16 febrero, 2011

LA CIENCIA COGNITIVA DE LA RELIGIÓN Y EL DILEMA EPISTEMOLÓGICO DE LA PSICOLOGÍA Y LA PSIQUIATRÍA

Jorge L Tizón1 escribió en 1978 que «Toda ciencia constituye tarde o temprano su propia crítica epistemológica y esto es lo que está comenzando a suceder en el terreno de la psicología y psiquiatría.» Sin embargo, en aquellos años la autocrítica era más bien «cosmética», como lo era la postura anti-psiquiátrica, es decir, estaba realmente dirigida a conceptos que sustentaban las definiciones de «enfermedad mental.» Por ejemplo, la agonizante exclusión de la homosexualidad de los listados de enfermedades mentales, removida por completo del Manual Estadístico Diagnóstico hasta 1987 (fecha de publicación del DSM III-R).  El objeto de estudio de la psicología y psiquiatría no era de momento contendido. Al respecto afirmaba contundentemente Tizón: «Creo que hoy hay que proclamarlo abiertamente: utilicemos la perspectiva y el modelo que utilicemos, el objeto de la psicología (y de todas sus ramas) no es hoy “el alma”, “la mente”, “el psiquismo”, sino la conducta del organismo en tanto que observable.» Para superar el fisicalismo implícito a esta definición la complementó agregando: «La psicología es la ciencia de la conducta (significante), es decir, de la conducta que (automáticamente) está dotada de significación por el mero hecho de existir…» De alguna forma, las críticas de éste autor conservaban el elemento reaccionario para con los modelos biológicos de la conducta, a lo que él llama «imperialismo del modelo médico.»

Y aunque la psicología podía operar relativamente bien con estas definiciones, la psiquiatría –como disciplina médica que es- continuaba reclamando su propio «objeto» (biológico) de estudio. Y evidentemente que no podía ser el cerebro como un todo, dada la diversidad de procesos y funcionalidades que coordina. Si revisamos el listado vigente de «enfermedades mentales» constataremos esta «fractura» neurofisiológica. Algunos desórdenes tienen que ver con la capacidad de aprendizaje, el manejo de información y capacidad cognitiva (ej. Subnormalidad Mental, Trastorno matemático), otros con el impulso sexual, la conducta alimenticia, el procesamiento del lenguaje (ej. tartamudeo), las capacidades sociales, e incluso con la destrucción masiva del cerebro (demencias). Prácticamente el único común denominador que encontramos a lo largo de todos estos criterios consensuados es que se trata de síndromes conductuales descritos en términos de manifestaciones específicas para el ser humano.

La Ciencia Cognitiva de la Religión, materia de este blog, apunta a una posible solución a la confusión epistemológica de psicología y psiquiatría,  en tanto que ha sido una vía alternativa para aislar componentes neurobiológicos que son relevantes al «Cerebro Social.» Es decir, ha puesto de manifiesto que existen un conjunto de funcionalidades innatas sobre los que se desarrolla la singular capacidad ultrasocial del ser humano, la cultura misma. Un buen número de los desórdenes psicopatológicos exhiben de una forma u otra alteraciones de estos submódulos cerebrales: la detección de agencia, la Teoría de la Mente, «Mental Time Travel» (Viaje Mental en el Tiempo) -el desplazamiento alternativo entre la memoria episódica y escenarios futuros hipotéticos- la empatía, la capacidad para establecer vínculos afectivos (bonding), o las «intuiciones morales». En realidad, esta es una propuesta que data cuando menos del 2002, cuando el Group for the Advancement of Psychiatry (GAP) propuso2 lo siguiente:
Tal fundamento [el cerebro social] consideraría a los desórdenes comúnmente tratados por los psiquiatras en términos a la base fisiológica de la cual se desvían, tanto como las enfermedades del corazón son entendidas como desviaciones de la función cardíaca normal. El área fisiológica clave para la psiquiatría es el cerebro social.
[...]
En contraste al modelo biopsicosocial convencional, la formulación del cerebro social enfatiza que todos los factores psicológicos y sociológicos son biológicos. La psiquiatría No-biológica y No-social no puede existir.
Mucho de lo que conocemos como mentalidad es realmente el Cerebro Social en acción. Ciertamente una propuesta de este tipo podaría el dominio material de psicología y psiquiatría, el universo de posibles objetos de estudio a que se refieren,  pero ganarían consistencia interna y un lugar más claro en el conjunto de las ciencias.  El resto de «conductas» exclusivamente humanas irían a sus respectivas áreas en neurociencia, y otras quizás conformarían una verdadera «etología humana» (enfoque conductista).

