18 diciembre, 2009

El NEUROCIRCUITO DE LA RECOMPENSA: CONSECUENCIAS PARA LAS CIENCIAS COGNITIVAS DE LA RELIGIÓN

Por: Luis González Pope
hnc.correo@gmail.com

Harris et al., en un estudio resumido en este blog, concluyó que tanto las creencias religiosas como las no religiosas, es decir cualquier juicio valorizado como “verdadero”, estimulan áreas del sistema de recompensa. En particular enfatiza el papel de la corteza prefrontal ventro medial (vmPFC) para cualquier afirmación que sea calificada como cierta. Las creencias religiosas, y seguramente otras creencias con resonancia emocional equiparable, son cogniciones que parecen reclutar en los estudios por imagenología un mayor número de zonas del sistema de recompensa. Sin embargo, las imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional (fMRI) pueden llevarnos a conclusiones equívocas, especialmente si no se cuenta con otras fuentes de información que auxilien al momento de integrar lo que pudiéramos llamar un mapa neurocartográfico (la conectómica ).

En una revisión del Colegio Americano de Neuropsicofarmacología publicada recientemente en el Journal de Neuropsychopharmacology se detalla el estado actual de conocimiento de dicho sistema de recompensa, tomando como referencias los datos obtenidos por imagenología, la información proporcionada por neuroanatomía comparada en primates, avances en neuroquímica y neurofarmacología. El neuroesquema (fig 1) es muy ilustrativo de la complejidad del sistema de recompensa. Para propósitos de claridad se mantendrán las abreviaturas originales en idioma inglés. Si bien se han popularizado algunas cuantas estructuras neurales como constituyentes del sistema de la recompensa, núcleo accumbens (NAcc), estríado ventral (VS), áreas orbitofrontales (OFC) y prefrontales ventro mediales (vmPFC), y desde el punto de vista neuroquímico el neurotransmisor dopamina, en realidad se trata de un complejo sistema que recluta múltiples componentes a distintos niveles: corticales, subcorticales y mesencefálicos, y que claramente no puede ser reducido a un solo neurotransmisor.

FIGURA 1


Todo lo anterior es de interés para las Ciencias Cognitivas de la Religión puesto que muchas de las áreas que se han correlacionado con componentes de la experiencia religiosa, y que son conductualmente heterogéneos (rituales, creencias, experiencia mística, agencia sobrenatural), son a la vez componentes del sistema de la recompensa. Se incluyen aquí estructuras, como el hipocampo (que Harris et. al lo asocia exclusivamente al componente semántico de las creencias) o la corteza prefrontal dorsal, que se asocian usualmente a otras funcionalidades. De hecho, parecen pocas las regiones cerebrales que se describen en los estudios de investigación relativos a la experiencia religiosa que no son parte primaria o secundaria (regulatoria) del sistema de la recompensa. Podemos quizás excluir las ricas áreas de asociación de los lóbulos parietales (LP), que como hemos visto en otros temas se han vinculado a la percepción de la intencionalidad y de la agencia (natural o sobrenatural), regiones contiguas que se traslapan con ella (Surco Temporal Superior) y que nos permiten diferenciar de manera aparentemente innata los movimientos biológicos de los mecánicos. Se cuentan también aquí las regiones más anteriores de los lóbulos frontales (frontopolares/área 10 Brodmann) y áreas prefrontales dorsolaterales (la memoria “RAM” del cerebro).

La religión puede ser entonces conceptualizada como un conjunto de operaciones cognitivas (capacidad ToM/Teoría de la Mente, intencionalidad, agencia externa) y cogniciones (creencias/ aprendizajes) que facilitan la activación del sistema de la recompensa, y que tiene la ventaja sobre otros estímulos que tienen igualmente la cualidad de reforzar positivamente la conducta, de ser rápidamente accesibles como recurso “mental” homeostático.

