognitivos resultantes de la selección natural, como si Maij et al. (2017) lo ponen en el aprendizaje cultural, ambos aspectos podrían conformar una dinámica biocultural del espectro mágico-religioso. Y, dependiendo del tipo de investigación y metodología en diferentes estudios, pueden obtenerse resultados que no evidencien la dimensión cognitiva si se enfoca el teísmo explícito y doctrinal (donde la mentalización/agencia tendría poca participación), o bien, otros estudios pueden poner en evidencia creencias, o intuiciones, ocultas tras la descreencia explícita (donde el aprendizaje cultural del ateísmo tendría poca relevancia). De hecho, Maij et al. (2017) aclaran en su discusión general que, desde un marco teórico evolucionista, la mentalización/agencia puede ser un factor distal (evolutivamente ancestral), mientras el aprendizaje cultural un factor proximal (evolutivamente reciente):
«Los factores proximales, como los CRED, responden a la pregunta de por qué la gente cree en agentes sobrenaturales hoy en día. Es obvio que la forma en que te educan tus padres es un fuerte determinante de la visión personal del mundo y de las creencias religiosas [12,52]. Los factores distales (por ejemplo, los sesgos cognitivos que se suelen discutir en la literatura de la ciencia cognitiva de la religión) podrían explicar cómo surgieron las creencias sobrenaturales. ¿Cómo es que en tantos lugares de la Tierra la gente empezó a creer en agentes sobrenaturales de forma independiente [87]? Las CRED pueden ayudar a responder cómo, una vez que un miembro de una tribu tenía creencias sobrenaturales, estas creencias fueron capaces de volverse “virales” (es decir, de propagarse rápidamente de un miembro de una tribu a otro). Sin embargo, los CRED no pueden responder a cómo este miembro concreto empezó a creer en agentes sobrenaturales por primera vez. En ese sentido, puede ser una comparación injusta comparar factores que son importantes para la creencia hoy en día con factores que hoy en día ya no son importantes pero que pueden haberse originado hace miles de años.»

Las creencias religiosas doctrinales resultan más de la imposición cultural que de la mentalización

Otro asunto importante es que, de acuerdo con Boyer (2020), y en vista de la centralidad del aprendizaje cultural en las creencias religiosas doctrinales en Maij et al. (2017), parte del proceso de enculturación de estas creencias es la imposición institucional de las mismas en las personas: no es que, en palabras de Boyer, los sistemas religiosos doctrinales sean la forma estándar de religión que «los humanos han creado espontáneamente a lo largo de la historia». Más bien, las creencias religiosas doctrinales, afirma Boyer:
«se extienden no sólo porque un número creciente de individuos adopta sus prácticas y conceptos, sino también, y en muchos casos principalmente, porque las élites políticas imponen esas prácticas a la población
Los dioses orientales que persistieron frente a los tradicionales en Roma, la imposición del monoteísmo de Atón en Egipto, y el chamanismo que tiene amplia clientela hoy en las sociedades institucionalmente cristianas, entre otros ejemplos que muestra Boyer, ilustran lo que probablemente sean creencias ancestrales (anteriores a las grandes religiones doctrinales) que sobreviven culturalmente debido a su fuerte arraigo cognitivo, y no por un carácter doctrinal ni organizacional, del que carecen. Para decirlo en forma sencilla: estas creencias tienen un fuerte arraigo cognitivo porque están muy próximas, cognitivamente hablando, a aquellos mecanismos de mentalización/agencia de los que hablábamos antes, en lugar de ser emulaciones colectivas fijadas en libros sagrados o mediante dictados de creencia más o menos obligatoria, bajo fuerte observación moral.