Notas:

1. Tizón L Jorge, 1978, “Introducción a la Epistemología de la Psicopatología y la Psiquiatría”, editorial Ariel, España.

2. The Social Brain: A Unifyng foundation for Psychiatry. LETTER TO THE EDITOR.


Temas relacionados:

23 comentarios:

  1. Parece que se borró mi comentario:
    Creo que tenemos que esforzarnos para minimizar los malentendidos. Este artículo genera malentendidos porque pretende describir la postura conductista refiriéndose a las ideas de un autor que no es conductista.
    El autor mencionado (Jorge L Tizón) no es conductista sino "psiquiatra en atención primaria y psicoanalista, además de psicólogo y neurólogo":
    http://www.herdereditorial.com/section/1190
    Me parece legítimo que se analicen las ideas de Jorge L. Tizón, o de cualquier otro autor. Lo que no es legítimo es que se lo considere representativo de la perspectiva conductista, cuando es evidente que el autor no pertenece a esa tradición. Aquí hay un sitio español en el cual pueden chequear de qué se trata el conductismo contemporáneo:
    http://www.conducta.org/
    El sitio permite formular preguntas, lo cual les permitiría comprobar (en caso de existan dudas) si un determinado autor es o no es conductista, y en caso afirmativo, a cuál de las distintas vertientes del conductismo pertenece.

    ResponderEliminar
  2. Hola seeker,

    En efecto, Tizón no es conductista, pero en realidad su definición de conducta no entra demasiado en conflicto con la del conductismo, si acaso en tanto que considera esenciales los aspectos semánticos de la misma. Sin embargo, mi mención de éste autor fue para señalar la crisis interna de psicología y psiquiatría, y no en particular del conductismo. Y es que para la psiquiatría actual la definición de psicología como estudio de la conducta obsevable, o de la conducta significante, es insuficiente. Y la actual propuesta conductista, la conducta como procesos que se desarrollan en el tiempo, no parece haber tenido eco fuera del propio círculo. Lo que sí pienso es que, fuera de términos, las diferentes escuelas van gradualmente aproximándose y ello ha sido gracias a las neurociencias.

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Hola Luis. No estoy de acuerdo con varios puntos de tu post y de tu último comentario. Primero, no creo que la propuesta de Tizón sea similar a la del conductismo (si querés lo podemos discutir, pero eso requeriría que definas adecuadamente el conductismo). Segundo, no creo que la psicología esté “en crisis”. Me gustaría ver cuál es tu evidencia para afirmarlo. Tercero, creo que estás pasando por alto las diferencias entre “psicología” y “psiquiatría”, que no son sinónimos. Cuarto, no creo que la definición conductista sea “insuficiente”, pues incluye todos los eventos psicológicos (también los eventos privados). Si querés lo podemos discutir, pero eso requeriría que definas adecuadamente el conductismo. Quinto, la propuesta conductista sí que ha tenido mucha influencia en la disciplina (aunque no siempre se reconozca explícitamente, pero no hay que confundir una cosa con la otra). Sexto, no creo que haya “diferentes escuelas” en la psicología: lo que hay son diferentes “subdisciplinas” que investigan diferentes aspectos del mismo objeto de estudio (e.g. psicología cultural, psicología del aprendizaje, psicología de la percepción, psicopatología, psicología clínica). Séptimo, no creo que “las escuelas se aproximen gracias a las neurociencias”: las neurociencias son una subdisciplina tan importante como las demás subdisciplinas.

    ResponderEliminar
  4. Caray seeker, me llama la atención que no acuerdes con algo tan evidente, la crisis epistémica de psicología y psiquiatría. La misma evolución del DSMs es prueba de ello, y como comento en la entrada se requiere de un nuevo paradigma. Aquí hay otro artículo reciente que considera a la psicología evolucionista como prospecto, además de la neurociencia (que al final son ciencias vinculadas a la biología):

    "La psicopatología evolucionista permite entender los trastornos mentales como conductas adaptativas en su origen, pero desajustadas en el individuo que las padece"

    La solución no va aparecer de análisis semánticos, definiciones precisas, ni precisiones contenidas en modelos categóricos/politéticos del DSM. Ni el conductismo, ni el psicoanálisis, ni las propuestas más sociológicas van a dar más de sí.

