13 diciembre, 2020

EL FIASCO DEL HUMANISMO SECULAR PERUANO

Por: Antonio Chávez

RESUMEN 

En este artículo se hace un análisis crítico de la comunidad representada por la Sociedad Secular Humanista del Perú, en base a sus divulgaciones y opiniones públicas sobre asuntos de justicia social vinculada al movimiento LGBT y el feminismo. Se identifican paradojas y notables incoherencias respecto a los principios ilustrados (ya de por sí paradójicos como se mostrará) y humanistas que, en teoría, esta comunidad promueve, debido a una postura ideológica más bien propia del conservadurismo. Como resultado, al promover la Sociedad Secular Humanista del Perú un neoliberalismo tecnológico, se pone de espaldas a la convulsionada realidad social peruana. Necesitamos un Perú honesta y profundamente humanista, bajo un marco sociopsicológico y no meramente tecnoeconómico y sectario. 

INTRODUCCIÓN

El humanismo secular es una noble aspiración de la civilización, en su camino a la convivencia pacifica entre tantos grupos humanos diversos. Podría decirse que el humanismo implica un gran cambio hacia la cultura empática (o en todo caso, debería serlo para este complicado andar), sin que la moral ni la ética estén sujetas a los designios divinos, sino fundadas en la ‘naturaleza humana’. Y ésta se basa en el conocimiento científico en lugar de la revelación religiosa. Entre tanto, por inherentes diferencias en el mundo (que incluyen las desigualdades económicas, de género, educativas, y religiosas), el humanismo no tiene el mismo alcance ni difusión en Inglaterra, Uganda o Perú, solo por mencionar tres países. Basándose en que todos los seres humanos son iguales como concepto nacido en la Ilustración a fines del siglo XVIII en Francia, más allá de culturas, religiones y sexos, un ideal aquí es que el humanismo debería ser adoptado por todas y todos en todos lados. Sin embargo este ideal enfrenta importantes problemas objetivos y factuales: si bien la suposición de la igualdad humana se basa en sólidos argumentos científicos, no menos sólida científicamente es la diversidad sociopsicológica, que hoy sabemos nos refiere al espectro genes-cerebro-hormonas-socialización-cultura; además, el conocimiento científico que define la naturaleza humana ha cambiado sustancialmente, y los aportes más profundos para definirla son muy posteriores (especialmente en cuanto a las ciencias sociales y las ciencias de la mente y la salud) al contexto intelectual que gestó la Ilustración y la Modernidad en el siglo XVIII, bajo la visión físico-matemático-mecanicista (cartesiana y newtoniana) del ser humano, y el individuo racional-egoísta de Adam Smith. 

A su vez, en el centro de esta misma intelectualidad del siglo XVIII hay ausencia completa de una análoga visión (filosófica o científica) sobre todo lo que no fuere racional: intuición, emoción, empatía. Esta es pues la paradoja del humanismo ilustrado sin Dios: «en muchos sentidos, los ascéticos reformistas calvinistas y los filósofos racionalistas de la Ilustración tenían mucho en común. Ambos estaban entregados en cuerpo y alma a encontrar la certidumbre en el universo. Para los protestantes, la certidumbre se encontraba en la teología de la "elección" y en la gracia divina. Para los filósofos de la Ilustración, debía hallarse en la certidumbre de las leyes de la física que gobiernan los movimientos del universo. A todos ellos los unía el repudio de los sentimientos y las emociones, que los reformistas religiosos veían como algo depravado y los filósofos de la Ilustración como algo irracional» (Rifkin 2010 p. 304). Aunque se entiende que históricamente ni siquiera existía la Teoría de la Evolución (que vendría en la segunda mitad del siglo XIX —y aún muy poca atención recibió en su momento el libro de Darwin «La expresión de las emociones en el hombre y en los animales»), tampoco existía la psicología (p. ej. el concepto de ‘empatía’ se acuñaría más tarde en 1909), excepto por supuesto los precursores filosóficos sobre la conducta humana inmersos en la Ilustración (p. ej. Hume o Locke, aunque, bueno, el primero dijo que «no es contrario a la razón preferir la destrucción de todo el mundo», y el segundo que «la mente es, como decimos, un papel en blanco, vacío de cualquier carácter, sin ninguna idea», citados en Pinker 2003), será innegable que la Ilustración nace de un concepto de la naturaleza humana inadecuado científicamente para razonar sobre la sociedad y la política. Podría decirse incluso que, en la Ilustración, la naturaleza humana es pseudocientífica: no es un marco científico-empírico, sino filosófico-especulativo, fundado en el ideal cartesiano del dualismo mente-razón/cuerpo-emoción, «pienso, luego existo», donde la razón tiene carácter de superioridad y elevación (divina), puesto en seria duda por la psicología y la neurociencia modernas. Véase como referencias los libros «El error de Descartes» (Damásio 1994), «Simple heuristics that make us smart» (Gigerenzer & Todd 1999), y «Pensar rápido, pensar despacio» (Kahneman 2011), para un recorrido sobre importantes descubrimientos e investigaciones (que incluso llegan a confrontarse como entre Gigerenzer y Kahneman) que echan por tierra la tradicional idealización de la razón respecto a las emociones y los sentimientos, y el carácter fundacional de una ficticia naturaleza humana, por defecto racional, en la economía neoclásica que domina hoy.

Con todo, esta es la Ilustración que hasta cierto punto desterró la religión (cristianismo) de la intelectualidad, e institucionalizó el humanismo secular de nuestros días. Si bien Dios fue o debe ser reemplazado por la razón, la propia dominación masculina blanca de la Ilustración debe también ser superada, en aras de un humanismo cabal. Importantemente pues, hoy el humanismo secular abraza sin miramientos la justicia social «sobre los derechos de la mujer, los niños, las minorías y los pueblos indígenas», considerando que «las tendencias anticientíficas y antimodernas que incluyen la emergencia de estridentes voces fundamentalistas y la persistencia del fanatismo y la intolerancia», «se oponen a la liberación de la mujer y desean que continúen sometidas al varón» (Manifiesto Humanista 2000). Entonces, racionalmente se espera una necesaria adherencia a tales declaraciones sin objeción, considerándolas plausibles y loables. Entre tanto, esto no impide exponer la profunda paradoja de la idealización de la razón humana por sobre otros aspectos psicológicos como parte de una idealización de lo entendido como masculino (razón, ciencia, política: rasgos supuestos superiores para la actividad pública), en menosprecio de lo entendido como femenino (intuición, emoción, empatía: rasgos supuestos inferiores destinados al hogar), que no es sino reflejo del contexto cultural y las normas sociales de desigualdad de género, machismo y exclusión de la mujer en los ámbitos científico y político antes, durante, y aún después de la Ilustración. 

En consecuencia, tanto como fue necesaria una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791 que respondía a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 que relegaba a las mujeres (y aun hasta 1840 recién se publicaron solo algunos extractos), fue luego necesario el surgimiento del movimiento feminista para que las mujeres pudieran votar en el siglo XX, posterior al conjunto de la Ilustración, la Revolución Industrial y la Revolución Científica, dominado por hombres. Por otro lado, la homosexualidad siguió siendo un tabú, que la misma ciencia ilustrada convirtió en una enfermedad bien entrado el siglo XX, y no es hasta la década de los 60s y 70s, con la revolución sexual (que en esencia es una liberación sexual femenina que implicó liberar también la homosexualidad), cuando nace el movimiento LGBT. Estos movimientos sociales y sus luchas representan muy bien el sentir humanista, pero la propia heterogeneidad de posturas ante diferentes problemas implica divergencias entre la comunidad LGBT y el feminismo, sobre todo en los últimos años debido a asuntos como la maternidad subrogada (vientre de alquiler), posiciones implícita o explícitamente machistas entre los gays, o la polémica terminología de «cuerpos menstruantes» que usan las mujeres trans para referirse a las mujeres, y que ciertos grupos feministas rechazan. A fin de cuentas, el machismo persiste sociopsicológicamente (a pesar de importantes logros para frenarlo), y es reconocible entre gays como en mujeres que rechazan el feminismo. Al respecto la socióloga Rosa Cobo nos dice que «el objetivo de muchos gais no es la emancipación de la mujer, sino de su colectivo. El feminismo es anticapitalista neoliberal, contrario al sistema patriarcal y tenemos una relación diferente con la sexualidad. Creo que el movimiento gay se ha apoyado en el feminismo. Fueron nuestros aliados, pero quizá a partir de ahora no lo serán, o solo una parte de ellos. La brecha es un hecho. Podremos coincidir en algunas cosas pero no establecer alianzas ruinosas» (Morán 2018). Mientras esto ocurre en España, en Perú parece que el tema de los vientres de alquiler, que promueve la Sociedad Secular Humanista del Perú (SSH), no es, aún, un objeto de cuestionamiento feminista mientras sí lo es la violencia sexual. Y en contraposición, la SSH está mucho menos interesada en esto último. 