En la figura 1 se aprecia cómo las áreas corticales confluyen en los ganglios basales: el VS y el NAcc (figura central a varios colores), y el globo pálido ventral (VP). Igualmente áreas productoras de dopamina del mesencéfalo envían afluentes dopaminérgicas masivas a estos mismos ganglios basales. Lo que en este esquema llama la atención es la gran variedad de regiones corticales que están vinculadas directa o indirectamente (función regulatoria) a este sistema y que en su mayor parte son áreas pertenecientes a los lóbulos frontales (figura 2): área del cíngulo anterior, corteza orbitofrontal, corteza prefrontal ventro medial, corteza prefrontal dorsal, y algunas a los lóbulos temporales(hipocampo/amígdala).

FIGURA 2


El defecto de los resultados que se obtienen sólo a través de la imagenología (ej. fMRI) reside en el hecho que dan la falsa impresión de que disponemos de regiones corticales o cerebrales específicas a cada funcionalidad, ilustradas en llamativos colores. Se desprende de esta revisión que el sistema de recompensa está mucho más interconectado a lo largo del sistema nervioso central de lo que se creía. Es por lo tanto riesgoso y posiblemente prematuro asignar regiones corticales concretas a cualquiera de los elementos de la conducta religiosa hasta ahora estudiados. Las funcionalidades se traslapan confusamente, y aún más si se observan solamente bajo el ángulo de las activaciones corticales. Por ejemplo, vemos que en la investigación de Harris et al. se estudian las activaciones corticales de las creencias religiosas y las no religiosas, y ahora parecen activarse áreas que aparentemente tienen que ver con la regulación de componentes emocionales (ej. recompensa, valencias emocionales), y en otros casos con correlatos de procesamientos semánticos (hipocampo/parahipocampo). Si nos valemos del neuromapa sugerido en esta revisión de Neuropsychopharmacology resulta que todos los componentes corticales que menciona Harris de alguna forma u otra intervienen a la vez en el sistema de la recompensa. La virtud de revisiones como la presentada en Neuropsychopharmacology es que apuntan a la necesidad de disponer de un mapa conectómico, puesto que es evidente que no existe ningún neurocircuito responsable de funcionalidades conductuales o mentales que se integre exclusivamente sobre la superficie de la corteza cerebral. En la revisión se describe, por ejemplo, como el cuerpo estríado integra funciones corticales de variada procedencia: el cuerpo estríado ventral integra los componentes corticales del sistema de la recompensa que ya se han descrito, el estríado dorsolateral las funciones corticales sensoriales y motrices, mientras que estríado central recibe afluentes de las áreas de asociación corticales.


Bibliografía:
  • Harris S, Sheth SA, Cohen MS (2008) Functional neuroimaging of belief,disbelief, and uncertainty. Ann Neurol 63: 141–147. ACCESO COMPLETO
  • Harris S, Kaplan JT, Curiel A, Bookheimer SY, Iacoboni M, et al. 2009 The Neural Correlates of Religious and Nonreligious Belief. PLoS ONE 4(10). ACCESO COMPLETO
  • Suzanne N Haber and Brian Knutson, (2009) The Reward Circuit: Linking Primate Anatomy and Human Imaging, Neuropsychopharmacology 2010 35: 4-26 ACCESO COMPLETO
  • Susan R Sesack and Anthony A Grace, (2009) Cortico-Basal Ganglia Reward Network: Microcircuitry, Neuropsychopharmacology 2010 35: 27-47 ACCESO RESUMEN

ÍNDICE TEMÁTICO

FUNDAMENTOS
¿Qué pensamos? ¿Qué buscamos?

LO HUMANO
La unidad cerebro-sociedad-cultura

EL ROMPECABEZAS: EXPLICANDO LA RELIGIÓN
Diversas disciplinas confluyen para estudiar y explicar la religión
Generalidades
Modelos explicativos clásicos
Neurociencia
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