    Saludos

    ResponderEliminar
  5. Es cuestionable que apeles a que “es evidente”, porque esta apelación sólo demuestra que estás confiando demasiado en tus supuestos, en lugar de someterlos a un debate conmigo. El DSM no es “prueba” de nada: es una clasificación propuesta por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) para fines prácticos e institucionales (no es una teoría científica, si bien la APA intenta que la clasificación no contradiga las evidencias de la psicología experimental, la neurociencia, y la farmacología). No hay razones para creer que “se requiere de un nuevo paradigma” en psicología, y no hay razones para creer que el conductismo y la sociología “no van a dar más de sí”. En lo único que coincido con vos es en que el psicoanálisis posiblemente no va a dar nada más de sí, puesto que sus hipótesis principales carecen de evidencia, y hace rato se ha dejado de lado de tener en cuenta en la psicología experimental.

    ResponderEliminar
  6. Me refiero a la historia del DSM, como prueba. Inicialmente la agenda del DSM 111 fue salir con una clasificación totalmente a-etiológica, sin presunciones teoricas de ninguna escuela, salvo las estadísticas. Sin embargo, se infiltraron gradualmente elementos psicoanalíticos en clasificaciones posteriores (ej. propuestas de escalas para los "mecanismos de defensa"). Finalmente se expresan de manera creciente criterios dimensionales/biológicos/médicos. Es decir, el DSM actual posee un eclectisismo "politético" en sus clasificaciones.

    En cuanto al psicoanálisis, no creo que las hipótesis carezcan totalmente de evidencia. Se trata más bien de un prejuicio comprensiblemente reactivo a una etapa muy dogmática del psicoanálisis. De hecho, se ha señalado que "elementos psicoanalíticos" condicionan a menudo el mayor o menor éxito de otras formas de terapia.

    Saludos

    ResponderEliminar
  7. Luis, estás sosteniendo afirmaciones muy radicales, en base a evidencia ínfima o nula.
    El DSM no es una teoría científica sino una clasificación convencional de la American Psychiatric Association, y no es lo mismo “psiquiatría” que “psicología”. El DSM no constituye evidencia para que afirmes que “la psicología está en crisis” o que “la psicología necesita un nuevo paradigma”. A lo sumo, podés afirmar que “la psiquiatría necesita una clasificación más rigurosa que el actual DSM”, con lo cual coincido, pero no creo que esto implique ninguna de tus otras afirmaciones.
    Tu opinión de que el conductismo y la sociología “no van a dar más de sí” carece de toda evidencia. Lo mismo ocurre con tus comentarios sobre el psicoanálisis. No hay ninguna evidencia a favor de sus hipótesis centrales (el inconciente freudiano, la represión, el retorno de lo reprimido). Tampoco hay evidencia de que “elementos psicoanalíticos” condicionen el éxito de otras terapias. Sí existe evidencia a favor de algunos tratamientos psicodinámicos breves, pero estos tratamientos no adoptan las hipótesis centrales del psicoanálisis (por eso es que se denominan "psicodinámicos" en vez de "psicoanalíticos").

    ResponderEliminar
  8. Ciertamente el DSM no es una teoría, ni nunca he dicho que lo sea. Sin embargo, refleja la tensión eclética/politética de los varios modelos (basta leerlo). La orientación estadística del DSM se reduce a consensos cambiantes, en franca crisis (¿leíste la liga que te puse?) por falta de paradigmas unificadores.

    Ahora eres tú el que habla del psicoanálisis como si nunca hubiese evolucionado, como si se tratase de las propuestas originales de Freud, de sus alumnos o de lo teorizado a principios del siglo pasado. Las terapias psicodinámicas son desarrollos del psicoanálisis, con las modificaciones de parámetros terapéuticos que todos conocemos. Y claro que existe evidencia y meta-análisis para esta psicoterapia. Hoy en día los básicos para una buena relación cliente-terapeuta (la llamada Alianza Terapéutica) están tomados del "prototipo psicodinámico" (ver artículo), independientemente de la orientación teórico-terapéutica a que te suscribas.

