03 junio, 2020

INCERTIDUMBRE → DOGMATISMO RELIGIOSO, PERO TAMBIÉN ATEO

Por: Antonio Chávez
«En este artículo, sugerimos que las creencias dogmáticas, manifestadas como creencias fuertes de que no hay Dios (es decir, ateísmo dogmático), así como creencias fuertes en Dios (es decir, ortodoxia religiosa), pueden servir como una respuesta cognitiva a la incertidumbre. Además, afirmamos que las personas que dogmáticamente no creen en la religión y aquellos que creen dogmáticamente en la religión son igualmente propensos a la intolerancia y los prejuicios hacia grupos que violan sus valores importantes. Esto se debe a que el prejuicio hacia estos grupos puede ser una estrategia eficiente para proteger la certeza que brindan las creencias fuertes. Probamos estos supuestos en dos estudios. En el Estudio 1 y el Estudio 2, demostramos que las creencias dogmáticas median la relación entre la intolerancia a la incertidumbre en ambas, la ortodoxia religiosa y el ateísmo dogmático.»1
Una breve descripción del estudio se ofrece en Epiphenom .2 Téngase en cuenta que las creencias dogmáticas son simplemente las tenidas por ciertas e innegables (no es que necesariamente sean religiosas), por lo que no debe contrariar que se descubran en ateos, porque de hecho éstos pueden ser tan intolerantes p.ej. hacia la homosexualidad y a las propias críticas hacia el ateísmo, como lo son los cristianos a los mismos asuntos. Y es que, como el reconocido escéptico y ateo Paul Kurtz afirmó: «hay varias formas de ateísmo históricamente, y una persona puede volverse atea por una variedad de razones: nacimiento, etnicidad, sentimiento, pasión, costumbre, autoridad. Causas personales, idiosincráticas, y autobiográficas no son necesariamente racionales. En general, sugeriría dos tipos de ateísmo: (a) el rechazo de la creencia en Dios(es) sin base racional, una forma de ateísmo dogmático, y (b) el análisis reflexivo del teísmo y su rechazo por falta de fundamentos racionales o por evidencia positiva a favor de un punto de vista alternativo ateísta.»3

Lo que Kurtz sostuvo desde la filosofía hoy tiene ya base desde la psicología y la neurociencia, aunque con una consistencia empírica que apunta a cuatro líneas motivacionales diferentes, y quizás el ‘ateísmo dogmático’ de Kurtz se corresponda con el ateísmo incrédulo y/o el apateísmo de Gervais et al. 2018 (ambos, por aprendizaje e indiferencia respectivamente, implican ausencia de reflexión analítica como causa psicológica más importante para dejar de creer en Dios).4 El asunto es que los estudios recientes ponen en evidencia un ‘sesgo intelectualista’ entre ateos (Langston & Colleman 2019), algo en consonancia con el estudio de la apertura y que probablemente es un secreto a voces: la sobrevaloración de su propia racionalidad como individuo ateo y de la racionalidad de los ateos como grupo. Los momentos de incertidumbre endurecen esta postura.

Es notable que muchos suelan replicar en modo automático irreflexivo, ante cualquier exposición de irracionalidad en otro ateo, que no es un «ateo verdadero» o que es uno «falso» o un «creyente que dice que es ateo». Todas estas expresiones, pero también el negacionismo reaccionario, apuntan a lo mismo: una esencia racional pura e inmaculada en cada ateo, como sesgo de grupo, que al primer defecto se descarta como tal y se convierte en teísta, o sea el grupo contrario que viola su esencialidad racional. Si Kurtz pudo identificar un ateísmo dogmático, entonces otros ateos también podemos hacer autocrítica e invitar aún a otros más a cuestionarse y rechazar ciertas posturas, porque, lo peor más evidente que puede pasar, que ya ocurre, es convergir con el teísmo dogmático en prejuicios nefastos.

Adaptado de Epiphenom.

Referencias:

↑ 1. Many faces of dogmatism: Prejudice as a way of protecting certainty against value violators among dogmatic believers and atheists.
Kossowska M, Czernatowicz-Kukuczka A, Sekerdej M. British Journal of Psychology 2017;108(1):127‐147.

↑ 2. Dogmatic atheism and fundamentalist Christianity: creating certainty in an uncertain world.
Epiphenom. March 10, 2016.

↑ 3. Skepticism and Humanism: The New Paradigm.
Kurtz P. New Brunswick, N.J.: Transaction Books, october 2001, p. 148.

↑ 4. La descreencia en Dios es analítica ¿o no?
Chávez A. Humanismo Naturalista Científico 29 abril 2012.