En suma, todo esto que de por sí es un conjunto de posiciones paradójicas, resulta en notables sesgos e incoherencias en la difusión del humanismo secular al momento de intersectarse con preferencias políticas y el contexto sociocultural, en el caso de la comunidad Sociedad Secular Humanista del Perú (SSH). Hecha una introducción crítica general a la idealización de la razón (que llamaré ‘ilustración ortodoxa’) desde la perspectiva del conocimiento científico actual, lo que sigue es una amplia documentación de las actividades públicas de varios actores de esta comunidad, para mostrar tales incoherencias ideológicas y una selectividad en favor del colectivo LGBT y en oposición al feminismo. Mostraré que, de hecho, existen discursos directa y explícitamente antifeministas dentro de esta comunidad peruana. También expondré sus aristas políticas completamente contrarias a la promoción de la ciencia y el humanismo, que convergen más bien con el conservadurismo de la derecha cristiana al difundir la cosificación de las luchas sociales como «posmodernismo» y «marxismo cultural», que son conspiraciones enemigas de la Ilustración cuya ‘existencia’ es necesaria para la identidad ideológica de la comunidad SSH, pero no por ello reales.

La Sociedad Secular Humanista del Perú (SSH en adelante) se define así misma como «una comunidad de activistas, estudiantes, empresarios, profesionales y trabajadores que comparten los ideales humanistas», y «el humanismo secular es una forma de ver el mundo basada en el conocimiento científico y el respeto por los seres humanos y el medio ambiente», en oposición a una cosmovisión religiosa, específicamente el cristianismo (y el humanismo cristiano). El colectivo lo integran, según también figura en su sitio web: APERAT (Asociación Peruana de Ateos), Doctor Trónico, Manzana Escéptica, Para-Normales, IET (Instituto de Extrapolítica y Transhumanismo), AP Ciencia (Asociación Peruana de Periodistas y Comunicadores de Ciencia), y CFI (Center for Inquiry).

LA POSTURA PRO-LGBT DE LA SSH

Desde su creación en 2012, el inmediato y mayor logro sociopolítico de la SSH ha sido el asesoramiento, la promoción y la corredacción de los proyectos de ley contra la discriminación hacia las personas LGBT, y a favor del matrimonio homosexual. Helmut Kessel (Presidente en SSH) y Víctor Andrés García-Belaunde (Director Editorial en SSH) ejercen el activismo pro-gay (ver abajo su discurso testimonial en el Proyecto Todo Mejora, 2013; ver también «Hey soy gay»). Esto, que es del todo plausible, contrasta con el mutismo ante la justicia social feminista, y más bien, bajo el auspicio directo de la SSH o como parte de las posturas de otros integrantes, se le da voz y espacio al antifeminismo. 

 
Helmut K, García-Belaunde V. Todo mejora. Proyecto Todo Mejora. 2013.

LA POSTURA ANTIFEMINISTA DE LA SSH: IVAN ANTEZANA, DORISS VERA, PARA-NORMALES Y MANZANA ESCÉPTICA 

Iván Antezana (actual Director en SSH) tiene una postura antifeminista virulenta y agresiva: de hecho en su muro personal de Facebook (donde también figura que además de Director de SSH es ex Presidente de APERAT) tiene una galería titulada «El feminismo es una risa», y afirma que el feminismo es «igual que las demás religiones». 


Para Antezana, que el diario La República (que según el Instituto Peruano de Publicidad es uno de los periódicos más leídos del Perú) incluya el enfoque de género en su periodismo es lo mismo que publique «el horóscopo o las tiras cómicas», le toma un pantallazo a este comentario y orgulloso lo publica en su muro personal agregando: «Ya imagino las cojudeces que escribirán. :D :D» (en Perú ‘cojudeces’ es lo que en Argentina son ‘boludeces’ o en España ‘gilipolladas’: tonterías, necedades, estupideces). De acuerdo con Antezana, la violación sexual, el matrimonio con niñas en Marruecos, o el rechazo a la discriminación contra la comunidad LGBT (que es parte del activismo mismo de SSH donde es director), asuntos que trata la sección Género de La República, son igual de estúpidos que el horóscopo.

      

Doriss Vera es una antifeminista reaccionaria directamente relacionada con Para-Normales de la Noche, formando juntos una especie de frente explícitamente opuesto al feminismo en la comunidad de inclinación pro-LGBT de la SSH. Al dar voz y difusión a esta postura se evidencian profundas contradicciones con «el respeto por los seres humanos», puesto que aquí el rechazo al feminismo va acompañado de una ausencia de propuestas alternativas contra p. ej. la violencia sexual y el sexismo. Excepto claro, como típicamente ocurre con el machismo reaccionario, que se subestimen o se nieguen tales problemas. Para-Normales se define como un «programa radial escéptico de la Sociedad Secular Humanista del Perú. Con una cuota de humor somete a evaluación crítica diferentes creencias populares, tradiciones, fenómenos paranormales, eventos sobrenaturales, pseudociencias, bulos, conspiraciones y demás cuentos de hadas». Nuevamente, aquí el feminismo no es mas que otro bulo, uno de esos «cuentos de hadas» y los problemas que aborda «conspiraciones», y se lo cargan igual que se cargan la ufología y la creencia en fantasmas. Así ven el feminismo, y en el único programa que le dedica Para-Normales/SSH, «¿Tiene razón el feminismo moderno?» de julio 2020, mediante 4 panelistas (entre ellos Doriss Vera y Daniel Salas) contra 1, se dejó más que claro el rechazo al feminismo, bajo un lenguaje engañoso que invocaba la «neurociencia», sin revelar cuál sería la evidencia neurocientífica que refuta al feminismo.


Ya antes en marzo 2020, con el directorio de la SSH presente en la cabina del programa Para-Normales, se llega a afirmar que existe el «aborto masculino» (1:30:13): «si es que el hombre ha expresado antes del embarazo que no quería ser padre», «no tiene ningún deber de mantener a ese niño» (Doriss Vera aclara que esta es su postura mientras los logos de la SSH y la Humanist International están delante). Equiparar el aborto, que es la interrupción del embarazo por causas naturales o provocadas (RAE), con la conducta de no querer dar manutención a un «niño», no es ningún ‘razonamiento humanista’ y mucho menos ‘escepticismo’ remotamente científico. Esto se afirma en la misma conversación donde solo minutos antes se señaló la necesidad del aborto ante el problema del embarazo de niñas, por lo que resulta más que descabellada semejante comparación. El «aborto masculino», en principio una imposibilidad conceptual y factual desde cualquier punto de vista, resuma una misoginia insólita para el humanismo, muy propia de posiciones ultraconservadoras cristianas (que es exactamente lo que se ponía en debate) y supremacistas masculinas. 

Para-Normales de la Noche. Episodio 73 «¿Es el aborto un asesinato?» 1:30:13

En otra oportunidad, la conversación con el filósofo y periodista Fernando Carvallo, se pretendió tornar en un embate contra los feminismos: otra vez se les reduce a dogmas y sectas como si habláramos de dogmatismo y sectarismo cristiano. Quizás sea una paradójica condescendencia de Carvallo para con el manifiesto antifeminista que hace Doriss Vera en la sección de preguntas (55:21), ya que él mismo empieza hablando del inevitable progreso hacia la igualdad de género, como reflejo de la Ilustración, en lo que coincide con Steven Pinker: lo que no es sino una agenda universal y común a todos los feminismos que tiene importantes logros (como las cosas de hoy que le sorprenden a la mamá de Carvallo). Y esto, hay que aclararlo, es lo único «hegemónico» aquí, si acaso, porque no existe el «feminismo hegemónico» como movimiento: esto es un constructo antifeminista tan fatuo como afirmar que el feminismo «está demasiado contaminado de posmodernismo».

S6 "La ilustración y el Estado laico" con Fernando Carvallo.