    ResponderEliminar
  9. Luis: En primer lugar, ¿cuál es tu evidencia para afirmar que el conductismo y la sociología “no van a dar más de sí”? Hasta ahora, no diste ninguna justificación plausible. Ambas disciplinas están ofreciendo investigaciones relevantes (no sé si estás enterado de ellas), así que no veo razón para tu afirmación.
    En segundo lugar, ¿por qué tomás al DSM como indicador del status epistémico de la psicología, siendo que el DSM es un sistema diagnóstico de la psiquiatría? ¿Acaso estás confundiendo psicología con psiquiatría? Es evidente que son disciplinas distintas, y que no podés generalizar las conclusiones de una disciplina a la otra. Con analizar la historia del DSM no ofrecés evidencia de ninguna “crisis epistémica” en la psicología. Si querés averiguar el status científico de la psicología, no tenés que consultar el DSM, sino la base de datos de la disciplina (http://www.apa.org/pubs/databases/psycinfo/index.aspx) y los journals principales de psicología experimental. Si lo hacés, verás que no hay razón para hablar de ninguna "crisis".
    En tercer lugar, el tema del psicoanálisis es controversial, porque el núcleo teórico carece de evidencias, aunque algunos elementos periféricos podrían ser rescatables. Aquí no mencionás que el artículo que enlazaste fue seguido de una polémica (podés chequearlo en la misma revista). Mi postura es que hay que rescatar lo rescatable y descartar lo descartable, según indique la evidencia.
    En cuarto lugar, todavía no justificaste tu opinión de que “la psicología necesita un nuevo paradigma”. La psicología ya tiene un conjunto de programas de investigación fructíferos. No hay ningún indicador de “crisis” en un sentido kuhniano. Tampoco hay ninguna necesidad de que una disciplina tenga que adoptar un “paradigma único”: esto implicaría una imposición ideológica, lo cual resulta completamente ajeno a la actitud pluralista de la ciencia. Leahey argumenta al respecto: “We need not assume that Kuhn is good philosophy of science, and instead rescue psychology from the Procrustean bed of Kuhnianism. His various theses have been roundly criticized (Suppe, 1977), and the trend in history and philosophy of science today, excepting Cohen, is toward emphasizing continuity and development instead of revolution. In the revised edition of The Structure of Scientific Revolutions (1962/1970), Kuhn retracted many of his more ontroversial and radical proposals, although many psychologists remain unaware of it (Coleman & Salamon, 1988)... In place of a story of revolutions, one can tell psychology's story as a narrative of research traditions (Laudan, 1977; Maclntyre, 1977, 1981)”. El artículo completo está en:
    http://www.radford.edu/~tpierce/622%20files/Leahey%20(1992)%20The%20mythical%20revolutions%20of%20american%20psychology.pdf

    ResponderEliminar
  10. Luis, no sé si decidiste abandonar este debate y el que manteníamos en el Foro, o es meramente una demora en las respuestas, pero me parece que son temas relevantes para los objetivos de este blog:
    (1) Estás haciendo afirmaciones sin evidencias al decir que el conductismo y la sociología “no van a dar más de sí”. Deberías argumentarlo, o bien reconocer que es una opinión sin evidencia.
    (2) La desestimación de los estudios psicosociales constituyen (en mi opinión) una deficiencia sistemática en este blog. No han incorporado aún los aspectos psicosociales relevantes para el estudio de la religión, como los estudios sociológicos acerca de las diferencias ideológicas y políticas entre ateos y teístas (e.g. Zuckerman, Pasquale, Beit-Hallahmi), o los procesos psicosociales de transmisión y modificación de ideas (e.g. Sperber). No se puede entender a la religión ignorando estos aspectos.
    (3) Una consecuencia de esta deficiencia sistemática es la versión caricaturizada (que Antonio suele utilizar en el Foro) de los ateos y seculares (como si pretendieran “eliminar” a los creyentes y a las religiones). Es evidente que su versión caricaturizada no proviene de estudios psicosociales de ateos y seculares (basta leer los estudios reales para notarlo), sino de información puramente anecdótica.

    ResponderEliminar
  11. Las diversas disciplinas que estudian la conducta, y el funcioniamiento mental, están claramente en un impasse teórico-práctico. No digo que no haya avances, sino que estos son relativamente pocos para los últimos 30 años.

    Es por ello que te he insistido que el progreso en neurociencia es indispensable para conductismo y demás ciencias. Por ejemplo, es un gran avance, aunque aún sin consecuencias prácticas, el conocimiento del papel de los núcleos laterales de la amígdala en las asociaciones entre estímulos incondicionados y condicionados, o del papel de la corteza frontal ventromedial en la extinción. Se necesita, sin embargo, un mayor conocimiento cumulativo para que despeguen todas estas ciencias relevantes al estudio de la conducta.

