04 julio, 2010

¿QUÉ INTUICIONES? ¿CUÁL DUALISMO?


Por: Antonio Chávez
hnc.correo@gmail.com

En agosto próximo tendrá lugar en Canadá la reunión anual (2010) de la Asociación Internacional de la Ciencia Cognitiva de la Religión (IACSR en inglés), dentro del marco del veinteavo congreso mundial de la Asociación Internacional para la Historia de Las Religiones (IAHR). Algunas de las ponencias que me parecen interesantes (en realidad todas lo son) son la de Steven Horst*: «¿Qué intuiciones? ¿Qué dualismo?» y la de Afzal Upal: «El efecto de la contraintuitividad mínima visto en base al contexto». A continuación traduzco sus respectivos resúmenes (aún no están disponibles los artículos completos). Luego de cada uno comentaré.

• Steven Horst: «¿Qué intuiciones? ¿Cuál dualismo?»
Los defensores de la Ciencia Cognitiva de la Religión (CCR) han afirmado que el dualismo y la creencia en agentes no materiales son «intuitivos» (Bloom, Guthrie) o «contraintuitivos» (Boyer, Barrett). Sin embargo, estas afirmaciones requieren un mayor escrutinio filosófico sólo respecto a lo que se entiende por «dualismo», «creencia» y «(contra-)intuitivo».

El argumento de Bloom se basa en afirmaciones de los psicólogos del desarrollo sobre «sistemas nucleares de conocimiento» para objetos y agencia, explotando el hecho de que estos sistemas son disociables: el sistema de detección de agentes se puede activar sin que el sistema de objetos sea activado. (Esto parece consonante con la explicación pionera de Guthrie.) De hecho, los niños pueden aprender la habilidad adicional de triangulación de seres humanos y animales a través de los dos sistemas. En las explicaciones de Bloom y Guthrie, la capacidad de concebir agentes sin cuerpo no debería ser contraintuitiva ni causar disonancia cognitiva, al menos en una etapa temprana de desarrollo. Esto es lo que avala la afirmación de que somos «dualistas innatos». Pero el argumento no sostiene una verdadera visión dualista (una que afirme que los agentes son algo distinto de los cuerpos), ya que pensar en agentes sin pensar en cuerpos queda corto a pensar en agentes-sin-cuerpo, mucho menos como «sustancia pensante pero discontinua» (thinking but unextended substance).

Boyer y Barrett sugieren que los conceptos de agentes sin cuerpo surgen naturalmente cuando nuestros esquemas típicos de Teoría de la Mente y de Biología Intuitiva (folk biology) entran en contacto con nuestra capacidad de alterar los parámetros de estos esquemas para formar creencias mínimamente contraintuitivas como «mentes sin cuerpos». Tales conceptos están mucho más cerca de considerarse como verdaderamente «dualistas», aunque por supuesto no contienen todos los elementos de una metafísica dualista formal como la expresada por Descartes. Son «contraintuitivos» por lo menos en el sentido establecido por Boyer, pero también se podría argumentar que son «intuitivos» en el sentido de que las mentes humanas están muy sesgadas hacia formarlos y aceptarlos.