Según la charla de Manzana Escéptica con el filósofo Gabriel Andrade, el «relativismo» cultural y el «victimismo» son identificadores de lo «posmoderno», y «el posmodernismo es un gran enemigo de la ciencia». De hecho se le pregunta a Andrade «¿cómo poder reconocerlos?» (26:11), a los «posmodernos», como si se tratase de un tipo de ser humano que hay que evitar. Manzana Escéptica pretende etiquetar tantas cosas como «posmodernismo», que el propio Andrade tiene que corregir (p. ej. muchas terapias psicológicas son pseudocientíficas pero no necesariamente son «posmodernistas»). Así, el feminismo, por ejemplo, es simplemente algo «posmoderno» («posmo», como abreviadamente le llaman), o al menos es la idea que intenta forzar Manzana Escéptica porque, se supone, el «feminismo radical» (que no define qué es en una de sus preguntas a Andrade, para luego afirmar que «se ha desvirtuado mucho el término feminismo con ‘esta idea’ de que somos [se refiere a las mujeres] una población aún oprimida») se opone a la luz de la razón y la ciencia, y lo que Manzana Escéptica refiere indistintamente como «feminismo» y «feminismo radical» (¿?), es metido en el mismo saco de la pseudociencia y la charlatanería junto con los antivacunas y la astrología. En la sección de preguntas del público, la infaltable Doriss Vera esta vez equipara «posmodernismo» con «marxismo cultural» (el cual no es sino una teoría conspiracionista de la derecha conservadora, a lo que volveré luego). De hecho Vera dice que «el marxismo poco a poco ha ido migrando a un marxismo posmoderno» (1:26:31). ¿Sabe la Humanist International que auspicia este disparate?

Manzana Escéptica: «Posmodernismo». Junio 2020. 1:26:06

Los puntos en común con Agustín Laje y Nicolás Márquez, dos autores argentinos que atacan el feminismo y difunden que se trata de «marxismo cultural» (también), desde su postura conservadora cristiana, resultan más notables que las diferencias con el ateísmo de Vera (y otros ateos que terminan coincidiendo con aquellos), por muy opuestos que parezcan: todos suelen hacer engañosas racionalizaciones, usan un lenguaje falsamente «científico», sistemáticamente victimizan a los hombres para, según ellos, invalidar la lucha contra la violencia masculina, rechazan las protestas feministas o bien usan la fórmula ‘no-es-la-manera’, y recurren a las mismas autoras antifeministas (p. ej. Camile Paglia, Christina Hoff Sommers, o Roxana Kreimer). Cualquier machista que se hace pasar por intelectual usa estos pseudoargumentos que promueve la SSH a través de Para-Normales. 

Entre tanto, Doriss Vera le hace publicidad a Para-Normales (la publicación de La Mula, aparentemente ha sido retirada). Y ella publica cosas como éstas: «¿La Policía debe pedir perdón por los muertos?», sobre la violenta represión policial durante las protestas contra el expresidente Manuel Merino (en Perú), que involucra la muerte de dos jóvenes manifestantes, hecho que precipitó su renuncia. Según Vera, hay «dirigentes» tras estos manifestantes, ¿quiénes?, no lo dice, o mejor dicho, no lo sabe. Es decir, se trata de hilos invisibles del «marxismo posmoderno» (sic) tras las protestas.


Previsiblemente, equipara terroristas y extremistas con feministas (usando la jerga peruana «terruco»).


Para entender estas opiniones, hay que presuponer lo que Vera llama «a favor de la intolerancia» (Vera 2016) y «derecho a odiar» (Vera 2020), énfasis original: «¿Tenemos derecho a discriminar?» «Blancos, negros, chinos, indios, ateos, católicos, satanistas, izquierdistas, derechistas, panteras negras, nazis, extremistas musulmanes... TODOS tienen derecho a agruparse para compartir ideales, opiniones y hasta odios. Pero no tienen derecho a poner en práctica (si la tuviesen) alguna idea violenta.» Y por supuesto, a los que critican este «derecho a odiar» ella los llama «llorones y victimistas». 


Es maliciosamente falaz este pseudorazonamiento: porque los nazis con «derecho a odiar», en su grupo lo que hacen es compartir recetas de galletas para ir luego a obsequiárselas con amor a los judíos, no a buscarlos para golpearlos, ni a matar inmigrantes, hoy. Porque los fanáticos cristianos con «derecho a odiar», tienen ministerios para compartir pasos de baile y nada más, porque es en otro planeta donde han sido decisivos para poner presidentes con Biblia en mano como Trump (Estados Unidos), Bolsonaro (Brasil), o Áñez (Bolivia), y es en otro mundo donde llegaron a instancias legales para pedir que se enseñe creacionismo en la escuela, o le exigieron al gobierno de Estados Unidos usar armas atómicas contra Vietnam. Como si no hubieran irrumpido en Perú contra la educación sexual. Precisamente porque demasiadas veces en la historia los grupos con «derecho a odiar» han llevado y llevan aún a la práctica sus odios bajo sus propias 'reglas éticas y morales' de discriminación, es que no existe ni existirá ningún «derecho» que defiende Vera a discriminar a grupos humanos. Por otro lado, afirmar que «el malestar que genera la intolerancia en el individuo es producto de su resistencia al diálogo racional y no de un atentado contra él» (Vera 2016), es una burda negación del hecho psicológico de que «ser blanco de prejuicios o discriminación es un factor de estrés» (Dion 2002 p.4), y que incluso la discriminación sutil inflige daño a tal grado que socava el bienestar psicológico de las personas y el desarrollo de la autenticidad, el respeto por uno mismo y la autonomía personal (Lui & Quezada 2019). Todo esto no es más que una muy mala justificación de lo injustificable, incompatible con el humanismo y contracientífica. Téngase en cuenta, además, que las opiniones personales de Doriss Vera fuera del ámbito de la SSH son esencialmente las mismas que vierte dentro de la SSH.

Volviendo a Manzana Escéptica y Para-Normales, es también notable en el contexto de la pandemia de covid-19, la burla hacia el consumo de dióxido de cloro, que promueven en concierto ambos espacios de la SSH. Si bien el rechazo a la pseudociencia y las creencias infundadas es parte, supuestamente, del ‘activismo escéptico’ de Manzana Escéptica y Para-Normales, en realidad es un recurso anticientífico la burla para «popularizar la ciencia» (más bien ahuyenta al público de la ciencia), y no han difundido ninguna «buena explicación científica» (como reza en la información de Facebook de Manzana Escéptica) de, en este caso, la incertidumbre y las creencias infundadas peligrosas para la salud. Ambos espacios, hasta la fecha, no han divulgado información científica que explique las creencias conspiracionistas (envés de limitarse a enfocarlas pseudopolíticamente como «posmo» o burlarse de ellas). Esto no solo diverge sustancialmente de la investigación en las ciencias sociales durante la pandemia y los marcos explicativos del rechazo del público a la ciencia, sino que va en contra del enfoque psicológico al respecto, y, sobre todo, va en contra de la labor informativa de las autoridades de la salud en medio de la pandemia (la burla, en resumen, es una actitud prohibida para hacer que la gente recobre la confianza en la ciencia). Esta farsa de divulgación científica, esta contribución negativa e inadmisiblemente anticientífica, y antisocial en el covid-19, la he expuesto y analizado previamente (ver aquí).

EL ASUNTO DE LO «POSMODERNO»: UNA PERSPECTIVA CRÍTICO-CIENTÍFICA

El discurso de rechazo de lo «posmoderno» de la SSH, que es ‘objetivado’ como un gran movimiento enemigo de la racionalidad universalista, deja a lo «moderno» como opuesto por definición. En la historia de la humanidad, se considera la Edad Contemporánea como el inicio de la Modernidad, desde la Revolución Francesa y la Ilustración en el siglo XVIII hasta la actualidad. Se define pues que la «modernidad», un cambio intelectual exclusivamente europeo, es la luz de la razón y la fe en el progreso, principios intrínsecamente bondadosos que todo ser humano en el planeta Tierra debe abrazar. Queda así automáticamente definido que la crítica u oposición a esta universalidad europea, es la «posmodernidad» (y hay que suponer que ésta es intrínsecamente maligna). La crítica a la «modernidad» surge del malestar traumático de la Segunda Guerra Mundial, que es vista como una pesadilla producto del imperio de la razón.

Para la comunidad SSH, la necesidad de dividir el mundo entre ellos y los «posmos» es muy obvia: tienen que saber «reconocerlos», como le preguntaban a Gabriel Andrade. Ellos son la luz de la razón, y todos los demás, «posmodernos» por igual, son las tinieblas de la ignorancia y la perdición de la humanidad. El paralelismo entre esta postura y lo que recientemente, sobre la coyuntura política estadounidense, se ha venido a llamar ‘sectarismo político’ (tribalismo político) es notable. P. ej. Steven Pinker dice que «lo extraordinario del momento actual es lo lejos que han ido la mayoría de los republicanos al respaldar creencias que están desconectadas de la realidad y solo sirven para unir a la secta y excomulgar a los infieles» (Edsall 2020). Reemplácese republicanos por humanistas seculares (la comunidad SSH), considerando que el ‘sectarismo político’, «consta de tres ingredientes centrales: otredad – la tendencia a ver a los partidarios opuestos como esencialmente diferentes o ajenos a uno mismo; aversión  la tendencia a desagradar y desconfiar de los partidarios opositores; y moralización  la tendencia a considerar inicuos a los partidarios de la oposición. Es la confluencia de estos ingredientes lo que hace que el sectarismo sea tan corrosivo en la esfera política» (ibid.). Aquí, el sectarismo pseudoescéptico que practica la SSH es corrosivo en la esfera intelectual peruana, pues en realidad crea desinformación y converge con el conservadurismo (por fuera de cualquier desacuerdo proclamado y aparentemente obvio).