    Ahora, si tú crees tener información adicional proveniente de estudios psicosociales, y que ayude a comprender la dinámica crediticia de los grupos sociales, o al papel determinístico que juegan las creencias (ateas o religiosas) puedes abrir un tema en el foro y lo analizamos. Por ejemplo, no dudo que una actitud sistematizada contra la existencia de MIs tenga algún efecto sobre la dinámica psicológica. Lo que no veo es como los aportes que señalas ayuden a clarificarlo.

    Saludos

    ResponderEliminar
  12. En primer lugar, seguís haciendo afirmaciones sin evidencias. ¿Dónde argumentaste que “están claramente en un impasse teórico-práctico”? Desde el inicio de este debate te lo vengo discutiendo, y hasta ahora, no ofreciste absolutamente ninguna evidencia del supuesto “impasse” en la investigación del conductismo, la sociología, o la psicología cognitiva. Sólo mencionaste los debates internos en la psiquiatría, que no pueden generalizarse a las otras disciplinas mencionadas.
    En segundo lugar, no es que yo “crea” tener información de estudios psicosociales: esa información existe, y está al alcance de cualquier persona que desee evaluarla. No me pidas que haga el trabajo por ustedes, que son los dueños del blog. A lo sumo, puedo colaborar ofreciéndoles las referencias bibliográficas:
    Altemeyer y Hunsberger. 1997. Amazing conversions: Why some turn to faith and other abandon religion.
    Beit-Hallahmi. 2006. Atheists: A psychological profile.
    Beit-Hallahmi. 2009. Morality and immorality among the irreligious.
    Bromley. 1988. Falling from the faith: The causes and consequences of religious apostasy.ç
    Caldwell-Hasrris, Wilson, LoTempio, Beit-Hallahmi. 2010. Exploring the atheist personality: Well-being, awe, and maginal thinking in atheists, buddhists, and christians.
    Campbell. 1972. Toward a sociology of irreligion.
    Caplovitz y Sherrow. 1977. The religious drop-outs: Apostasy among college graduates.
    Caporale y Gumelli. The culture of un-belief.
    Demerath y Theissen. 1966. On spitting against the wind: organizational precariousness and american irreligion. The American Journal of Sociology 7, 6.
    Demerath. 1969. A-Religion and the rise of the religion-less church: Two case studies in organizational convergence. Sociological Analysis 30, 4.
    Dudley. 1978. Alienation from religion in adolescents from fundamentalists religious homes. Journal for the scientific study of religion 17, 4.
    Feigelman, Gorman, Varacalli. 1992. Americans who give up religion. Sociology and social research 76.
    Flynn. 2007. The New Encyclopedia of Unbelief.
    Hout y Fischer. 2002. Why more americans have no religious preference: Politics and generations. American sociological review 67.
    Hunsberger y Altemeyer. 2006. Atheist: A groundbreaking study of America´s nonbelievers.
    Hunsberger. 1980. A re-examination of the antecedents of apostasy. Review of religious research 21.
    Hunsberger. 1983. Apostasy: A social-learning perspective. Review of religious research 25.
    Keysar y Kosmin. 2007. International Survey Worldviews and Opinions of Scientists.
    Kosmin y Keysar. 2006. Religion in a free market: Religious and Non-Religious Americans—Who, What, Why and Where.
    Kosmin y Keysar. 2007. Secularism and secularity: Contemporary international perspectives.
    Kosmin y Keysar. 2009. Secularism, women & the state: the Mediterranean world in the 21st century.
    Martin. 2007. The Cambridge Companion to Atheism.
    Marty. 1966. Varieties of unbelief.
    Mauss. 1969. Dimensions of religious defection. Review of religious research 10, 3.
    Norris y Inglehart. 2004. Sacred and secular: Religion and politics worldwide.
    Russell Hale. 1980. The unchurched.
    Sperber. 1996. Explaining culture: A naturalistic approach
    Sherkat. 2008. Beyond belief: Atheism, Agnosticism, and theistic certainty in the United States. Sociological Spectrum 28.
    Talal Asad. 2003. Formations of the secular: Christianity, Islam, and Modernity.
    Zuckerman. 2007. Atheism: Contemporary numbers and patterns.
    Zuckerman. 2008. Society without God: What the least religious nations can tell us about contentment.
    Zuckerman. 2009. Atheism, Secularity, and Well-Being: How the Findings of Social Science Counter Negative Stereotypes and Assumptions. Sociology Compass.
    Zuckerman. 2010. Atheism and Secularity.