29 mayo, 2020

CRISTIANISMO Y PSICOPATÍA

Por: Antonio Chávez

«Desde que el cristianismo evangélico comenzó a infiltrarse en la política, oficialmente a fines de la década de 1970, ha habido una inquietante tendencia a limitar o eliminar los derechos de aquellos que no cumplen con la idea conservadora de un estadounidense. Muchas de estas iniciativas se presentan en forma de leyes de "libertad religiosa", que potencian la discriminación»1

Esta cita extraída del Huffington Post es aplicable a la realidad peruana: desde colectivos «pro-vida» hasta «con mis hijos no te metas», el cristianismo ha desarrollado de modo global y estratégico grupos de presión al Estado (entre protestas públicas y colocar puestos clave en el Congreso), para conservar intactos sus principios doctrinales. No se puede entender de otra manera su objetivo, y no importa que sean diferentes las denominaciones cristianas (católicos, evangélicos, etc.): todas convergen en ello y para este cometido incluso forman alianzas. Los derechos reproductivos de las mujeres o cualquier lucha social, especialmente el feminismo, y los derechos de la comunidad LGBT, contradicen sustancialmente el credo cristiano en lo más fundamental: las leyes de Dios respecto a la vida, el sexo, y la mujer. Por mucho que existan argumentos de índole judicial, constitucional, o aparentemente científicos, el fundamento moral es ese: la rebelión en contra o la negación de las leyes de Dios. Y bajo este mismo marco moral: tales ideas y conductas deben ser castigadas, y claro que no será Dios quien se encargue de enjuiciar después de la muerte, sino que son sus ministros terrenales quienes deben hacerlo.

Esta mega empresa, que hay que entenderla en perspectiva histórica como un intento de recuperar el poder socio-político, tras el largo revés que ha significado el surgimiento de la Ilustración y su instalación cultural irreversible desde el siglo XVIII, demanda y exhibe una actitud lo suficientemente despiadada y fría para atacar semejantes «blasfemias» del mundo moderno. Sería bueno recordar que el discurso que usan diversas personalidades cristianas es demonizante, sistemáticamente manipulador (p. ej. la ex legisladora peruana Tamar Arimborgo afirma que el enfoque de género causa «sida y cáncer») y notablemente falto de empatía (p. ej. el cardenal peruano Luis Cipriani sobre la violación sexual: «la mujer se pone, como en un escaparate, provocando»). Es probable que estemos ante un discurso (y potenciales conductas) de rasgos psicopáticos2, que ciertamente es una manifestación de la enculturación histórica en las leyes bíblicas en donde la mujer, para empezar, es un objeto que le pertenece al hombre, y luego, está limitada a parir y criar. Las dos mujeres más importantes en la cosmovisión cristiana, al menos en el catolicismo, Eva y María, se reducen a lo siguiente: creación a partir del hombre, introducción del engaño y la maldad al mundo, y nacimiento de Dios.

Según el Antiguo Testamento, una chiquilla podía ser violada: no había mayor preocupación en tanto se tenía que pagar a su padre 50 piezas de plata, y el agresor tenía que volverse además esposo de la victima (que en ningún momento era ni siquiera remotamente definida como tal, ni estaban en la más mínima consideración sus sentimientos ni su opinión) (Deuteronomio 22:28-29). Una joven era culpable de la violación si no gritaba (Deuteronomio 22:24). Lot ofreció a sus dos hijas a unos violadores, para salvar a dos hombres ángeles (Génesis 19:8). La mujer también era un botín de guerra bajo explícitas instrucciones: las mujeres embarazadas del bando enemigo se asesinan y sus vírgenes se capturan. Esta concepción de la mujer sin voz y sujeta al hombre no es ninguna excepción vergonzosa del pasado hebreo, sino que, de hecho, se proyecta y reafirma en el Nuevo Testamento:

«la mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos.» (1 Timoteo 2:11-15) Para que quede claro que la palabra de Dios, que es «eterna», está negando la existencia de la mujer como ser sintiente y libre excepto si pare y cría.

Esta es la fundación moral de la Civilización Occidental Cristiana y, si bien hoy su instrucción no existe de forma explícita fuera de las instituciones religiosas donde sí se sigue aprendiendo tal cual, existe en forma de códigos tácitos de ideas, actitudes y conductas respecto a la mujer en relación, siempre, al hombre, y no como un ser libre. Aunque probablemente esas leyes estaban, vamos a suponer un momento, «justificadas» hace 4000 años entre los hebreos en una minúscula región de Medio Oriente (como estrategia reproductiva en un contexto de constante guerra con tribus vecinas, a lo mismo que apunta la condena de la homosexualidad masculina), hoy no sólo son absolutamente innecesarias, sino directamente contraproducentes para la maduración de una sociedad igualitaria y solidaria. Se trata de ingeniería de control poblacional, esencialmente psicopática (manipulación, violencia, y carencia de remordimiento en cuanto a su reafirmación e imposición), que sigue aprendiendo cada individuo de nuestra sociedad. Esto no es sino una portentosa manifestación del orden social patriarcal.