Aunque, hay que aclararlo, es indiscutible que el progreso científico es positivo y necesario frente al oscurantismo que representó el cristianismo medieval, no es igual de claro que la emancipación de la racionalidad haya significado la misma emancipación sociopsicológica frente a otras tradiciones oscuras del propio cristianismo: la Ilustración y su antecedente el Renacimiento fueron movimientos dominados por hombres, y así también pasó con la Revolución Científica y por extensión, con la «modernidad». El movimiento feminista es en realidad una emancipación complementaria en el seno de una Ilustración dominada por hombres, de carácter antiesclavista e inspirada por la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (una respuesta inmediata a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, que era excluyente con las mujeres), que se inicia con la política socio-moral y empática de la Declaración de Seneca Falls en 1848 (a raíz de que a las mujeres se les impidió participar en el Congreso Mundial contra la Esclavitud de Londres).

La Ilustración no era un movimiento honestamente humanista que pretendiese, por ejemplo, abandonar la riqueza colonialista ni la guerra a gran escala, sino que las ha promovido: cuando los esclavos de Haití entendieron que «los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos» (que es como empieza la Declaración de los Derechos del Hombre), y se revelaron, la violenta represión de los «ciudadanos» esclavistas franceses fue automática, provocando como respuesta la primera revolución independentista latinoamericana, aunque bajo un baño de sangre y la destrucción de Haití (estragos que alcanzan al país hasta el día de hoy). Luego está la expansión bélico-imperial napoleónica por Europa, que reinstauró la esclavitud en Haití. Entre tanto, destino similar sufrieron las mujeres francesas como Olympe de Gouges (autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer) que exigieron sin más la igualdad jurídica y social con los hombres, proclamando osadamente el derecho a la anticoncepción y a la libertad sexual. «Las luces del conocimiento y la razón» simplemente dejaron caer la persecución, la cárcel y la guillotina sobre las revolucionarias (muy a pesar del innegable apoyo que hubo de algunos hombres ilustrados que corrieron la misma suerte), y recién en 1945 las mujeres pudieron votar por primera vez en Francia. Para la Ilustración y la «modernidad» la mujer seguía estando «naturalmente» incapacitada para la política o la ciencia; y el código civil napoleónico, que no era sino misógino (por su aversión a la mujer en la igualdad jurídica, el derecho de propiedad, y de disponer por sí mismas de sus vidas) se instauró en la aún colonizada Latinoamérica. En resumen, la Ilustración no implicó una auténtica independencia sociopsicológica de la misoginia cristiana, y al parecer, con el antifeminismo actual de los «modernos» de la SSH (por contraposición a los «posmos»), este legado nefasto persiste.

La exposición del sesgo de género en este proceso histórico se hace más robusta si la analizamos más profundamente. Ya que la Modernidad «es el despliegue del Capitalismo industrial y el comienzo del Sistema-Mundo. Es la ciencia newtoniana y la epistemología cartesiana. Es la fe en la Razón, la fe en el Progreso, la sistematización, la jerarquía y el dominio», «pero también son los campos de concentración y el imperialismo» (Nevado 2019), al poner estas características culturales en perspectiva neurocognitiva es más consistente el argumento de que se trata de un perfil masculino, de rasgos autísticos y psicopáticos superpuestos. Bajo la teoría de la empatía-sistematización de Simon Baron-Cohen, por ejemplo, «la tríada de anomalías conductuales [del autismo] en la función social, la comunicación y los comportamientos e intereses restringidos y repetitivos se puede explicar psicológicamente por una capacidad deteriorada para empatizar o modelar los estados mentales que gobiernan el comportamiento de las personas, junto con una capacidad superior para sistematizar o inferir las reglas que gobiernan el comportamiento de los objetos» (Baron-Cohen & Belmonte 2005). Según esto los hombres, en promedio, están neuroevolutivamente equipados para sistematizar y analizar (mientras las mujeres para empatizar y socializar). Tales características son fundamentales para la ciencia (sobre todo para las llamadas «ciencias exactas», el espectro matemática-física, no así las ciencias humanas o sociales) y la racionalidad. Llamo a esto ‘la base cognitiva’ de la Ilustración y la «modernidad».

Ahora bien, que los hombres sistematicen más y sean menos empáticos, no significa que necesariamente, o solamente, esto sea un inevitable designio biológico (ver p. ej. «Is the Brain Gendered?: The Debate» entre Gina Rippon y Simon Baron-Cohen) que determina una igualmente inevitable cultura de dominación masculina, donde la ciencia y la racionalidad se consideren superiores a la empatía y la socioemocionalidad (y que éstas se menosprecien), ya que también hay evidencia empírica, en el campo de la psicología del desarrollo, de la enculturación de los estereotipos de género. Por ejemplo, entre los 4 y 9 años de edad, los niños asocian la inteligencia a los hombres, mientras que las niñas asocian la amabilidad a las mujeres, y, «si las niñas perciben que las personas muy inteligentes suelen ser hombres, tenderán a aplicar esa asociación a su propio autoconcepto y proyectarán expectativas alineadas con esta asociación que refuerza su baja presencia en las carreras CTIM» [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, STEM en inglés] (Solbes et al. 2020); mientras que, entre adultos, las mujeres muestran sesgos de autovaloración como más empáticas (Baez et al. 2017). El fuerte sesgo de la imagen del científico-como-hombre que se identifica en la niñez desde los 5 años de edad, «se vuelve muy importante con el tiempo», «se filtra en muchos procesos que afectan la trayectoria profesional de una persona y una carrera científica exitosa», donde los «esquemas de género, que son sostenidos por hombres y mujeres, conducen a pequeñas diferencias que se acumulan con el tiempo para desfavorecer a las mujeres y favorecer a los hombres» (Sigala & Murphy 2018). En 5 décadas de estudios con 5000 y 7000 niños hasta en 66 países, aunque los niños empiezan a retratar científicas, persiste el estereotipo masculino (Miller et al. 2018). Así pues, está documentada científicamente la ausencia femenina en las «ciencias exactas» (p. ej. Women in STEM 2019), su mayor presencia en psicología (Fowler et al. 2018), y la desigualdad de género dentro de la ciencia (Shen 2013; Viglione 2020). 

«Is the Brain Gendered?: The Debate». How to Academy. 2019.

Todo esto, que pasa en la actualidad y en sociedades más igualitarias (de hecho, el acceso de las mujeres a la educación científica disminuye entre más desigualdad de género exista en una sociedad), nos da una idea aún más clara del contexto social y psicológico en que nació la «modernidad»: si hoy aún persiste el dominio masculino en la ciencia y la razón, y es un asunto problemático, es porque la Ilustración brilló por su exclusión de la mujer. Y como fuere, si la ‘cognición ilustrada’ es biológica, cultural o biocultural, lo que históricamente ocurrió fue un movimiento masculino (que a fin de cuentas es un largo continuismo que se remonta a la Revolución Agrícola y su división sexista del trabajo, como sostiene el biólogo Jared Diamond, ya que hay robusta evidencia de que en las sociedades preagrícolas la mujer participaba en la caza mayor, y la crianza de los hijos era una actividad colectiva en lugar de una labor que confinara a la mujer al hogar –Haas et al. 2020). Pretender en la actualidad que, como dice Manzana Escéptica en su entrevista a Gabriel Andrade, es una «idea» que las mujeres estén aún oprimidas, es negar un problema real que es objeto de estudio científico, además de una falta de conciencia social (empatía), que le impide ver más allá de su comodidad clasemediera en Lima que hoy en muchos lugares del Perú, y en el mundo, las niñas siguen siendo socializadas para alejarse de la ciencia y de la tecnología: sí, esto una manera de seguir oprimiendo a la mujer hacia la maternidad y el hogar mientras se le excluye de otros ámbitos dominados por hombres. Y no será la Ilustración, la «modernidad», ni «la luz de la razón» por sí solas lo que permitirá superar este amplio problema sexista, sino la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres por el acceso a la educación, y la eliminación de los estereotipos machistas y misóginos que alejan a las mujeres de la intelectualidad. A esta justicia social se le llama feminismo.