    ResponderEliminar
  13. Definitivamente, toda la montaña de datos y enfoques de la sociología, psicología y filosofía exige un diálogo con la neurociencia. La labor de este blog es en cierto sentido (o según el tema) el revés del sentido típico ya bien sentado de direccionalidad humanidades → neurociencia: se parte de la neurociencia para encontrarnos con las humanidades.

    Saludos

    ResponderEliminar
  14. Antonio, coincido con vos en la importancia del “diálogo con la neurociencia”, pero un “diálogo” requiere la participación de ambos interlocutores. Me parece bien que se explore la direccionalidad bottom-up (neurociencia → humanidades), pero eso no justifica ignorar o tergiversar los estudios psicosociales. Te pregunto: ¿te parece adecuado hacer afirmaciones sin ofrecer ninguna evidencia que las respalde (como hace Luis al decir que “El conductismo y la sociología no van a dar más de sí”)? ¿Te parece adecuado sacar conclusiones sociológicas sobre los ateos sin haber siquiera revisado las investigaciones sociológicas sobre la población atea (como hacés vos en el foro, al atribuirles “la caricaturización de la razón y el apropiamiento grosero de la ciencia”)? Yo valoro el objetivo que planteaste (explore la direccionalidad bottom-up). Pero no en un contexto de tergiversación de los estudios psicosociales. Es falso lo que dice Luis: el conductismo y la sociología siguen generando evidencia indispensable para abordar este tema. Es falso lo que planteás en el foro: los estudios sociológicos de personas seculares muestra una diversidad de actitudes hacia la razón, la religiónm o la ciencia, y no es correcto que les atribuyas las actitudes del (mal llamado) “neoateísmo”, que surgió en respuesta a un contexto sociocultural norteamericano (el conservadurismo protestante y los ataques del 11-S). No vas a encontrar las mismas actitudes, por dar un ejemplo, en los ateos escandinavos (podés comprobarlo en “Society without God”, de Zuckerman). Si vas a hablar de un tema de la sociología, tendrías que chequear los estudios sociológicos antes de sacar conclusiones prejuiciosas.

    ResponderEliminar
  15. Veamos seeker, no estamos «tergiversando» datos estadísticos, y en concreto estos no dicen nada sobre los ejemplos patentes de caricaturizaciones de la razón que referí en el foro. Las aproximaciones puramente conductuales y sociológicas ciertamente no van a dar más de sí, y para que sí lo hagan se necesita que se incorporen la psicología y la biología. Un buen ejemplo es Rees (2009) (su blog lo tenemos aquí casi siempre encabezando nuestra lista de BLOGS DE INTERÉS), cuyos correlatos estadísticos NO SON EXPLICACIONES CAUSALES: para el porqué la inseguridad nacional correlaciona con la fuerte religiosidad hay que recurrir a la psicología, o sea, se trata del impacto de la política y la economía en el individuo y los sesgos naturales que hayan en su cabeza.

    Un correcto ejemplo de tergiversación sería tu errónea interpretación de la contraintuitividad mínima, que creías pues que era una explicación unilaterial (cognitivista) de porqué alguien creen en Dios o lo niega.

    Saludos

    ResponderEliminar
  16. Seeker,

    No pido que hagas el trabajo de nuestro blog o foro. Sin embargo, es evidente que no has podido aportar ningún mecanismo psicológico que explique la diferencia entre taxonomías crediticias, ni que las diferencias ideológicas entre ateos y religiosos se reflejen en diferencias procesales cognitivas. Y si no las encuentras es porque no las hay: ser ateo o teísta, naturalista ontológico o supernaturalista, no nos cambia en ningún aspecto básico ni trascendente.