Menos mentalización no hace a los hombres menos religiosos, sino más igualdad de género

Como último comentario, ya que la mentalización/agencia no es relevante en las creencias religiosas doctrinales, consecuentemente Maij et al. (2017) encontraron que el género (en realidad, el sexo) tampoco lo es. Esto pone en entredicho la presunción de que la mentalización, y la empatía como rasgo asociado, es más fuerte en las mujeres que en los hombres, y que esta sería una razón por la que más mujeres son religiosas, mientras que más hombres son ateos (por un relativamente pobre desempeño en mentalización y empatía según estudios). El asunto de la empatía cuenta con evidencia confusa a favor de ser un rasgo naturalmente (innato, no producto de la socialización) más fuerte en las mujeres (ver p. ej. Chávez 2021). Así, atendiendo a la evidencia de que la mayor empatía femenina es más dependiente de la socialización diferenciada por razón de sexo, a muy temprana edad, esto, de hecho, forma una mayor predisposición empática en las mujeres, aunque no influida evolutivamente. Entonces, sigue la cuestión en pie, ¿por qué hay menos hombres que mujeres en la religión?

De acuerdo con un estudio de Moon et al. publicado por la Proceedings of the Royal Society B, este año 2022 (ver artículo completo PDF), la mayor igualdad de género es la mayor razón de la irreligiosidad masculina:
«Nuestra hipótesis parte de una perspectiva de elección racional de la religión [9], que sugiere que la participación en conductas y creencias religiosas podría derivarse en parte de los beneficios reproductivos que la gente obtiene de ellas [9,16,18]. Dado que las religiones suelen implicar un comportamiento costoso [69,70], cabe esperar que la participación religiosa sea más probable cuando los beneficios superen los costes. Si, efectivamente, una de las funciones de la religión es el apoyo reproductivo, que suele favorecer a los hombres en detrimento de las mujeres, y si la manipulación de las mujeres de este modo (por ejemplo, mediante normas de modestia o la proscripción de la promiscuidad sexual) es menos aceptada en las sociedades más igualitarias desde el punto de vista del género, los costes pueden ser mayores que los beneficios para los hombres en estas sociedades, lo que se traduce en una menor religiosidad entre los hombres
Es decir, en una sociedad igualitaria los hombres serían menos religiosos debido a que las mujeres son más liberales sexualmente, y están menos interesadas en tener hijos, algo que aparentemente no atrae a los hombres: ellos prefieren mujeres más comprometidas con el hogar y la crianza (y menos interesadas en buscar sexo), mientras que las mujeres preferirían hombres que den señales de compromiso y paternidad. A los hombres les atraería pues una mujer religiosa, y ellos encontrarían atractivos los contextos religiosos donde las puedan encontrar, y usar la religiosidad para dar señales de compromiso paternal, como pasa en sociedades con más desigualdad y religiosidad. Sin embargo, esta preferencia masculina por mujeres criadoras de hijos, de la que los autores reiteran que no pueden revelar el mecanismo causal subyacente, «pueden ser adquiridas a través de los roles de género universales transculturales o debido a las diferencias biológicas y evolutivas entre los géneros» (de acuerdo con el estudio internacional de Falk & Hermle 2018, referido por Moon et al. 2022). En realidad, esta causalidad dual, como señalan Moon et al. (2022, p. 2), ocurre también con otros aspectos masculinos inversamente relacionados con la mayor igualdad de género, que se conoce como la «paradoja de la igualdad de género»: p. ej. hombres menos morales en sociedades más igualitarias. 

