05 noviembre, 2020

EL PSEUDOESCEPTICISMO

Por: Antonio Chávez

¿Por qué la práctica totalidad de espacios escépticos o de divulgación científica no hablan en absoluto de luchas sociales como el feminismo, o, por lo menos de la crisis de violencia sexual durante esta pandemia? ¿Por qué ni siquiera tocan el debate del aborto? ¿Acaso todo esto no implica ciencia? ¿Es coincidencia que estos espacios estén dominados por hombres? Pues no, sino que es de hecho una causa de que el escepticismo viva en una burbuja ideal donde las ciencias sociales no son legítima ciencia sino la física y la astronomía, donde burlarse de las conspiraciones es «razonable». Así se sustrae de una realidad ¿incómoda? ¿inabordable? La pandemia del coronavirus ha traído problemas sociales como el aumento de la depredación sexual masculina (ver aquí), pero para los escépticos esto al parecer no es un tema legítimamente científico que merezca verse, o quizás ni siquiera lo consideran un asunto real ni que valga la pena discutirlo. No existe, y si se le hace existir, es para ser atacado: ahí tenemos cuando, si acaso hablan de él, niegan el feminismo diciendo que «no es científico». Por ejemplo, el sitio La Manzana Escéptica lanza un «Test de pensamiento pseudocientífico», que induce a incluir la protesta contra el feminicidio (ver definición de ONU Mujeres), en la misma categoría pseudocientífica que las creencias en aliens o los poderes paranormales (ver aquí, revisar los comentarios). No es la primera ves que esta página lanza una «investigación» (como la llaman) con serias fallas metodológicas (ver aquí, revisar los comentarios). 

Esto es un evidente sesgo machista, y es peor que entre gente no intelectual, porque no se espera entre quienes se autoproclaman la «luz de la razón». Fue patente que cuando se desgarraron las vestiduras por las patrañas de Chinda Brandolino, atacando con justicia su conspiracionismo y charlatanería pseudocientífica, en cambio no tocaron lo que precisamente encabezaba su descabellado discurso (ver aquí, revisar los comentarios): sale en primer plano con su pañuelo celeste, antiaborto y antifeminista, y empieza con que todo es un plan para homosexualizar la humanidad. Seriamente, no decir ni una palabra de esto es, por decir lo menos, deshonesto con la racionalidad y el humanismo. Es evasión, y no sería descabellado decir que cobarde: en una sociedad que aspira a secular e ilustrada se espera que los intelectuales se pronuncien sobre temas sociales sensibles, no que los rehúyan. Aún peor: ni siquiera los espacios «humanistas» tocan estos asuntos, cayendo pues en una extraña contradicción fundamental (parece que, como con el Renacimiento, la mujer y su lucha actual están excluidas nuevamente). Y es tan delirante la burbuja tecno-mágica del «transhumanismo», que se pone a hablar de la inmortalidad en medio de la pandemia de covid-19 (ver aquí), como psicopática su burla sistemática de la crisis (ver aquí). Es patente esta frialdad social. ¿Para qué tenemos a estas lumbreras de la razón? ¿Lo son acaso?

Tal parece que seleccionan la ciencia: solo hablan hasta los codos de lo que sintoniza con sus propios prejuicios y sesgos inadvertidos. Esta es una práctica típica del creyente pseudocientífico. No obstante la ciencia (ya no sabría si decir «la verdadera ciencia» porque se supone que los escépticos ya la divulgan, y lo dicen, para diferenciarse de la pseudociencia) muestra no solo que la brecha de género existe, y en la ciencia misma, sino que además está plagada de ‘sexismo’ (término anglosajón más o menos equivalente a ‘machismo’). Esta ciencia social no existe en la divulgación escéptica que señalo, lo que existe son los delirios neoliberales de ciber-inmortalidad y conquista del universo. Si no se democratiza el género en el manejo de la ciencia, vamos a seguir teniendo burbujas de intelectuales inútiles a fin de cuentas, pero útiles para mantener el sexismo/machismo. Un estudio encontró que «los hombres son mucho más propensos que las mujeres a rechazar los hallazgos del sexismo en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, e incluso a hacer comentarios sexistas en respuesta a tales investigaciones. Al mismo tiempo, los comentaristas en general tienen más probabilidades de no estar de acuerdo en que existe un sesgo de género» (Flaherty 2015).

Cuando casi excepcionalmente una científica publica en un medio escéptico, justamente es para aclararnos que las diferencias cognitivas de género (que algunos emplean para justificar porqué hay más hombres en las ciencias duras) no implican valorar más unas áreas de desempeño que otras (Halpern 1994). Y es que exactamente eso es lo que ha hecho históricamente la cultura de dominio masculino: menospreciar la pedagogía o la psicología en favor de la física o la economía (ver aquí, y aquí). Irónicamente, si hubiera una mejor cultura de empatía e igualdad de género, no tendríamos escépticos, digamos, insensibles socialmente.