Los rasgos psicopáticos, el otro aspecto sociopsicológico que puede notarse en la masculinidad excluyente de la Ilustración junto con los rasgos autísticos, nos han traído el lado más oscuro de la «modernidad»: el imperialismo ya señalado, pero además el dominio destructivo ecológico, la institucionalidad de la desigualdad económica, y la visión industrial-utilitarista de las personas, las emociones y la sociedad. Un aspecto fundamental del despliegue del capitalismo y la industrialización, es el nacimiento de un concepto del ser humano que estuviera a la altura de la Ilustración: un ente de naturaleza racional que realiza cálculos de costo/beneficio para «la consideración de su propio interés» (Smith 1776), porque es «un ser que desea poseer riqueza» (Mill 1836). Este es el «homo economicus», y es un ser humano que da sentido al modelo económico estándar, sobre todo al individualismo neoliberal. Volviendo a la entrevista de Manzana Escéptica a Gabriel Andrade, de hecho, no comportarse realizando cálculos costo/beneficio es algo, también, «posmo». Con la Ilustración a través de la revolución industrial, el individuo de la «modernidad» es uno cuya «naturaleza» egoísta es la propia naturaleza empresarial y consumista del capitalismo, y la sociedad, que es la suma de estos psicópatas utilitaristas sin sentimientos (si acaso la objeción: incluso la idea de «simpatía» de Adam Smith en su libro «Teoría de los sentimientos morales», que parece contradecir el egoísmo de «La riqueza de las naciones», es también utilitarista y un pseudosentimiento reducido al análisis mecánico de las circunstancias), no es sino una fábrica o una megaempresa que se manipula según la economía, surgiendo así la posibilidad de una «ingeniería social» uniformizadora que devendrá en los ismos violentos del siglo XX de todo el espectro político (p. ej. marxismo, fascismo, neoliberalismo).

Para simplificar, el «homo economicus» científicamente no existe—ni la naturaleza humana es egoísta (ver p. ej. Monbiot 2015), ni racional (exclusivamente o por sobre otros procesos cognitivos como la intuición, los sesgos, o las emociones: de hecho hay evidencia neurocognitiva de la relevancia de la amígdala y las emociones en la inteligencia y el razonamiento, que resultan depender de ellas—Yue Li et al. 2020), ni mucho menos los seres humanos son ‘empresarios naturales’, y las sociedades no son la mera suma de estas pseudocaracterísticas. Excepto claro, que estemos describiendo la naturaleza de la psicopatía (ver p. ej. Ubel 2014). Suficiente agregar, como ha mostrado el neurocientífico Antonio Damásio en su antes referido libro «El error de Descartes», que el cerebro humano no es uno racional sino emocional en principio. Y en otro ejemplo consistente con Damásio, el psicólogo Daniel Kahneman obtuvo un Nobel de Economía (2002) por su trabajo en la toma de decisiones basada en la teoría del proceso dual: cómo las intuiciones y los sesgos cognitivos (Sistema 1 automático e instantáneo) funcionan simultáneamente al razonamiento analítico (Sistema 2 voluntario y lento), algo que refuta de forma fundamental la asunción de la racionalidad por defecto en la economía estándar.

Así pues, la categoría de «posmoderno», equiparada de hecho a la pseudocategoría conspiracionista «marxismo cultural», utilizadas para aglutinar y despreciar toda crítica a la Ilustración, la Modernidad o el sistema, es sectario políticamente e implausible científicamente. 

APERAT (ASOCIACIÓN PERUANA DE ATEOS)

En este punto de exposición de la comunidad SSH, he llegado a mostrar la defensa implícita de una ideología neoliberal y repelente de la justicia social (recordemos que el «victimismo posmo» embute sin más, según ellos, el indigenismo o el feminismo con las supersticiones) en su discurso que autopromociona como ilustrado, moderno, y muy científico. Pues bien, hay otras muestras de que Manzana Escéptica, Para-Normales, APERAT (Asociación Peruana de Ateos), y Doctor Trónico, comparten una postura neoconservadora y paradójicamente «posmo» (desde ya que entre más intentan denostarlo más «posmos» se muestran ellos). APERAT (en nombre de su presidente Henry Llanos), por ejemplo, afirma que el cambio social «siempre vendrá DE ARRIBA HACIA ABAJO» (énfasis de mayúsculas original), y que «los únicos que tienen el poder de hacer desarrollar un país son los grupos de poder». Citando a James Robinson continua: «los seres humanos respondemos a los incentivos, pero creamos reglas en la sociedad que generan diferentes patrones de incentivos y eso marca la diferencia» - «Lo que tienen los países ricos, son instituciones que funcionan, como parlamentos o tribunales honestos y reglas que rigen los derechos de propiedad y fomentan la competencia empresarial». 


Este discurso recuerda tanto a la nefasta ideología de ingeniería social de los ismos violentos del siglo XX, como a la teología sociopolítica cristiana de Constantino en el siglo IV que definió la historia de las élites de poder y riqueza en Occidente: ‘La salvación solo puede venir de un poder superior’, y el ‘poder superior’ mantiene a la población controlada económicamente para evitar la revolución (Erich Fromm muestra la instrumentalización sociopolítica del cristianismo en «El dogma de Cristo», y Max Weber muestra cómo la ética del cristianismo protestante crea el capitalismo moderno en «La ética protestante y el espíritu del capitalismo»). Este discurso, intrínsecamente incoherente, es además impreciso históricamente (las grandes revoluciones sociales, como la Revolución Francesa o la Revolución Rusa no obedecen a tal pseudopatrón «de arriba hacia abajo», y/o no se reducen a él, aunque se diga a gritos), pero sobre todo es científicamente ignorante para una organización que dice que sus principios incluyen «propiciar y fomentar puntos de vista racionalistas y científicos» (https://aperat.org/). P. ej. el manifiesto no es consistente con la paradoja de la felicidad y la riqueza (Easterlin et al. 2010: «la felicidad no aumenta a medida que aumenta el ingreso de un país»), ni con la relación entre la psicopatía y la corrupción (Zhao et al. 2016: los psicópatas tienden a corromperse y aceptar sobornos), ni con la naturaleza prosocial del ser humano en lugar de una visión empresarial de la sociedad, como mostrado antes al referirme al «homo economicus». En cuanto a la referencia al libro «Por qué fracasan los países» (Acemoglu & Robinson 2012), éste ha tenido importantes críticas como la de Jared Diamond en cuanto a la relevancia de la geografía como causa (y para una crítica más amplia ver Méndez 2014).

APERAT, de acuerdo a las publicaciones regulares que hace en Facebook, tiene posturas divergentes y abiertamente opuestas sobre asuntos coyunturales. Esto podría ser un signo de saludable ‘diversidad’ de opiniones, pero también es una muestra de una profunda incoherencia ideológica como para ser una entidad que, aparentemente, pretende representar a los ateos peruanos. En esto es notable la polémica respecto al feminismo: hay adherencia, minoritaria por cierto, y simultáneamente rechazo mayoritario. Esto último tiene un grado de actitud reaccionaria tal que, incluso, implica que los ateos declaren ser capaces de defender a la Iglesia Católica al asumir una postura antifeminista. Rechazar la protesta social también es una postura manifiesta (el borrado de hasta tres publicaciones compulsivamente contrarias a las protestas contra Cristóbal Colón, delata la informalidad política de APERAT), lo que acerca al ateísmo a la derecha reaccionaria y al conservadurismo cristiano. Ya antes se ha argumentado, en el contexto angloamericano, que «el nuevo ateísmo tiene paralelismos con el fundamentalismo religioso», que «las divisiones entre los ateos amenazan con fracturar el movimiento», y el rechazo de «la comprensión ampliamente aceptada del ateísmo contemporáneo basado en el liberalismo», mostrándose «la existencia de una “derecha atea” que refleja la derecha cristiana» (LeDrew 2015). La conducta de los ateos peruanos es análoga, y en tanto hay una más prominente oposición que adhesión al feminismo, el ateísmo realmente converge con el cristianismo en su cruzada antifeminista.

P. ej., ante la demanda de hacer conciencia social para apoyar el aborto y abolir el machismo (que son pues luchas feministas que socaban directamente al cristianismo), y la necesidad de unir esfuerzos entre ateas y ateos, la respuesta del APERAT (a nombre de su presidente Henry Llanos) es lo que cito con énfasis originales: 
«(…) el problema es que las feministas del medio quieren luchar SOLAS. Para ser aliado de ellas tienes que PENSAR igual a ellas y tener las PRIORIDADES exactamente iguales a las de ellas y así espantan a cualquier aliado potencial. Por cierto, si bien su lucha ha sido efectiva políticamente, aún le falta mucho en el ámbito social: el peruano promedio (al parecer) las sigue viendo como radicales y exageradas en sus acciones. Ojalá eso cambie con el tiempo y sea rápido, porque si no, todo lo que han conseguido puede ser REVERTIDO fácilmente por el próximo gobierno y congreso de fuerzas conservadoras (con apoyo gustoso de los ateos y humanistas conservadores).»