Ocurre que esta aparente «paradoja» es aprovechada por los teóricos evolucionistas para enfatizar que, aunque una sociedad logre políticas más igualitarias, las desigualdades conductuales entre sexos se mantendrán, o incluso se acentuarán, debido a que éstas provienen de la evolución biológica, y no del aprendizaje cultural, por lo que los cambios culturales no les afectan. Sin embargo, la «paradoja» se diluye al hacer escrutinios sociales más minuciosos, y/o más críticos, que muestran que las sociedades con políticas igualitarias siguen manteniendo una desigualdad implícita en detrimento de las mujeres —ver p. ej. Wood & Eagly 2012: «las diferencias entre los sexos se mantienen porque ninguna nación ha alcanzado la igualdad entre los sexos, como demuestran índices como los salarios, el poder y el liderazgo, la ocupación de roles ocupacionales de alto estatus y la división del trabajo doméstico». Las creencias religiosas doctrinales no escapan a este dominio masculino, sino que, de hecho, son parte fundamental de él: las grandes religiones doctrinales son coercitivas y moralistas (p. ej. el monoteísmo abrahámico y el hinduismo), y proceden, históricamente, del surgimiento de la revolución agrícola, las ciudades-estado expansivas, y la guerra sistemática. Hay fuerte evidencia de que las creencias en el castigo moralizante de origen divino, «generalmente siguen, en lugar de preceder, el aumento de la complejidad social» (Whitehouse et al. 2021). Este es pues el contexto en el que también se identifica la emergencia de la desigualdad de género y el patriarcado (ver Chávez 2021 págs. 26-30).

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https://doi.org/10.1017/S0140525X08004214 PMID: 18578904
83. Badcock C. Mentalism and mechanism: the twin modes of human cognition. Evolutionary psychology, public policy and personal decisions. 2004: 99–116.
84. Baron-Cohen S. Mindblindness: An essay on autism and theory of mind: MIT press; 1997.
85. Coleman III TJ. The social brain in human and religious evolution: Elucidating the role of theory of mind in (non) religious belief. 2016.
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87. Bulbulia J. The cognitive and evolutionary psychology of religion. Biology and philosophy. 2004; 19: 655–686.

ARTÍCULO COMPLETO INSERTADO 
📑 Maij, D. L., van Harreveld, F., Gervais, W., Schrag, Y., Mohr, C., & van Elk, M. (2017). Mentalizing skills do not differentiate believers from non-believers, but credibility enhancing displays do. PloS one, 12(8), e0182764.
https://journals.plos.org/plosone/article/file?id=10.1371/journal.pone.0182764&type=printable


BIBLIOGRAFÍA (por orden de citación):

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📑 Chávez A. (2012). La descreencia en Dios es analítica ¿o no? Humanismo Naturalista Científico. 29.04.2012.
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📑 Chávez A. (2020). Creacionismo y teísmo brotando de la ciencia y el ateísmo. Humanismo Naturalista Científico. 08.08.2020.
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📑 Chávez A. (2021). Feminismo y evolucionismo: aliados, no enemigos. Humanismo Naturalista Científico. 04.04.2021.
https://humanismonaturalistacientifico.blogspot.com/2021/04/feminismo-y-evolucionismo-aliados-no.html
[Vista PDF]
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[Vista PDF]
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📑 Whitehouse, H., François, P., Savage, P. E., Hoyer, D., Feeney, K. C., Cioni, E., ... & Turchin, P. (2021). Big Gods did not drive the rise of big societies throughout world history.

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24 octubre, 2020

LA PANDEMIA EXPONE LA NATURALEZA HUMANA: 10 PERSPECTIVAS EVOLUCIONISTAS (ANÁLISIS)

THE PANDEMIC EXPOSES HUMAN NATURE: 10 EVOLUTIONARY INSIGHTS
(LA PANDEMIA EXPONE LA NATURALEZA HUMANA: 10 PERSPECTIVAS EVOLUCIONISTAS)
Benjamin M. Seitz, Athena Aktipis, David M. Buss, Joe Alcock, Paul Bloom, Michele Gelfand, Sam Harris, Debra Lieberman, Barbara N. Horowitz, Steven Pinker, David Sloan Wilson, Martie G. Haselton
Proceedings of the National Academy of Sciences Oct 2020, 202009787
DOI: 10.1073/pnas.2009787117