La competencia real de estas dos explicaciones puede depender de los detalles sobre el desarrollo de esquemas cognitivos básicos como el Núcleo de Agencia y la Teoría de la Mente. Por ejemplo, los defensores del Núcleo de Agencia (Spelke, Carey, Wynn) sostienen que ello se puede encontrar tan temprano en el desarrollo como lo podamos comprobar de forma fiable, mientras que el criterio más común para la Teoría de la Mente (la prueba de la falsa creencia) no es pasado hasta la edad de tres años. Esto sugiere que la Teoría de la Mente puede emerger más tarde, tal vez construida sobre un más primitivo núcleo del sistema de agencia que se comparte con muchas otras especies. Si este es el caso, entonces los dos argumentos pueden ser en realidad instantáneas de distintas etapas del desarrollo: el de Bloom de una fase temprana, antes del desarrollo de la Teoría de la Mente o biología intuitiva. En esta fase, los sistemas de agencia y de objetos pueden estar totalmente disociados y ser activados separadamente. La teoría de Boyer y Barrett puede reflejar una etapa posterior del desarrollo, en la que los esquemas para humanos y animales han llegado a incorporar criterios de objetualidad y agencia. En esta etapa, pensar en fantasmas o dioses como «personas sin cuerpos» se puede considerar como realmente contraintuitivo en la forma cognitivamente estimulante que Boyer sugiere.
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Respecto a la primera ponencia, en lo personal soy escéptico de en lo que recurrentemente los filósofos insisten como lo «filosóficamente correcto» sobre los conceptos, en este caso el que emplea Bloom, ‘dualismo’. De hecho, si nos basáramos en el DRAE resultaría que Bloom definitivmente no debería si quiera mencionar tal palabra. Sin embargo, como él mismo replicó en The Edge discutiendo el Dualismo Innato: «El dualismo que discuto es que el alma -la cual contiene los recuerdos, deseos, y la conciencia- es inmaterial, es distinta del cuerpo. Esta es la opinión expresada por René Descartes, pero también es expresada por Platón, Tomás de Aquino y Agustín, así como por muchos otros.» Así que no me queda claro qué dualismo «correcto» es el que requiere Horst para quedar satisfecho. Más aún, creo que sería problemático, por no decir innecesario, esperar que la cognición infantil aquí sea perfectamente equivalente a cómo los filósofos adultos definen ‘dualismo’. Además, no veo de qué otra manera pueda denominarse al hecho de que un niño pequeño se refiera a «su» cerebro tal y como a «su» juguete y aún en un adulto, refiriéndose similarmente a esa «sustancia discontinua» como a «su» automóvil o «su» casa. El cerebro y/o el cuerpo sí que parecen entendidos de modo innato como algo diferente de las emociones y los deseos («la mente»).

La sugerencia de Horst sobre las dos probables etapas cognitivas me parece en cambio bastante plausible. Previamente yo he sugerido que el núcleo de la agencia es en última instancia la detección de movimiento biológico, en tanto que visto en neonatos de tan solo 48 horas de nacidos. No parece posible ir más hacia atrás en el desarrollo infantil humano para identificar otro mecanismo como base nuclear; además este se ha identificado en otros animales. Parece pues, en efecto, que hay una secuencia movimiento biológico → agencia → ToM que de hecho condiciona o sesga a la cognición humana a intuir de modo inadvertido los contenidos «mentales» especialmente los emocionales, como algo diferente, sin disonancia cognitiva en los infantes, y cuando no idénticamente intuidos, por lo menos vistos como algo especial en cuanto a adultos, con o sin disonancia cognitiva. El concepto de mente-descorporeizada es suficientemente intuitivo acordando con Guthrie, pero resultaría que atributos explícitos como telepatía, telekinesia o trascendencia en el tiempo/espacio, lo que no es sino el «alma» en términos religiosos, sean productos del desarrollo de facultades cognitivas más sofisticadas y tardías en el desarrollo infantil, y no solo gracias a la Teoría de la Mente. Muy interesante y aquí oportuno es lo que comentó Bloom en The Edge: «la cuestión del alma inmaterial concierne al futuro -tu futuro, y el futuro de tus seres queridos

Efectivamente, el «alma» como concepto religioso no es posible sin cierta conciencia sobre el futuro (ausente en los infantes hasta los 2-4 años), sin poder visualizar escenarios y situaciones imaginarias en las que representamos al agente muerto (esto aún todavía después de los 6-7 años de edad). Este concepto «alma», su fácil aprendizaje y su aceptación cultural es posible no solo porque nuestra propia cognición tiende a fijar en la memoria las violaciones de lo que esperamos sobre el comportamiento de los agentes (p.ej. la narración de una «mente» atravezando paredes a voluntad o moviendo los objetos sin tener cuerpo físico captura la atención y la memoria), que es sobre lo que trata la siguiente ponencia, sino, adicionalmente pero de modo decisivo, porque tenemos Mental Time Travel (MTT) (así pues, también he sugerido, siguiendo a Tulving, que la misma contraintuitividad es posible debido a esta capacidad de transespaciotemporalidad representacional agentiva, que es resumidamente, una recombinación de emociones, recuerdos, planificación y abstracción).