Más allá de una explicación mediante la psicología evolucionista y la psicología del desarrollo, como una relación entre la pobreza empático-moral masculina con la aversión entre ateos hacia el movimiento de lucha social feminista, es rechazable la respuesta de APERAT mediante su presidente Henry Llanos (alguna otra respuesta entre sus integrantes, como se ve en las tomas aquí arriba, es tan inaudita que se responde por sí sola): 
  1. La necesidad de conciencia social para apoyar el feminismo, o el feminismo que por sí mismo implica liberar el aborto, abolir el machismo y combatir la violencia sexual, no es un «problema».
  2. Está tan bien documentada la histórica oposición y aislación de los sectores religiosos y conservadores aplicados contra el feminismo, desde su origen, que culpar a las propias feministas de «luchar solas» (y con énfasis) es un comentario ignorante por lo argumentado antes, y un rechazo mezquino del feminismo. 
  3. Al parecer no son «prioridades» (otra vez con énfasis) acabar con la violación de niñas, la negación del aborto, ni la desigualdad de género, todos fenómenos ampliamente documentados en las ciencias sociales, que además incumben a la sociedad y a los gobiernos, y no solo a las mujeres o a las feministas. Con semejante postura obviamente se va a dejar solas a las feministas en su combate contra esos problemas sociales.
  4. Con esto resulta ridícula la incoherencia de afirmar que al feminismo «le falta mucho en el ámbito social». Evidentemente, a quien le falta lo que fuera que se relacione con lo social, la concientización empática, y las ciencias sociales, es al APERAT. 
  5. El ‘consejo’ de que el feminismo «cambie» es un mantra repetido por todo machista. 
  6. Enhorabuena la confesión que no podemos sino calificar de hipócrita, en clave de amenaza al feminismo (el notable énfasis en «revertido»), del apoyo a los ateos «conservadores» que como exponemos son tanto o más misóginos que cualquier cristiano. 

Por otro lado, la jactancia de APERAT (que por cierto como institución excluye a los que no son «ateos humanistas») de ser el baluarte de la ciencia, la razón y la verdad, no es menos paradójica y contradictoria que su posición frente al feminismo, que, como mostramos antes que argumenta LeDrew (2015) sobre el «nuevo ateísmo» angloamericano, en Perú también converge con el conservadurismo de la derecha cristiana. Este aparente valor intelectual, además, depende exclusivamente de mostrar que los creyentes son los enemigos de la ciencia, la razón y la verdad pero no se demuestra por mérito propio de realmente saber más de ciencia que los creyentes: p. ej. en una publicación afirman que los católicos «exhiben su rechazo total a la ciencia», pero a la vez que «no seguimos con las leyes de la física de Newton» y «que quisieron mandar a la hoguera a Galileo Galilei por proponer una hipótesis heliocéntrica». Que la Iglesia haya pedido perdón por silenciar a Galilei, no lo hace injustificable e indeseable, pero no es menos condenable que una institución atea mienta: por supuesto que hoy seguimos con las leyes de Newton y Galilei no propuso el heliocentrismo. Por lo menos esta ignorancia científica es peor que la de los creyentes, ya que viene de quien se jacta de no tenerla en relación a éstos. 


«POSMODERNISMO» Y «MARXISMO CULTURAL»: LA PROPIA CONSPIRANOICA DE LA SSH ENMASCARADA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA 

Diagnosticados y rechazados el ‘relativismo cultural’ y el ‘victimismo’ indigenista o feminista como cosas «posmo», cabe preguntarse si hay aquí un fundamento científico, o es una postura simplemente ideológica muy propia del ‘sectarismo político’, que en el fondo contradice el principio de «conocimiento científico y el respeto por los seres humanos». En cuanto a la ciencia con la que se supone se rechaza lo «posmo», he mostrado que no es tal. De hecho, los conocimientos actuales en p. ej. psicología, ciencia cognitiva y neurociencia sobre el razonamiento como dependiente de los sesgos cognitivos inadvertidos y las emociones, que evidentemente cuestionan o bien desmontan la fe en la razón, ¿es entonces, «posmo»? ¿«neuroposmodernismo»? La relevancia que dan las neurocientíficas Gina Rippon o Cordelia Fine a los estereotipos de género y el enfoque feminista para denunciar que existe un «neurosexismo», la inconsistente idea tan extendida dentro y fuera de la ciencia de que hombres y mujeres tienen cerebros diferentes, ¿es «victimismo posmo»? El estudio de Haas et al. 2020 que con sus mujeres cazadoras derriba el mito del «hombre cazador», ¿es «posmo»?

La Proceedings of the National Academy of Sciences publicó en octubre de 2020 un artículo que reúne a 10 expertos en evolución y psicología, entre ellos Steven Pinker, Paul Bloom, David Sloan Wilson, o Sam Harris (venerado por los ateos) entre otros, para enfocar los entresijos evolucionistas de la conducta en la pandemia de covid-19, donde se tratan asuntos como el aumento de la desigualdad de género en la ciencia misma, el incremento del machismo, del conservadurismo misógino. P. ej. el artículo nos dice que «las normas de género están retrocediendo y la desigualdad de género está aumentando», y que «los estereotipos de género obsoletos y la falta de empoderamiento de las mujeres» han empeorado en el covid-19 (Seitz et al. 2020). ¿Estas son «cojudeces» «posmo»? ¿El feminismo que se enmarca en esta realidad que es objeto de estudio científico, es «victimismo»? La realidad de la diversidad cultural de la humanidad, ¿es «posmodernidad»? La propia complejidad relativa de la sexualidad humana de los cromosomas a las hormonas a las identidades conductuales, cuya defensa ha prácticamente definido el surgimiento de la SSH, ¿es mero «relativismo posmo»?, ¿también es «victimista» la protesta de los gays y las mujeres trans, o es que son solo las feministas quienes se inventan la «idea» de la opresión y se hacen las víctimas?

Quienes están tras la comunidad SSH, o es que ignoran toda esta ciencia (lo cual puede sospecharse debido a la preferencia por la física y la astronomía en sus publicaciones), o es que tienen sesgos ideológicos, como si el mundo estuviera dividido entre «modernos» y «posmos» moralmente inferiores, el sectarismo antes señalado, que los hacen caer en estas profundas paradojas. Es decir, cuando dicen invocar la ciencia para hablar de una especie de agenda «posmoderna» tan extensa y difusa, que paradójicamente incluiría a la propia ciencia además, ¿de qué ciencia hablan? De esta manera, la loable crítica hacia la pseudociencia se caricaturiza bajo el obsesivo énfasis en que la gente cree en tonterías de intereses ocultos (p. ej. «reptilianos», «iluminati») y ellos no (la comunidad SSH), por que, al poner el propio transhumanismo de la SSH bajo la crítica científica, se encuentra que no es muy diferente de esas creencias tontas, como la creencia fanática de que la tecnología nos salvará de todos los males, haciéndonos de hecho «inmortales», y de que la realidad en que vivimos es una simulación hecha en una supercomputadora de un ser superinteligente del futuro. Bajo un estricto punto de vista científico-empírico, creer que somos un software manejado por alguien indiferenciable de Dios no es más científico, ni menos conspiracionista, que creer que el mundo lo controlan alienígenas (Chávez 2020). Según la propia lógica de la SSH, ellos mismos caen en la pseudocategoría «posmo» que creen los separa del mundo de los disparates.

Luego está la equivalencia entre los conceptos de «posmodernismo» y «marxismo cultural». Éste es una teoría de la conspiración que emerge de la derecha conservadora para explicar a la vez porqué fracasó el bloque soviético comunista, y porqué existen las luchas sociales hoy: se trata de que el marxismo económico se transformó en una influencia cultural y educativa en tanto «el problema no era solo el capitalismo como sistema económico, sino la familia, las jerarquías de género, la sexualidad normal - en resumen, todo el conjunto de valores occidentales tradicionales» (Wilson 2015). Por obra de pensadores judíos izquierdistas de la llamada Escuela de Frankfurt (que en realidad no era una ‘escuela’ de pensamiento homogéneo, pero en su origen formuló la llamada «Teoría Crítica» en 1937, que es una crítica al Círculo de Viena y el positivismo científico como falto de función social), exiliados en Estados Unidos a causa del régimen nazi, el cuestionamiento a lo tradicional se cristalizó desde los años 60s cuando tomaron en sus manos «el ateísmo, el secularismo, la corrección política, los derechos de los homosexuales, la liberación sexual, el feminismo, la acción afirmativa, el liberalismo, el socialismo, el anarquismo y, sobre todo, el multiculturalismo. El objetivo final del marxismo cultural, nos hacen creer, es diluir y subvertir lenta y sigilosamente la cultura occidental cristiana blanca» (Oliver 2017).