(Ver artículo insertado al final.)
Por: Antonio Chávez

Un artículo sin precedentes y que hacía falta, va «desde la neurona hasta la nación» a través de «10 ideas ofrecidas por una amplia gama de pensadores evolutivos, con experiencia que va desde la medicina evolutiva hasta la evolución cultural a gran escala», para comprender «las presiones evolutivas sobre el virus, nuestra respuesta humana a la pandemia y cómo un enfoque evolutivo puede ayudarnos a enfrentar el covid-19». Esto se suma a la muy reciente publicación en Scientific American sobre la centralidad de la conducta humana en el covid-19, y otras publicaciones similares en Nature y Science, las más importantes revistas en ciencia, llamando la atención sobre la importancia y la necesidad de la psicología en este contexto. Como el artículo señala, «además de las ideas que pueden producir una acción inmediata, la pandemia nos ha brindado oportunidades únicas para presenciar la naturaleza humana a medida que se desarrolla, desde cambios en los patrones de reproducción, normas sociales cambiantes y curiosidades cognitivas que pueden distorsionar nuestro reconocimiento de la amenaza». Y hay que subrayar esto: «este artículo es un llamado a la acción en la ciencia». Tal como pasó con el manifiesto de Scientific American este mes, al pronunciarse contra Donal Trump, la ciencia puede y debe hacer ejercicio de la conciencia social.

No obstante la amplitud de este artículo abarcando ciencias físicas, ciencias sociales, y ciencias biológicas, y siendo admirable su inclusión de asuntos tan dejados de lado en esta pandemia como la conducta sexual, la desigualdad de género, y la falta de empatía, hay cierta falta de profundidad en estos puntos, que no logran conectarse, por lo menos correlacionalmente. La ausencia de investigación científica fiable en estos temas se hace evidente, y más aun en relación al covid-19, lo cual no es necesariamente un defecto en el trabajo de los diversos autores aquí, sino que es una carencia general e histórica de ciencia sobre la conducta humana. Los protocolos psicológicos para pandemias no existen en ninguna forma remotamente comparable a la vacunación, ni a los avances en biología y medicina sobre cómo atacar una infección. El covid-19 no es una pandemia nueva ni es la más grande, y aunque la vacuna demore, no significa que los científicos no sepan qué hacer. De hecho las pandemias tratadas médicamente han coincidido con la revolución científica del siglo XX, pero en esta escalada del conocimiento moderno la psicología ha estado marginada. Este profundo desfase, de saber más de la Luna que de la mente, tiene que acabar de una vez por todas, simplemente porque el covid-19 y virus similares dependen de qué tan sociable sea el huésped, así que es intrínsecamente necesario saber tanto de la biología del virus, como de la psicología del huésped. 

«No hemos evolucionado para buscar la verdad». «Nuestra especie no está programada para buscar una comprensión precisa del mundo tal como es». Téngase muy en cuenta esto ante todo (asunto que hemos tratado ampliamente en muchos artículos en este espacio). Ya que, por enésima vez, los científicos no nos dicen que la burla sea un método para que la gente abandone su desinformación en la pandemia. Sino que hace lo contrario: «es más probable que atrinchere aún más a las personas en sus puntos de vista mal informados». Léanlo muy bien los ateos y ‘escépticos’ que se han vuelto malos comunicadores de cultura y ciencia en esta pandemia: lo dice Sam Harris, al que tanto citan. 

La maquinaria científica está poniendo los ojos en las personas, el cerebro, la conducta, y la cultura. Y así las cosas, como he mostrado antes, no vamos a solucionar la pandemia volando al espacio, mucho menos fantaseando con cyborgs, inmortalidades cuánticas, ni otras oportunidades de negocio para Elon Musk. La enfrentamos aquí y ahora. Puestos en el asunto, quiero profundizar en un par de asuntos del artículo en cuestión: una perspectiva en Psicología Evolucionista que no excluya ni evada la Psicología del Desarrollo, y un científicamente probable vínculo entre la reproducción sexual, la desigualdad de género y la empatía en juego.