    Saludos

    ResponderEliminar
  17. Antonio: en este último mensaje proponés complementar las aproximaciones conductuales y sociológicas con las aproximaciones cognitivas y biológicas. Coincido con esta propuesta. Pero en la frase previa de Luis (“Ni el conductismo ni las propuestas más sociológicas van a dar más de sí”) se entiende más bien una descalificación de esas disciplinas, y no una propuesta de complementación. Por otro lado, no creo haber tergiversado la hipótesis de la contraintuitividad mínima, sólo hice un cuestionamiento de que Luis y vos no hayan analizado los aspectos socioculturales y conductuales de este tema (no encontré ningún análisis de esos aspectos en este sitio). Por supuesto, con esto no pretendo desmerecer la relevancia de los aspectos biológicos. Al contrario, lo que planteo es la necesidad de una complementación entre las aproximaciones conductuales, sociológicas, cognitivas y biológicas, tal como vos mencionabas arriba. Si estás de acuerdo con el objetivo, no debería molestarte el cuestionamiento.
    Luis: sí que he aportado varias ideas (y lo sigo haciendo en el foro, lo cual podés chequear) para explicar la diferencia entre taxonomías crediticias, así que tu comentario me parece injusto. En cuanto a que no se reflejen “diferencias procesales cognitivas”, nunca fue ésa mi postura, así que no veo por qué debería yo demostrarla. Las diferencias no tienen por qué ser significativas en el nivel biológico, basta con que lo sean en el plano de las creencias y los argumentos. Aquí hay un estudio empírico donde se observan diferencias en el grado de pensamiento mágico entre creyentes y escépticos, mediante una operacionalización y medición del constructo “pensamiento mágico”:
    Lindeman & Aarnio. (2008). The Origin of Superstition, Magical Thinking, and Paranormal Beliefs (an integrative model)
    http://www.skeptic.com/eskeptic/10-09-08/#feature
    Luis: sí que he aportado varias ideas (y lo sigo haciendo en el foro, lo cual podés chequear) para explicar la diferencia entre taxonomías crediticias, así que tu comentario me parece injusto. En cuanto a que no se reflejen “diferencias procesales cognitivas”, nunca fue ésa mi postura, así que no veo por qué debería yo demostrarla. Las diferencias no tienen por qué ser significativas en el nivel biológico, basta con que lo sean en el plano de las creencias y los argumentos. Aquí hay un estudio empírico donde se observan diferencias en el grado de pensamiento mágico entre creyentes y escépticos, mediante una operacionalización y medición del constructo “pensamiento mágico”:
    Lindeman & Aarnio. (2008). The Origin of Superstition, Magical Thinking, and Paranormal Beliefs (an integrative model)
    http://www.skeptic.com/eskeptic/10-09-08/#feature

    ResponderEliminar
  18. Por alguna razón, quedó repetido el último párrafo y no puedo modificarlo.

    ResponderEliminar
  19. Pienso que no basta, como comentas, con que las diferencias sean significativas en el plano de las creencias y argumentos, con ello no se dice más que lo autoevidente. Y precisamente el artículo que enlazas da una cierta clave: las intuiciones (procesamientos) que dan origen al "core knowledge" no van a dejar de operar por uno hacerse naturalista ontológico, sino más bien quedan desplazadas o contenidas por el segundo procesamiento: las operaciones formales del pensamieno adulto.

    Seria interesante abundar sobre los efectos que el grado de sobrenaturalidad manifiesta (medida por las creencias) tenga sobre los procesamientos más automáticos (ej. asociativos/implícitos). Sin embargo, no creo que el simple hecho de creer o no en Dios sea lo suficientemente influyente. Sólo si en los individuos naturalistas se viera disminuído de alguna forma la influencia del "core knowledge" sobre otros procesos tendrías apoyo a tu tesis.

    Saludos

    ResponderEliminar
  20. Luis: lo que predice mi tesis no es una diferencia en el “core knowledge”, sino en la cantidad de errores categoriales al aplicar el “core knowledge”. Y esto es precisamente lo que encontraron Lindeman & Aarnio en su estudio empírico. Como dejan en claro los autores, el “core knowledge” (intuitive physics + intuitive psychology + intuitive biology) no tiene nada de “paranormal” o “mágico” en sí mismo: son las confusiones entre esas categorías ontológicas (físico, psicológico, biológico) las que definen al pensamiento mágico o paranormal. La cantidad de errores categoriales tiene diferencias entre los sujetos testeados.

    ResponderEliminar
  21. Soy Antonio. Parece que algunos problemas con mi Windows no me permiten cargar mi cuenta para postear, así que lo haré de todos modos.

    seeker, dices: «no encontré ningún análisis de esos aspectos [socioculturales y conductuales] en este sitio»

    Si hablamos de «injusticias» pues tu también sé un poco más justo con el blog: prácticamente todos los temas son sobre conducta y están enfocados en un aspecto sociocultural: la religión. Hay específicamente dos entradas sobre estudios estrictamente sociológicos (estadísticos) y otras cuatro entradas sobre estrictamente antropología, sociología y filosofía en general respecto al origen de la religión.