Si esto es nebuloso y absurdo como cualquier otra conspiranoica (ya que quienes la creen llegan ha afirmar que la derecha neoconservadora sirve a una agenda izquierdista), lo es quizás más el hecho de que la izquierda ortodoxa también hable de «marxismo cultural» para decir que la justicia social de hoy es un falso marxismo ¡creado por los neoliberales! Cual fuere la posición política donde se invoque esta conspiranoica, esto es sencillamente una forma de negar p. ej. el feminismo: no existen los problemas que combate, en tanto mero «victimismo» fabricado por una agenda política que busca destruir la familia. Aunque en Perú esta conspiranoica es bastante más vulgar, en cambio es profundamente violenta y rígidamente institucional, con la derecha conservadora trabajando desde los 90s en el Estado para criminalizar la justicia social, demonizándola como «terrorismo», marxista por supuesto, retrotrayendo así a la opinión pública a la sangrienta etapa de Sendero Luminoso que ha traumatizado al Perú, lo que se usa para justificar la acusación de «terrorista» («terruquear»), a prácticamente «todo aquel que piense de manera distinta, o simplemente por que ejerce su derecho a la protesta». «Acusar a alguien de terrorista, supone desacreditarlo, convertirlo en un enemigo de la sociedad, en un criminal que ha cometido graves crímenes contra población indefensa. En definitiva, en un enemigo de la sociedad» (Ruiz 2018). Además, íntimamente relacionado a este proceso demonizante de la justicia social, tenemos el levantamiento de una oposición sociopolítica explícitamente cristiana contra la educación sexual, el aborto, el feminismo, y los homosexuales.

En este contexto, jamás se esperaría el discurso del «marxismo cultural» en boca de los defensores del humanismo secular en Perú. Error: no solo es que el círculo de amigos de la SSH marque distancia con el feminismo, sino que le da el mismo trato que al dogmatismo y al fanatismo religioso (o al terrorismo), lo reduce a «victimismo», y lo identifica como «posmoderno», en un discurso que define la «posmodernidad» tal como se define al «marxismo cultural»: una incapacidad, «por omisión o ignorancia, de afrontar el incremento de la complejidad histórica y social» (Nevado 2020). Nunca se trata de poner en perspectiva científica el feminismo, por supuesto, sino de, según ellos, refutarlo «científicamente» en primera instancia. Sin embargo no tienen ninguna contrapropuesta sobre la violación sexual mientras rechazan las iniciativas feministas (de hecho, evaden este problema). Todo esto mientras toman con seriedad el activismo gay y transexual. Incluso la estadounidense CFI (Center for Inquiry) que forma parte de la SSH promueve conferencias feministas, donde se trata p. ej. el «acalorado debate en la comunidad secular sobre la justicia social» (Kaminer 2016). Tal parece pues que, así como el «marxismo cultural» en Perú se retuerce aún más bajo el discurso del «terruqueo», el humanismo secular peruano también es una distorsión paradójica de aquellos ideales de «respeto por los seres humanos», que ahora resultan lejanos, ya que la SSH termina siendo tan «posmoderna» y «marxista cultural» como las cosas que así etiqueta y menosprecia. Veamos a continuación los últimos ejemplos más burdos de esta contradicción.  

DOCTOR TRÓNICO Y EL «MARXISMO CULTURAL»

Otro integrante de la comunidad SSH, Doctor Trónico, quien también se autocalifica como «divulgador científico», intenta quedar bien con todos, pero cae en contradicciones insalvables debido al mismo sesgo ideológico contra lo «posmo». P. ej. en octubre, aparentemente por accidente, republicó un video de la página Saber Humano sobre «marxismo cultural» que consistía en dos partes, el cual denuncié en un comentario. La publicación fue borrada por Doctor Trónico, luego también fue borrada por Saber Humano, e incluso el video original en Youtube ya no está disponible. Sin embargo conservo un pantallazo de la publicación de Saber Humano, quien respondió que «Dr. Trónico trabaja con nosotros y es admin de la página Saber Humano y quiso compartir el video para promover esta Iniciativa que estamos llevando».
 

Mientras, aun está el primer posteo de Saber Humano sobre marxismo, pero extrañamente el original de Youtube también ha sido borrado. Por cierto, es notable que pretenda hacer un deslinde ideológico cuando directamente dice que promueve el «marxismo cultural». Y borrar la publicación, con la denuncia incluida, deja ver la deshonestidad con la que, en efecto, se pretende «promover esta iniciativa».

Publicación original sobre «marxismo cultural» de la página Saber Humano,
que afirma que Doctor Trónico es su administrador.
Tanto la publicación como el video de Youtube han sido eliminados. 

Sin embargo al día siguiente Doctor Trónico publicó «¿Nos hemos vuelto hipersensibles?». No es coincidencia. Nuevamente: tienen que usarse categorías que en absoluto son científicas, «hipersensibilidad» (como «victimismo», o más burdamente «generación de cristal»), para descalificar la crítica, y en este caso una fundamentada científicamente contra la conspiranoica del «marxismo cultural». Es decir, no hay un argumento racional científico, sino una reacción ideológica ‘antiposmo’, que enmascara un sesgo político incompatible, una y otra vez más, con «el respeto por los seres humanos». No se puede dejar de notar en esto el mismo sectarismo político propio de los republicanos pro-Trump (Edsall 2020).

Podría pensarse que el borrado inmediato de este fiasco, que es exactamente el mismo conspiracionismo anticiencia que todo el tiempo critican y del que se burlan, y siendo también un conspiracionismo antiderechos, que es lo más grave contra el humanismo, se deba a que Doctor Trónico y Saber Humano hayan tenido un desliz de ‘ingenuidad política’, pero no: poniendo esto en el contexto de la postura ‘antiposmo’ de la SSH, aquí la elección del «marxismo cultural» no es gratuita, sino una manera deliberada de afirmar el mismo rechazo a las luchas sociales (aunque tiene publicaciones a favor de la protesta Fuera Merino, lo que deja entrever que el problema es con el feminismo), que, nuevamente, va contra el propio activismo pro-gay. De hecho, Doctor Trónico dice que le «ENCANTA la política» (énfasis original). Este nudo de incoherencias llega a ser ridículo, porque Doctor Trónico, junto con Manzana Escéptica, lanzaron una crítica a Chinda Brandolino, quien es, nada menos también, ¡una promotora del «marxismo cultural»! La miopía social en medio de esto tampoco es gratuita. Por un lado Doctor Trónico promociona el tema que precisamente está enfrentando a feministas en contra y LGBTs a favor: los vientres de alquiler, que, a fin de cuentas es la deshumanización del embarazo reducido a ‘técnica’, «consolidado en un modelo mayoritariamente mercantilista que atenta no solo contra los derechos humanos, sino que constituye una inmensa injusticia global. La vulnerabilidad y la precariedad, dada la asimetría entre las partes concernidas, no pueden ser descontadas de una estimación ética y política de la gestación subrogada» (Guerra-Palmero 2017).


Y por otro lado cuestiona las Ciencias Sociales. (No es que no sean cuestionables, sino que esto es más del muy notorio sesgo a favor de las «ciencias exactas».) 


SSH Y MIKLOS LUKACS

El primer «Foro Nacional sobre la Cuarta Revolución Industrial» en Perú de la SSH y que reúne a su comunidad, se celebró el 28 y 29 de noviembre 2020. Entre los ponentes de este foro está Miklos Lukacs, quien ya ha estado antes en Manzana Escéptica. Lukacs, que tiene una actitud crítica dentro de esta comunidad hacia el excesivo optimismo futurista, retwittea a Agustín Laje (autor argentino antifeminista y conservador difusor del «marxismo cultural»), a Rafael Rey (político peruano miembro del Opus Dei, que en el canal de televisión Willax presentó falsa evidencia contra la protesta Fuera Merino), adula a Martha Chávez (política fujimorista que sigue representando lo más falto de conciencia social en la política peruana), antifeminista, homófobo, conspiranoico. Vergonzosamente, han sido censuradas las denuncias vertidas en el anuncio de este foro en las páginas de Facebook de la SSH y Manzana Escéptica, sobre las publicaciones nefastas de Lukacs y su inclusión en el foro, a pesar de ellas. 