De los efectos neurológicos a los efectos psicológicos y culturales del covid-19. (Imagen de Johns Hopkins.)
 

1. LA PSICOLOGÍA EVOLUCIONISTA NO PUEDE EXCLUIR LA PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO

En «Perspectiva 5: Las normas de género están retrocediendo y la desigualdad de género está aumentando», con todo y su limpia demostración del problema que resume el título, la explicación resulta inesperadamente poco profunda porque enfoca tal desigualdad bajo los principios reproductivos evolutivos, pero no atiende a los aprendizajes durante el desarrollo de las personas, menospreciando el papel de «los estereotipos de género obsoletos y la falta de empoderamiento de las mujeres», sin proporcionar ninguna prueba de porqué no atender, por ejemplo, la evidencia empírica de que las niñas y los niños en efecto son expuestos a estereotipos de dominación masculina, y desaliento de presencia femenina en diversas profesiones (Sigala & Murphy 2018; Miller et al. 2018; Solbes 2020). «El razonamiento evolutivo predice que las mujeres dejarán el lugar de trabajo o sacrificarán su productividad más que los hombres», y que es exactamente lo que está ocurriendo en esta pandemia, pero no excluye en absoluto el aprendizaje de estereotipos machistas en las niñas, antes que sean adultas y madres. Así pues, tiene resultados positivos la educación de niños bajo el enfoque de género contra la violencia (Lei et al. 2014), y la prevención de la violencia de pareja (Garzón & Calcedo 2020), lo que evidencia una interacción entre propensiones evolutivas (supongamos aquí que los niños sean innatamente más violentos que las niñas) y aprendizaje cultural, donde éste, por lo visto es más decisivo que los genes. 

Llama la atención que en la «Perspectiva 8: Combatir la pandemia requiere su propio proceso evolutivo», el mismo articulo nos proponga con mucho acierto, «la teoría de la herencia dual para hacer que la evolución cultural tenga lugar más rápido y a mayor escala que nunca, incluso tan rápido que pueda seguir el ritmo de la evolución genética del virus». La teoría de la herencia dual, precisamente, «postula tanto una corriente genética como una corriente cultural de herencia que han estado coevolucionando entre sí durante el tiempo que somos una especie». De hecho, otro investigador fuera de este artículo, nos dice que «la investigación en genética y evo-devo* ha demostrado que la conexión entre el gen y el fenotipo es mucho más débil de lo que normalmente se pensaba entre los animales no humanos. Esto es aún más cierto en los humanos para quienes los procesos ontogenéticos y culturales juegan un papel importante en la creación y configuración de la psicología. Por lo tanto, ninguna explicación evolutiva del comportamiento humano está completa sin recurrir a la cultura y la ontogenia, que juntas explican una gran parte de la variación del comportamiento humano.» (Mackiel 2020).

(*) evo-devo, del inglés evolutionary developmental biology, en español biología evolutiva del desarrollo.

Agrego, por tanto, que el enfoque feminista aquí, y las luchas feministas que se enmarcan en él, incluso si es un enfoque construccionista extremo (o sea que la biología y la evolución tienen nada que ver con los estereotipos de inferioridad femenina, y que estos surgen ‘solamente’ del aprendizaje cultural), en realidad resulta complementario tras un análisis meticuloso y profundo de los principios evolutivos y la exposición cultural, como un todo indisociable para la formación de las conductas que vemos en los adultos. Con todo, la recomendación del artículo es reducir «los estereotipos de género tradicionales». La desigualdad de género ha sido exacerbada por la cuarentena, y es algo que empeora la situación: aumento del conservadurismo, del rechazo al aborto y de prejuicios discriminatorios sobre las mujeres, tal como señala la investigación. Nada de esto tiene ninguna justificación biológica ni cultural. Esto va para aquellos que suelen decir que el feminismo no tiene base científica, o que a conciencia han guardado silencio respecto a la desigualdad de género todo este tiempo, a pesar de autopromocionarse ‘divulgadores científicos’. El asunto como vemos, no solo es legítimamente científico, sino que además, el fenómeno sociocultural del feminismo queda muy bien enmarcado en la teoría de la herencia dual.
 