    Los análisis de todo esto, en lugar de conducirnos a encerrarnos en cuatro paredes socio -estadísticas, nos lleva siempre a mecanismos neuropsicológicos, no debidamente analizados. El fundamental, he llegado a la conclusión, es precisamente el pensamiento mágico, cuya manifestación pan humana y auténticamente universal (p.ej. evidenciada en escépticos, ateos y naturalistas) desborda las simplistas correlaciones estadísticas político-económicas (p.ej. bienestar social, fuerza del mercado liberal, índice de producto bruto, éxito democrático) que suelen emplear, en comparación, las explicaciones sociológicas de la religiosidad (aunque explicaciones ciertamente complementarias de los datos de herencia que hay por otro lado).

    Saludos

    ResponderEliminar
  22. Y, a Lindeman & Aarnio (2007) las tengo citadas en la 2da parte del artículo sobre el pensamiento mágico como referencia del apego a la contraintuitividad cual una de las partes estructurales de ello. El trabajo que refieres (2008), lo tengo en evaluación: la ‘confusión’ de los defaults cognitivos, tal como lo evidencian empíricamente, es algo que acuerdo del todo. Esta ‘confusión’ no es sino lo ya visto anteriormente bajo el concepto de ‘contraintuitividad mínima’ propuesto por Boyer (2001). Por cierto, Bloom (2004, 2007) ya ha planteado que la separación entre folk psychology y folk physics estructura el ‘sentido común dualista’, asunto que he discuto de acuerdo al data neurocientífico.

    Así pues: (1) tal evidencia de Lindeman & Aarnio está hallada con adultos, mientras pre-asumen que las 3 folks en los infantes no se ‘confunden’; (2) está demostrado neurocognitivamente (ya te he referido esto antes seeker) que hay un sustrato compartido por las 3 folks (además de las subregiones anatómicas más o menos independientes para c/u); (3) aún, la propia ‘confusión’ de folks o defaults responde a la maduración del cerebro, ciertamente dirigida genéticamente. Consistentemente, y como citado por Bloom, bebes de 1 años, y aún menores, atribuyen o extraen intención de objetos/eventos inertes (Csibra et al. 2003; Gergely 2003; Csibra 2008; Wagner & Carey 2009; Southgate & Csibra 2009)

    Es decir que Lindeman & Aarnio correctamente invocan el concepto ‘núcleo de conocimiento’ de autores como Carey, Spelke y Keil, pero en realidad esto no implica que las folks sean, como parecen presuponer ellas, módulos plenamente independientes que luego de los 3-4 años, recién, se traslapan. Tampoco consideran (y tu menos aún, algo sobre lo que hasta ahora no dices una palabra) el asunto del mental time travel (también naturalmente sobrenatural) y su emergencia justamente a esa edad, bajo mayor control genético que ambiental. Evidentemente, es cierto que surgen nuevos traslapados, pero hay fuerte evidencia de que pre-existe una ‘confusión’, lo que es además consistente con el neurodesarrollo infantil temprano (1-2 años). Así que, en tanto los bebes de 6.5 meses de nacidos atribuyen intención a objetos que no necesitan ser biológicamente animados y tampoco humanoides, afecta prácticamente en nada lo que comentas sobre un sobrenaturalismo innato.

    Saludos

    ResponderEliminar
  23. Me falto agregar lo más importante: que entonces, si bien puede hablarse de que sea luego de los 4 años que «aparece» el pensamiento mágico, lo que en realidad ocurre es que simplemente se hace más complejo. Aún, ese aparentemente «nuevo» pensamiento mágico es soportado por proliferaciones neuroconectivas reguladas genéticamente (la red por defecto). Lo innato es pues el pensamiento mágico: los infantes no nacen escépticos y luego se vuelven supersticiosos. El default es el pensamiento mágico, y el aprendizaje (p.ej. de conocimiento científico) simplemente lo modula (ni siquiera lo elimina, lo que puede afirmase con seguridad). Posteriormente publicaré evidencia de otras líneas de estudio que refuerzan este concepto, desde una perspectiva evolutivo-adaptativa.

    Por lo pronto, las diferencias crediticias (hay pues una diferenciación entre pensamiento y creencia mágica) siguen siendo de carácter más superficial y adquirido que profundamente neurogenético e innato (lo que ciertamente Lindeman & Aarnio no contradicen), tanto a nivel neurocognitivo como puramente eco-conductual.

    Saludos

    ResponderEliminar

ÍNDICE TEMÁTICO

FUNDAMENTOS
¿Qué pensamos? ¿Qué buscamos?

LO HUMANO
La unidad cerebro-sociedad-cultura

EL ROMPECABEZAS: EXPLICANDO LA RELIGIÓN
Diversas disciplinas confluyen para estudiar y explicar la religión
Generalidades
Modelos explicativos clásicos
Neurociencia