• Afzal Upal: «El efecto de la contraintuitividad mínima visto en base al contexto»
El hallazgo de que los conceptos mínimamente contraintuitivos se recuerdan mejor que los intuitivos y que los máximamente contraintuitivos ha sido importante para muchos científicos cognitivos de la religión, que lo han utilizado para explicar la omnipresencia de los conceptos mínimamente contrarios a la intuición en las creencias religiosas alrededor del mundo. Los intentos para dar cuenta de las ventajas de la memorabilidad de los conceptos mínimamente contraintuitivos se pueden dividir en dos clases. El primer enfoque defendido en (J. Barrett & Nyhof 2001; Boyer 1994; Boyer & Ramble 2001) y más claramente articulado por Barrett en (J.L. Barrett 2008) enfatiza únicos aspectos psicológicos de los conceptos mínimamente contraintuitivos y está expresado en términos de una visión modular de la mente. El segundo enfoque presentado en (Upal 2005; Upal, Gonce, Tweney & Slone 2007) ve los conceptos mínimamente contraintuitivos como ideas que violan las expectativas de la gente y enfatiza el papel que juega el contexto en hacerlos memorables. En tanto que el segundo enfoque hace hincapié en el papel desempeñado por el contexto, yo lo refiero como el enfoque contextual y el primer enfoque como el conceptual. Ambos son similares de varias maneras. Los dos se encuentran en el marco la epidemiología general de las creencias elaborado por (Sperber 1996) que se centra en la exploración de la competencia entre las ideas para entender por qué ciertas representaciones se pueden diseminar y hacerse culturales. Ambos enfoques también asumen que la mejor evocación de los conceptos mínimamente contraintuitivos es el producto de procesos evolutivos, que resultan en personas teniendo una arquitectura de la memoria que causa que los conceptos mínimamente contraintuitivos se recuerden mejor que otros tipos de conceptos. Ambos enfoques también comparten el objetivo de desarrollar un modelo cognitivo del aprendizaje y la memoria de conceptos en el ser humano, orientado al procesamiento de la información, que puede dar cuenta del efecto de la contraintuitividad mínima. Voy a desarrollar los dos enfoques señalando las numerosas similitudes y diferencias entre ellos y discutir una serie de estudios experimentales que influyen sobre estas cuestiones.
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Este asunto ha sido abordado previamente traduciendo un artículo entero al respecto. Precisamente, allí se menciona la distinción que hace el filósofo McCauley:
«entre cognición natural de la madurez (es decir, el producto natural de la maduración humana – tempranamente desarrollada, altamente automática y fluida, y de baja variación intercultural) y cognición natural practicada (también automática y fluida, pero que requiere artefactos especiales e instrucción explícita, y es de alta variación intra- e intercultural). La cognición intuitiva es invariablemente del primer tipo.»