2. LA CONDUCTA SEXUAL, LA DESIGUALDAD DE GÉNERO, Y EL DILEMA DE LA EMPATÍA BAJO EL COVID-19

Aquí también ha faltado un mayor atrevimiento argumentativo. En «Perspectiva 4: El panorama del apareamiento está cambiando y habrá consecuencias económicas de una disminución en las tasas de natalidad», los principios psicológicos evolutivos ‘antivirus’ de asco y disgusto que alteran negativamente los contactos sexuales, para evitar los contagios, y por tanto bajan la tasa de natalidad, están muy bien mostrados. Luego, en «Perspectiva 5: Las normas de género están retrocediendo y la desigualdad de género está aumentando», se señala que «en ciudades y países con mayor desigualdad económica, las mujeres se auto-sexualizan más en las publicaciones de las redes sociales», y con los hombres, «la desigualdad económica (…) se asocia con mayores tasas de homicidio entre hombres, que parece estar impulsada por las preocupaciones de los hombres por el estatus social». El articulo, de hecho, vincula el levantamiento de la desigualdad de género, el conservadurismo perjudicial para las mujeres, y la resultante paradoja de una mayor competencia sexual debido a la cuarentena y el aislamiento, con la alteración de la conducta sexual, pero no explora más esta conexión evidente. 

Mientras tanto, en «Perspectiva 6: No se garantiza un aumento de la empatía y la compasión», se nos dice que «no hay evidencia de ningún aumento general de bondad, empatía y compasión en este momento en relación con los tiempos no pandémicos». Pues bien, creo que un punto interesante es que hay investigación sugerente, pero no explorada en este artículo, entre la depresión de la reproductividad, la competencia sexual, la desigualdad de género, la violencia masculina, y la ambigüedad empática. Esto es, la violencia sexual masculina en el covid-19, y más históricamente en el contexto de los desastres. Para empezar, los informes alrededor del mundo indican, o bien un aumento de las agresiones sexuales respecto al año pasado, o bien respecto al descenso de la delincuencia común, con una estimación de un vasto número de casos no denunciados (UN Women, octubre 2020; ver también al final un anexo de recopilación internacional de reportes hecha en junio 2020). La situación de violación y embarazo de niñas en Latinoamérica es, de hecho, crítica. También se disparó el abuso sexual infantil online (Attanasio 2020).

Luego, hay evidencia de que la violencia sexual contra mujeres y niñas aumenta en los desastres (Rezaeian 2013; Larson 2019). Por ejemplo, «el cambio climático es reconocido como un serio agravante de la violencia de género» (UN News 2019). En este problema se ha notado un número de condiciones que concurren: vulnerabilidad de ciertos sectores sociales, refugio y/o aislamiento, estrés, caos, falta de recursos (Sullivan 2017). Mientras posibles explicaciones evolucionistas de esto serían la competencia sexual entre hombres por mujeres, o a la falta de recursos alimenticios como desestabilizador emocional que conduce a la violencia masculina, por otro lado, «la igualdad de género puede aumentar la violación en forma de reacción masculina» (Martin et al. 2006). Es notable que la violación de mujeres aumente durante el aislamiento y el retroceso que implica en la igualdad de género, en el contexto más amplio del endurecimiento del feminismo por la igualdad de género, tal como si fuese un escarmiento sexual (algo muy en consonancia con la visión construccionista social de que la violación sexual es un asunto de ejercicio de poder y dominio del hombre sobre la mujer). 