(Hacer click para ampliar este collage de posteos). Crear distracción y entretenimiento es una forma de afrontamiento emocional de la pandemia de covid-19, con temas que nada tienen que ver con la crisis de la salud o la cuarentena actual. Sin embargo, las publicaciones de populares espacios autopromocionados «escépticos» y «divulgadores científicos», simplemente, han rivalizado o superado en cantidad y calidad a las publicaciones que brindan información seria sobre el covid-19. Lo más notable es la insistencia en temas cuestionables científicamente, y de significado mágico-religioso más que evidente (a pesar de que estos sitios muestran una actitud antirreligiosa), como la inmortalidad en medio de la mortalidad pandémica. Es importante tener en cuenta que estamos ante un escepticismo transhumanista, no solo escepticismo, que tiene una fuerte preferencia a priori y acrítica por las ideas transhumanistas (y esto cuenta con auspicios de la Sociedad Secular y Humanista del Perú, y la Humanist International).

No menos notable es la indiferencia hacia la psicología de la pandemia. El sitio Manzana Escéptica, por ejemplo, tiene por conductor a un psicólogo (según se acredita en sus publicaciones), con lo que es inaudito el enfoque y la calidad de los contenidos sobre el covid-19: son completamente ignorados asuntos como el empeoramiento de la desigualdad de género y el conservadurismo machista. Esto contrasta fuertemente, tal como si hubiera un aislamiento por parte de estos espacios, con la atención y urgencia que la comunidad científica le ha dado a la conducta y el enfoque de género durante la pandemia (p.ej. la Proceedings of the National Academy of Sciences en octubre 2020). Celebran el Día Internacional del Orgullo Gay, lo cual es plausible, pero no dicen una palabra por el Día de Acción Global por el acceso al Aborto Legal y Seguro (esta fecha, 28 de setiembre, en cambio celebraron el Día de la Divulgación Científica). Más aún, la única publicación que aborda el feminismo lo hace para «refutarlo» (los opositores invitados son antifeministas reaccionarios).

Sumado a este visible sesgo antifeminista, y en directa oposición a la seriedad de la comunidad científica y las autoridades de la salud (cuestionándose así la ética de sus auspiciadores seculares y humanistas), estos espacios han tratado con informalidad el problema del dióxido de cloro (una de las charlas de Manzana Escéptica no cuenta con ningún médico especialista), mientras sí han invertido recursos en burlarse de su consumo y de la incertidumbre (en lugar de aportar  y difundir investigación científica para comprenderla): han llegado a elaborar canciones de burla, sin retractarse de ellas, sino reafirmándose con arrogancia, a pesar de las pocas críticas (ver aquí). Recordemos que tales conductas se vinculan a rasgos egoístas y psicopáticos.

Entrevemos en este «escepticismo» diversos sesgos asociados entre sí:
  • la maldición del conocimiento o sesgo de retrospectiva (teniendo conocimientos surge una inadvertida incapacidad para empatizar con quien no tiene conocimientos),
  • sesgo de reactancia (incapacidad de autocrítica y aversión a la crítica, percibida como una amenaza a la libertad egocéntrica, en este caso, para discriminar al ignorante en ciencia),
  • sesgo de confirmación (p.ej. el visto arriba «Test de pensamiento pseudocientífico», con su tabla de puntaje induce la autoconfirmación de una ausencia ideal de creencias pseudocientíficas, y a la ostentación del resultado—como se comprueba en los comentarios),
  • sesgo de superioridad ilusoria (probable efecto Dunning-Kruger: sobrestimación de la inteligencia propia, lo que es evidente cuando los escépticos abrazan ideas que no son sino pseudocientíficas, como la inmortalidad o el entusiasmo por «razonar» sobre civilizaciones alienígenas),
  • sesgo de género (antifeminismo),
  • y por último, mucho pensamiento mágico-religioso y un discurso mesiánico-cristiano, supuestamente inadvertido (ver aquí), lo que por sí solo pone en entredicho este escepticismo transhumanista.
Le llamo a esto pseudoescepticismo. Esta nueva especie de escepticismo parece reflejar muy bien la fragmentación posmoderna que ha desbordado el ámbito económico y alcanzado las esferas social e intelectual: «en la cultura posmoderna se acentúa un individualismo extremo, un “proceso de personalización” que apunta a una nueva ética permisiva y hedonista» (Vásquez 2011, p. 8). Esto describe con precisión contextual las conductas antes observadas, en tanto la sobrestimación de la individualidad, el visible desinterés social, y la obsesión con el tecno-progreso mesiánico (esto no apunta sino a la ciber-eficiencia de las personas), sesgan el escepticismo transhumanista, y son parte de la cultura de emprendimiento neoliberal del individuo. Para ahondar en lo irónico de todo esto pues, lo posmoderno es algo que el escepticismo transhumanista critica, pero es de hecho también un subproducto suyo.


📑 Flaherty C. Gendered Skepticism. Inside Higher Ed, January 8, 2015.
📑 Halpern D. Sex, Brains & Hands: Differences in How Women and Men Think. Este artículo apareció en la revista Skeptic 2.3 (1994).
📑 Seitz A. et al. THE PANDEMIC EXPOSES HUMAN NATURE: 10 EVOLUTIONARY INSIGHTS. Proceedings of the National Academy of Sciences. Oct 2020.
📑 Vásquez A. LA POSMODERNIDAD. NUEVO RÉGIMEN DE VERDAD, VIOLENCIA METAFÍSICA Y FIN DE LOS METERRELATOS. Nómadas. Critical Journal of Social and Juridical Sciences, 29(1), 285 – 300, 2011.


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LO HUMANO
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EL ROMPECABEZAS: EXPLICANDO LA RELIGIÓN
Diversas disciplinas confluyen para estudiar y explicar la religión
Generalidades
Modelos explicativos clásicos
Neurociencia