29 abril, 2012

LA DESCREENCIA EN DIOS ES ANALÍTICA


Por: Antonio Chávez
hnc.correo@gmail.com

La anterior publicación trataba sobre la relación entre el pensamiento intuitivo y la creencia en Dios. Gervais & Norenzayan (2012) reportan en Nature (abstracto; artículo completo aquí) el empleo del mismo método de hacer preguntas capciosas matemáticamente, cuyas respuestas correctas correlacionan, ahora, con el grado de descreencia religiosa. Se trata de echar luz sobre la estructura cognitiva de la falta de creencias religiosas, sea el caso del individuo irreligioso, agnóstico o ateo. Hay que decir que el marco teórico es la existencia de dos sistemas diferentes, pero paralelos, de procesamiento de la información: «uno (Sistema 1) se basa en la heurística frugal que resulta en respuestas intuitivas, mientras que el otro (Sistema 2) se basa en el procesamiento analítico deliberado». Esto además incluye que el Sistema 2 pueda inhibir el flujo automático y reflectivo del Sistema 1 (de lo que se ha mostrado como responsable la sobreactivación del córtex frontal inferior izquierdo —Área de Broca: Tsujii & Watanabe 2009; mientras se ha propuesto tal región para el Sistema 1, y un complejo supraparietal-inferofrontal para el Sistema 2: Tsujii et al. 2011). Así, mientras el estudio previo de Shenhav et al. (2011) refiere la creencia religiosa al Sistema 1, este ahora refiere la descreencia al segundo. De hecho este nuevo estudio remite al anterior como consistente con este modelo dual Sistema 1 → creencia / Sistema 2 → descreencia. P.ej. según publicado en Scientific American, una de tales preguntas hechas es: «si cinco máquinas tardan cinco minutos para hacer cinco aparatos ¿cuánto tiempo tardarían 100 máquinas para fabricar 100 de ellos? La primera respuesta que viene a la mente —100 minutos— resulta estar equivocada. Las personas que toman el tiempo para razonar la respuesta correcta (cinco minutos) son, por definición, más analíticas, y esta tipología tiende a puntuar más bajo en las pruebas de creencia religiosa». Hasta aquí se trata del mismo método aplicado como antes vimos. Sin embargo, y echando mano pues al análisis sobre este estudio pero también sobre el anterior, puede que sea engañoso enfocar matemáticamente la reflexión analítica, es decir, es probable que quienes den las respuestas acertadas tengan de hecho mejores aptitudes de cálculo en lugar de mayor capacidad de análisis racional, en tanto que el cálculo y la reflexión analítica no están necesariamente asociados (p.ej. se sabe históricamente que grandes mentes matemáticas han sido profundamente místicas, y los matemáticos están entre los científicos que más alto puntúan en cuanto a creencias religiosas: véase «matemática y agencia sobrenatural»).

Fuera de esta observación que puede restar peso a las conclusiones de los respectivos estudios —que si la creencia es intuitiva, o que la descreencia sea analítica— lo cierto es que lo primero se apoya en realidad en otras fuentes de evidencias que así lo sugieren (p.ej. teleología, dualismo, Teoría de la Mente, que son pues procesos que estructuran la agencia sobrenatural y las creencias religiosas), mientras que lo importante de Gervais & Norenzayan, y que de hecho lo diferencia de Shenhav et al. (2011), es que realizan cuatro estudios adicionales para probar que la reflexión analítica juega un rol causal, y no meramente correlacional, en el grado de descreencia religiosa. Ingeniosamente entonces, una segunda prueba consiste en el primado mediante dos imágenes (El Pensador —actitud de pensar reflexivamente— y Discóbolo —actitud de acción motora—) para pasar a resolver razonamientos silogísticos que miden las tendencias analíticas: «El Pensador promovió significativamente la descreencia religiosa» (Gervais & Norenzayan 2012 pp. 494-495). La tercera y cuarta pruebas trataron de, dada cierta frase conformada por 5 palabras aleatoriamente distribuidas («high winds the flies plane»), eliminar una palabra para darle sentido («the plane flies high»), mientras otras 5 ‘palabras analíticas’ (analizar, razonar, ponderar, pensar, racional) acompañan las frases para crear un ‘primado analítico’, y para el modo control, palabras no relacionadas con el acto de analizar (martillo, zapatos, saltar, etc.). Nuevamente la presencia de estímulos analíticos mejoró la reflexión analítica, y a su vez promovió la descreencia religiosa. El quinto experimento implicó una aún más sutil manipulación que no requiere que los participantes necesariamente realicen una tarea pre-diseñada para activar su pensamiento analítico. Se trata de un procedimiento ya establecido para forzar el pensamiento analítico, en este caso dificultando la información sensorial en un cuestionario sobre creencias en agentes sobrenaturales: las letras impresas consisten en tipografía legible, o difícil de leer. Los resultados confirman, finalmente, que el esfuerzo analítico para procesar un texto difícil de leer indujo un decrecimiento de las creencias religiosas, aún contestando un test sobre ellas mismas (ibid. p. 495). Por lo visto «algo que parece trivial» puede provocar un cambio significativo en las creencias religiosas, en palabras de Norenzayan para Scientific American.