Es decir, la pandemia es un escenario con varios ‘disparadores’ simultáneos de la depredación sexual y la violencia masculina. Y una vez más, la explicación parece ser dual, biocultural y no únicamente biológica. Por ejemplo, el desempleo, el rompimiento del papel de ‘proveedor’, todo esto sumado a los fuertes estereotipos de dominación masculina en sociedades ya desiguales, cuya desigualdad empeora bajo el covid-19, hará que los hombres perciban su ‘identidad masculina’ amenazada, lo que conduce a la violencia hacia la pareja, y su aumento en la presente pandemia (Stanley 2020). La hostilidad masculina, sobre todo la sexual, ‘liberada’ por diferentes efectos de la pandemia, podría verse como un ‘dispositivo psicopático’ o una inhibición empática, para ajustar la cognición y la conducta hacia la consumación de la violación. De hecho, es un argumento evolucionista que los hombres tengan menos empatía que las mujeres (Wakabayashi et al. 2006), siendo algo relativo (Christov-Moore et al. 2014). Esto a su vez, podría ser parte instrumental de una contraestrategia evolutiva frente a la disminución del emparejamiento y la natalidad, cual es lo que ocurre con el covid-19. 

Sin embargo, los estereotipos masculinos explícitos de ‘frío y calculador’ y ‘conquistador sexual’, o femeninos de ‘tierna y comprensiva’ y ‘dócil‘, son adquiridos. Por ejemplo, un estudio de empatía y juicio moral encontró algunas diferencias minúsculas de sexo en un total de 10.802 personas, mientras que en un subgrupo de 334 personas las mujeres se retrataron a sí mismas como más empáticas, mostrando que los autoinformes pueden inducir sesgos que lleven a las personas a asumir estereotipos de roles de género (Baez et al. 2017). Mientras que un estudio de la empatía en 1700 gemelos, «las diferencias de género no alcanzaron significación estadística», aunque las mujeres tuvieron mayores causales de herencia genética y experiencial que los hombres (Toccaceli et al. 2018). Otra vez, evo-devo. Recordemos, además, el aumento de los estereotipos machistas, el conservadurismo y los prejuicios sexuales sobre las mujeres. Todo lo que, en suma, previamente en psicología ya se conoce que contribuye a la aceptación de los mitos de la violación, el respaldo a la cultura de la violación, y a la culpación de la víctima, conductas todas en la que más se involucran los hombres (para una amplia revisión ver Gravelin et al. 2019; ver también Feldman 2018, sobre el sesgo innato de «el mundo justo» –«a las personas buenas les pasan cosas buenas y a las personas malas les pasan cosas malas», tras la culpación de la víctima, y su relación inversa con la empatía).

Espero haber contribuido a ampliar el tan buen articulo de PNAS.


ANEXO INFORMES DE VIOLACIÓN EN EL MUNDO: 

"Aumentan violaciones contra menores durante confinamiento: Semáforo Delictivo" (México).
"Se agudiza violencia intrafamiliar en Guatemala por cuarentena" (Guatemala).
"El Gobierno creará un chat instantáneo para proteger a las víctimas de violencia de género durante el confinamiento" (España).
"Aumentan las denuncias por violencia de género durante el confinamiento" (España).
"In locked down India, women fight coronavirus and domestic violence" (India).
"Coronavirus: Fears of domestic violence, child abuse rise" (Alemania).
"Crime in UK falls sharply since start of coronavirus lockdown" (Reino Unido). "Police report big drops in burglary, rape and assault but 3% rise in domestic violence"
"Domestic abuse cases soar in Lebanon amid coronavirus lockdown" (Líbano).
"Domestic violence victims, stuck at home, are at risk during coronavirus pandemic" (Estados Unidos).