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CONCLUSIÓN: LA IMPOSTURA DEL HUMANISMO SECULAR PERUANO

Volviendo a la «Cuarta Revolución Industrial» de la SSH para el Perú, ésta trata sobre la supuesta proliferación de la tecno-economía «ciborg», que es un concepto del Foro Económico Mundial (FEM): estamos en primer lugar ante un tema de oportunidad de negocio, empresa, élites de poder dominadas por hombres, y neoliberalismo. Bastante luego, viene lo científico. De hecho, una búsqueda de «cuarta revolución industrial» o «fourth industrial revolution» en internet arroja resultados de negocios y economía, no precisamente ciencia. Asuntos de cálculos de costo/beneficio que nos remiten al ser humano psicópata egoísta de Adam Smith y John Stuart Mill. En cuanto al aspecto científico, que en esta «revolución» inventada por el FEM se reduce a ser un medio para crear nuevos mercados de consumo, las bases tecnológicas son casi exclusivamente de los campos de la matemática y la física (internet, digitalización, sistema ciberfísico, inteligencia artificial). Lo demás científico supone avances asociados a la neurología y la genética, siempre según el FEM. Parece muy natural que mientras las revoluciones industriales catapultan los avances de las «ciencias exactas», hoy se siga cuestionando que las ciencias sociales sean ciencias de verdad. 

De hecho, si parece hasta imposible imaginar la más remota revolución «tecnológica», supongamos de alguna manera, que involucre a la psicología o la asistencia social, por ejemplo, ¿esto se debe a que «esos» asuntos, como los sentimientos o las relaciones interpersonales, son «objetos imposibles» para la ciencia? Viendo las ponencias de este foro de la SSH, vemos que es el caso, porque entre sus exponentes hay incluso un psicólogo que nos habla de biología, y un físico nuclear que nos habla de las culturas ancestrales del Perú. (Esto me recuerda que ya antes Doctor Trónico ha preferido invocar a un físico como «especialista» para hablar de la conducta, pero seguramente jamás traeremos a un psicólogo para hablar de teoría cuántica.) Esto, en Perú, se llama ciencia «chicha»: es informal, una mezcolanza, un entrevero, como todo en Perú. En una palabra… «posmoderna». Y en contraste con la irrealista euforia sobre un tecno-futuro que nos salvará de todos los males, el solo hecho de que hoy una tecnología de practicidad inmediata, como la vacuna contra el covid-19, reafirme la desigualdad a escala global con los países pobres en el peor escenario de acceso a esta tecnología médica (Ojo Público 2020), nos da una proyección realista de cómo pueden ahondar la desigualdad socioeconómica otras tecnologías marketeadas como liberadoras de la humanidad. Bajo el contexto actual, es previsible, además, el aumento de la desconfianza de las personas hacia la ciencia, y un empeoramiento proporcional y reflejo del sectarismo y conservadurismo político de los humanistas secularistas. 

Si tras más de 300 años de ciencia moderna donde hemos sido capaces de llegar a la Luna y fotografiar un agujero negro, pero no podemos tener un marco teórico similar a la evolución o la gravedad sobre la conducta o las emociones, ¿significa que éstas no se pueden estudiar científicamente?, ¿o quizás existe una larga tradición de creencias y filosofías precientíficas que han construido una insalvable norma social de que, precisamente, «lo mental» pertenece a un ámbito ajeno a la ciencia? Puestos en un amplio contexto histórico muchísimo anterior a 300 años, quizás desde los griegos, la segunda cuestión parece darnos la mejor respuesta. Y aterriza de la peor manera en Perú. Por otro lado, algo que es más importante: es extraño celebrar este foro cuando la realidad peruana sigue inmersa (desde la colonia) en el problema de la explotación laboral en el campo, y los conflictos sociales sobre la minería y la contaminación, todos involucrando como directos causales a las grandes empresas, y las políticas estatales que las favorecen. Solo para mencionar dos de tantos asuntos socialmente sensibles (ya vimos que esta comunidad rechaza la lucha feminista). Sin embargo, la respuesta de la SSH es tener más empresa todavía: «es el inicio del futuro» proclama, y pues, no lo van a detener unos posmodernos marxistas que bloquean carreteras: por una curiosa casualidad al día siguiente de terminado este evento, estalló el paro agrario, que se salda con un joven manifestante muerto (Santos & Zapata 2020). Y unos días antes, una semana de la protesta más grande del Perú, Fuera Merino, se saldó con dos manifestantes muertos por una violenta represión policial (Chávez 2020). 

Esta es la convulsionada realidad del Perú: dos movilizaciones sociales decisivas con tres muertos menores de 25 años de edad, en menos de un mes. Para octubre 2020 el país tiene 191 conflictos sociales, sobresaliendo los socioambientales vinculados a la explotación minera (Defensoría del Pueblo 2020). De aquí salen los insumos del futuro que promueve la SSH, pero el silencio ante la dimensión problemática de la minería es más grande que su optimismo futurista. En el mundo real pues, los jóvenes luchan por un Perú futuro donde no te asesinen por ejercer el derecho a la protesta, un Perú que deje de preferir al empresariado y atentar contra el trabajador. Y esto es inmediato a un Perú que supere la indiferencia hacia la justicia social por verla como «victimismo» y conspiranoica, un Perú donde lo relacional bajo el principio de la empatía es tanto o más importante que un sistema de costos/beneficios, dominado por hombres y una visión empresarial de la sociedad, tan susceptible de corrupción (aunque con el apoyo de figuras femeninas que actúan como machos psicópatas, como las fujimoristas Martha Chávez y Luz Salgado).


Porque el ejercicio misógino del poder (por su aversión a las mujeres como participantes) es algo profundamente arraigado en la sociedad peruana: la Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales (ENARES 2019) muestra que el 52,7% de la población piensa que la mujer debe ser madre y esposa antes que cumplir sus sueños, y el índice de tolerancia hacia la violencia a mujeres es de 58,9%. Tal problemática es sin más lo que enfrenta el feminismo como proyecto y acción sociopolítica directa, más allá de cuestionar los prejuicios cristianos vinculados. Y esto, de hecho, implica abolir no sólo la misoginia, sino también la homofobia, por lo que el antifeminismo, «no-feminismo» como prefiere llamarlo la SSH, es simple y llanamente la negación del humanismo. Como dice el psicólogo Steven Pinker al mostrar el declive histórico de la violencia (y a pesar de no estar completamente de acuerdo con él cuando funge de intelectual del neoliberalismo): «¿Quieres poner fin a las guerras? Deja que las mujeres gobiernen el mundo. No es 100% cierto: Thatcher, Gandhi, Kumaratanga pelearon, al igual que muchas reinas (…), pero algo de verdad: en Better Angels sostuve que el empoderamiento femenino es una de las principales causas de la disminución de la violencia». Con todas las excepciones y objeciones que quieran poner los pseudoescépticos del feminismo.


Hablamos de un Perú que reconozca y defienda su realidad multicultural, no que se pretenda negarla tras las falsas categorizaciones «posmo» o «marxismo cultural», porque ese «respeto por los seres humanos» tiene que ser honesto y estar en contacto íntimo con la realidad, no ser meras palabras vacías. Por ejemplo, «si bien los pueblos indígenas aislados han sobrevivido a diferentes embates históricos, las actuales presiones externas y la fragilidad de las instituciones encargadas de proteger sus derechos podría incentivar la desaparición de otros grupos que aún viven en aislamiento en la frontera de Perú y Brasil» (Torres 2020). En el contexto de los conflictos interétnicos en la selva peruana, los contactos con Occidente (hoy representado por las misiones cristianas, el narcotráfico, la agricultura ilegal, y la ineficiente presencia del Estado) agravan las ancestrales rivalidades entre indígenas, por lo que es bastante razonable la crítica a estas formas aberrantes de ‘occidentalización’, y mejor aun, la defensa misma del aislamiento indígena. No tiene ningún sentido calificar esto como «victimismo» ni «posmodernismo» indigenista. Y el transhumanismo queda totalmente fuera de contexto sobre los aspectos socialmente sensibles del Perú real. Necesitamos un Perú profundamente humanista, esto es, bajo un marco sociopsicológico más que tecnoeconómico. Los ideales humanistas, que hacen falta en el Perú por supuesto, no deberían distorsionarse por la informalidad que nos caracteriza idiosincráticamente en tantos ámbitos, como una impostura cientificista que por ser superflua y socialmente miope termina reproduciendo el discurso conservador cristiano, aversivo a la justicia social y reaccionario conspiranoico. Porque no basta con negar a Dios. 



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