En Aletheia hace un par de días se ha difundido esta publicación de Nature. Allí surge la interesante cuestión de que si bajo el efecto de un estresor, en los descreyentes religiosos puedan incrementarse los procesos intuitivos que subyacen al sobrenaturalismo. Bien, aunque no exactamente como lo que se sugiere, experimentos similares realizados quizás se cuentan con una mano, y el más claro a mi juicio es el de Subbotsky & Quinteros (2002). Lo que hace que este estudio no sea lo que exactamente se sugiere en Aletheia, es justamente que los participantes no eran explícitamente descreyentes religiosos, pero sí mostraron su «adherencia al ideal de racionalidad científica», y por tanto estaría demás dudar de que entre ellos sea significativa la falta de creencias religiosas (aunque, siendo escépticos, no necesariamente —otros estudios incluyendo religiosos e irreligiosos véanse en Subbotsky 2010). El hecho es que estos participantes de declarada racionalidad científica, ingleses educados, fueron engañados en este caso para, como aquí hacen Gervais & Norenzayan, ser forzados a manifestar pensamiento mágico en una situación potencialmente estresora, donde incluso había riesgo de daño físico. Lo llamativo es que lo hicieron en el mismo grado que otro tanto de participantes rurales mexicanos, básicamente analfabetos científicos. De hecho, Subbotsky puso a prueba su hipótesis de que el pensamiento mágico es en realidad un proceso inconsciente que aún la educación científica, ni el entorno cultural, logran eliminar. Por su lado, Bering (2010) habla de un experimento, no publicado, donde los ateos en un simple relato autobiográfico pueden referirse teleológicamente a los eventos importantes de sus vidas. Entonces, la idea es que el pensamiento analítico, aún sosteniendo una deliberada postura de agnosticismo o ateísmo, en realidad, tal como la educación científica, no tiene un impacto profundo sobre procesos por lo visto ineludiblemente automáticos. Precisamente, Gervais & Norenzayan (2012 p. 496) comentan al respecto: «la gente todavía podrá manifestar [...] intuiciones teológicas o dualistas, aún anulando analíticamente las creencias teístas».

El quinto experimento implicando dificultad sensorial para forzar el pensamiento analítico, tiene un curioso parecido a los de Krummenacher et al. (2002; 2010: un nivel elevado de dopamina «disminuye la sensibilidad en las decisiones percepto-cognitivas, pero sólo en los escépticos, y hace a los escépticos menos [escépticos] y a los creyentes [en creencias paranormales] un poco más conservadores»). Lo curioso es que allí, en condiciones naturales, los participantes creyentes en lo paranormal fueron más propensos que los escépticos a identificar rostros ilegibles en un fondo de ruido. Es decir, opuesto a lo aquí mostrado, con la clara salvedad de que forzar un análisis de lectura es diferente de percibir imágenes difusas, aunque se supone que el Sistema 2 de todos modos participe en ambas circunstancias. Fue bajo los efectos de una hiperdopaminergia artificialmente inducida que los escépticos empataron a los creyentes en los aciertos perceptuales. Recordemos ahora que el sustrato neural mostrado para el control del Sistema 2 es el córtex inferofrontal: ciertamente es una región regulada dopaminérgicamente. Dado todo lo que se sabe sobre la dopamina (p.ej. en cuanto a procesamiento visuoespacial y motor), las funciones ejecutivas del córtex prefrontal y sus facultades inhibitorias, es plausible que la dopamina también regule el pensamiento analítico, la evaluación de proposiciones y la estructuración de un output lógico-gramatical. De hecho se tiene del análisis de 28 estudios de neuroimagen entre 1997-2010, que el razonamiento deductivo abarca un circuito fronto-parietal, incluyendo las regiones frontomedial y gangliobasal, empleando así representaciones visuoespaciales y basadas en reglas según los argumentos presentados (Prado et al. 2011). Es importante entonces notar que el razonamiento analítico no es en realidad un proceso independiente del aprendizaje (p.ej. reglas de razonamiento) ni de los estados emocionales o de la expectativa de recompensa, siendo que Prado et al. encuentran que el análisis de los argumentos categoriales se asocia precisamente a actividad inferofrontal/gangliobasal, lo que implica dadas las funciones de estas regiones, que estamos ante un proceso sintático/lingüístico (p. 8). Adicionalmente, no hay que olvidar que ya se ha mostrado que las proposiciones categoriales, explícitamente religiosas, involucran regiones asociadas a la percepción del dolor y de la recompensa (Harris et al. 2009).

Es posible que sea específicamente la exposición a estímulos gramaticales lo que incrementa la modulación dopaminérgica, que activa el proceso analítico inferofrontal. Aunque esto resulta confuso y en realidad no se conoce la neurofisiología de la reflexión analítica, cualquiera de los otros factores cognitivos, motivacionales y socioculturales que conducen a la descreencia, como cautelosamente notan con los autores, pueden estimular la modulación dopaminérgica. Por mi parte ya he reflexionado antes sobre la importancia, lamentablemente minimizada o de hecho negada por los descreyentes, de los factores socioemocionales que alientan la descreencia, más que la existencia de una ilusa «esencia racional» que conduzca al abandono de las creencias religiosas. Es decir, tanto como no existe un «Punto Dios» en el cerebro, tampoco lo hay uno «no-Dios»; del mismo modo que ni el Sistema 1 ni el 2 están exclusivamente recluidos para el teísmo ni el ateísmo, y como claramente vemos y sugieren los autores como uno de los posibles niveles de acción del pensamiento analítico, el Sistema 2 puede funcionar anulando las «cogniciones religiosas de orden elevado» (p.ej. la afirmación de existencia de Dios) aún existiendo un Sistema 1 de «intuiciones de bajo nivel» (como el pensamiento mágico). Entre tanto, el estudio de Kelemen & Roset (2009) referido como evidencia de una función efectivamente inhibitoria de las intuiciones de bajo nivel como las teleológicas, no deja claro que éstas en efecto desaparezcan, sino que, como sugerido más dramáticamente en pacientes con Alzheimer (Lombrozo et al. 2007), tal intuitividad permanece latente, y en cualquier circunstancia de interrupción del Sistema 2, domina el pensamiento (lo que es pues consistente con Subbotsky).


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