Bibliografía:

📑 Sigala & Murphy. WOMEN SCIENTISTS IN PSYCHOLOGY: GENDER BIAS AND CHANGE. www.hoddereducation.co.uk/psychologyreview 2018. 
📑 Miller et al. THE DEVELOPMENT OF CHILDREN'S GENDER‐SCIENCE STEREOTYPES: A META‐ANALYSIS OF 5 DECADES OF U.S. DRAW‐A‐SCIENTIST STUDIES. Child Development / Volume 89, Issue 6. 2018.
📑 Solbes. LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS INTERIORIZAN LOS ROLES DE GÉNERO DESDE LOS 4 AÑOS. The Conversation, June 21, 2020.
📑 Lei et al. GENDER EQUALITY AND VIOLENT BEHAVIOR: HOW NEIGHBORHOOD GENDER EQUALITY INFLUENCES THE GENDER GAP IN VIOLENCE. Violence Vict. 2014;29(1):89‐108. doi:10.1891/0886-6708.vv-d-12-00102
📑 Garzón & Calcedo. EFFECTIVENESS OF A PREVENTION PROGRAM FOR GENDER-BASED INTIMATE PARTNER VIOLENCE AT A COLOMBIAN PRIMARY SCHOOL. Front. Psychol., 21 January 2020.
📑 Mackiel. WHY CULTURE AND ONTOGENY MATTER IN HUMAN PSYCHOLOGY. Dual Inheritance 2020-08-22.
📑 UN Women. UN Trust Fund assesses COVID-19 impact on violence against women and front line organizations. Monday, October 5, 2020.
📑 Attanasio. CORONAVIRUS: EL DRAMÁTICO INCREMENTO DEL CONSUMO DE PORNOGRAFÍA INFANTIL EN EL CONFINAMIENTO POR EL COVID-19. BBC News Mundo, 25 abril 2020.
📑 Rezaeian. THE ASSOCIATION BETWEEN NATURAL DISASTERS AND VIOLENCE: A SYSTEMATIC REVIEW OF THE LITERATURE AND A CALL FOR MORE EPIDEMIOLOGICAL STUDIES. Journal of Research in Medical Sciences 2013 Dec; 18(12): 1103–1107.
📑 Larson. DISASTERS AND RAPE. The Encyclopedia of Women and Crime, 2019. Wiley Online Library.
📑 UN News. CLIMATE CHANGE INCREASES THE RISK OF VIOLENCE AGAINST WOMEN. Nov 25, 2019.
📑 Sullivan. Five Reasons Sexual Violence Increases in Disasters. National Sexual Violence Resource Center, September 19, 2017.
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📑 Stanley. WHY THE INCREASE IN DOMESTIC VIOLENCE DURING COVID-19? COVID-19 HAS TRIGGERED COMMON FACTORS ASSOCIATED WITH DOMESTIC VIOLENCE. Psychology Today. May 09, 2020.
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📑 Toccaceli, V., Fagnani, C., Eisenberg, N., Alessandri, G., Vitale, A., & Stazi, M. (2018). ADULT EMPATHY: POSSIBLE GENDER DIFFERENCES IN GENE-ENVIRONMENT ARCHITECTURE FOR COGNITIVE AND EMOTIONAL COMPONENTS IN A LARGE ITALIAN TWIN SAMPLE. Twin Research and Human Genetics, 21(3), 214-226.
📑 Gravelin, Claire R et al. BLAMING THE VICTIM OF ACQUAINTANCE RAPE: INDIVIDUAL, SITUATIONAL, AND SOCIOCULTURAL FACTORS. Frontiers in psychology vol. 9 2422. 21 Jan. 2019.
📑 Feldman. Why Do People Blame the Victim? The tendency to blame the victim may be programmed in the mind at a deep level. Psychology Today. Mar 02, 2018.


The pandemic exposes human nature: 10 evolutionary insights (Seitz el al. 2020).

ÍNDICE TEMÁTICO

FUNDAMENTOS
¿Qué pensamos? ¿Qué buscamos?

LO HUMANO
La unidad cerebro-sociedad-cultura

UN ROMPECABEZAS: ANALIZANDO LA RELIGIÓN Y EL ATEÍSMO
Diversas disciplinas confluyen para ello
Generalidades
Modelos explicativos clásicos
Neurociencia