En consecuencia, la contraintuitividad pertenece al segundo tipo y como es evidente, implica la influencia del contexto. Sin embargo creo que la contraintuitividad y su diseminación cultural abarca ambos aspectos: tanto la modularidad cognitiva como la influencia del medio. Y pienso que la identidad de los dos aspectos está formada por el MTT. Es decir, los conceptos mínimamente contraintuitivos pueden verse como intuitivos en tanto que la propia arquitectura cognitiva, precisamente el MTT, tiene por defecto una naturaleza extra-ordinaria. Retomando lo dicho arriba, p.ej. la sola evocación de recuerdos, algo inadvertido pero en todo momento activo, implica revertir la flecha del tiempo en referencia a la visión del tiempo en términos científicos. Hacer planes para mañana, pasado o para dentro de los siguientes 10 años obviamente implica saltar en el tiempo, sea o no que en efecto se realicen nuestros planes cuando el momento real llegue. Si vamos a caracterizar a los seres sobrenaturales como contraintuitivos, contrafactuales o directamente como contrarios a la experiencia científicamente guiada, p.ej. contrarios a las leyes naturales (tal y como la flecha del tiempo), entonces en estos mismos términos cabe caracterizar a la propia cognición humana, por defecto, como contraria a esa misma experiencia.

Es que, como he dicho en otro sitio: más sorprendente que el hecho de que la tierra parezca plana a pesar de la astronomía y la geometría (del mismo modo en que simplemente no percibimos la curvatura especiotemporal, pero es demostrable), es el hecho de que podamos formarnos creencias sobre el en realidad inaccesible contenido mental de alguien, o que la muerte repentina de un ser querido dispare el sentimiento de pena ante lo que no es sino un cadáver incapaz de percibir nuestra empatía. Más complejo que el simple hecho de no poder percibir algo pero que se puede demostrar existente fuera de nuestra cabeza, es que a pesar de que se nos demuestre (científicamente) que un familiar no tiene presencia real o que ya no puede tener mente, tales mecanismos cognitivo-emocionales se disparan sí o sí, y esto diría que muy al margen de la disonancia cognitiva. Desde la perspectiva científica todo esto es contrafactual y sin embargo se trata del funcionamiento por defecto de nuestra cognición. Claro, es que en principio, ella no conoce lo científico ni filosóficamente «correcto» sino que es adaptativa y probabilística, aunque, paradójicamente, permita la propia construcción de la metodología científica. La idea entonces es que es un asunto fuertemente dependiente del contexto el que prosperen culturalmente tanto la contraintuitividad como el objetivismo científico, ya que tampoco es lo mismo el ‘reflejo empático’ ante un muerto que el concepto del Chi, del mismo modo que el conocimiento científico es progresivo y acumulable. En un estado inicial del desarrollo psicológico, un agente con quien se tiene un envolvimiento empático es entendido como aún teniendo sentimientos a pesar de muerto, y esto sin causar ninguna incomodidad ni disonancia cognitiva, mientras que en un adulto la adquisición de conocimiento científico acumulado puede implicar un verdadero esfuerzo cognitivo de tener que estar conscientemente modulando las intuiciones teleológicas, por ejemplo.

Ya vimos que la contraintuitividad ‘estricta’ de Boyer & Barrett (ideas que contradicen los conceptos/expectativas innatas) podría pertenecer a una fase posterior del desarrollo cognitivo, que yo apuntalo como dependiente de la aparición del MTT, visto ya como intrínsecamente contrafactual. Por tanto, el enfoque contextual de la contraintuitividad hecho por Upsal también sería solo posible con esta capacidad, en tanto que tal enfoque de hecho trata de que interactuamos con estímulantes externos de la contraintuición (p.ej. adquisición de creencias que permitirían formarnos nuevos grados metarrepresentacionales potencialmente contraintuitivos).

Por cierto y para terminar, no deja de ser intrigante que la atención y la memoria se enfoquen en los contenidos contraintuitivos de una idea o una narración, que es lo que finalmente causa su éxito y perduración cultural generación tras generación. Intrigante porque en último término, este mismo efecto es una natural consecuencia del modo en que opera nuestra cognición, por tanto, todo aquello que se define como contraintuitivo es ciertamente, intuitivo. Por lo menos, aquellas definiciones parecen hasta ahora resultar útiles para el estudio cognitivo de la religión, pero pueden ser puramente ilusorias.

(*) En su momento estuvo disponible el resumen en inglés que está aquí traducido completamente. Ahora solo se puede ubicar una versión más corta aún.

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