Los rasgos psicopáticos del cristianismo, y en esto hay que incluir por extensión a los monoteísmos abrahámicos y al hinduismo, se pueden identificar más allá de esas leyes obvias y explícitas, a través de las edades media, moderna y contemporánea, siendo características en forma de actos, filosofías y declaraciones, que se correlacionan entre sí a veces de modo causal siempre para beneficio propio, desde la perspectiva individual (p. ej. para la riqueza personal de un pastor, o para que un cura pederasta evite la cárcel) hasta la perspectiva de institución total de la «verdad única»:

  • jerarquización casi exclusivamente masculina (p. ej. la cúpula eclesial, o el apoyo a la predominancia masculina en los gobiernos),
  • manipulación de los gobiernos y de la legislación pública (p. ej. el nombramiento papal de gobernantes, las condenas desde el púlpito para manipular la opinión pública),
  • engaño y desinformación (p. ej. la censura de libros, la persecución del pensamiento liberal y científico, la doble moral, la minimización de la violencia sexual),
  • indiferencia y violencia social (p. ej. la ausencia de condena a la esclavitud, la teología de que los nativos americanos no tenían alma, la homofobia),
  • incitación al genocidio y al odio (p. ej. el apoyo al fascismo, el apoyo al uso de armas nucleares contra el Islam, el lenguaje de odio hacia minorías),
  • utilitarismo reproductivo de la mujer (p. ej. la teología materno-marianista como conducta femenina plausible, la condena del aborto, la oposición a los anticonceptivos),
  • genocidio directo y específico contra minorías y contra la mujer (p. ej. las cruzadas, la cacería de brujas),
  • violencia contra los niños y pederastía (p. ej. la indiferencia hacia el nenonato, el encubrimiento de curas pederastas),
  • objetivos contraproducentes o peligrosos sólo concebibles por falta de empatía (p. ej. la abstinencia sexual para eliminar el sida a su vez que se niegan los preservativos, la cura de la desgracia mediante la oración, el apoyo al negacionismo climático).

Todo esto conforma una estructura de socialización y aprendizaje, de origen cristiano y cumpliendo con las descripciones de la psicopatía. No es coincidencia la amplia dominación masculina en el cristianismo. Por un lado, hay evidencia de que la psicopatía es más abundante en hombres que mujeres3, y además quizás Jesucristo pudo ser un personaje, o una personificación colectiva, psicópata, aunque se diga que esto no es un «mal rasgo»4. Por otro lado, surge esta idea: con una relativa predominancia hacia la psicopatía en los hombres, bajo determinadas circunstancias pueden conformarse culturas que potencien y demanden tales rasgos, pero necesariamente tal proceso conducirá a una cultura donde adquiera mucha relevancia el control sexual y reproductivo de las mujeres, el rechazo a la homosexualidad, y la represión de las minorías subrrepresentadas. Este perfil sociocultural se acerca mucho a las características históricas del cristianismo.

En todo caso, más nos interesa saber que a esa estructura de socialización nos exponemos durante la infancia (y el resto de la vida, a través de la escuela, la familia, los medios, el entretenimiento, las amistades), sin que necesariamente sean ya leyes ni instrucciones explícitas, sino una incorporación cognitiva y afectiva5 de esquemas de prejuicios y actitudes preformados por quienes nos rodean y el contexto a un nivel inconsciente que, por tratarse de un aprendizaje colectivo más o menos homogéneo, resulta en un «inconsciente colectivo» que remite a ninguna otra cosa sino al cristianismo. Esto, por supuesto, no es inevitable, y la demostración es la existencia del ateísmo. Pero no basta el negar a Dios, ya que evidentemente, el enraizamiento patriarcal demanda un enfoque crítico feminista.

¿El ateísmo puede jugar un papel en medio de todo esto? Aparentemente sí, o al menos así lo creen los ateos desde su entusiasmo identitario (sin embargo la masculinidad hegemónica y la misoginia son un problema en el ateísmo, y es posible rastrearlas hasta las propias normas cristiano-psicopáticas vistas aquí). De todos modos, el ateísmo, por un principio puramente moral y ético, y sobre la base de un humanismo con conciencia social y feminista, puede y debe confrontar esta enculturación psicopática cristiana. El ateísmo militante ya marcó una pauta: la religión puede ser dañina, pero hay que aclarar: todas las religiones no representan ningún problema, el cristianismo sí, en específico este andamio de transmisión sociocultural y formación de la idiosincrasia peruana (y aplicable a cualquier otro país latinoamericano).

Referencias:

↑ 1. Has Evangelical Christianity Become Sociopathic?
Tim Rymel, M.Ed. HuffPost 05/11/2017 05:08 PM ET Updated May 11, 2017.

↑ 2. “The Psychopath Test” applied to evangelical Christianity.
The Grey Literature 2013. (Consultado en mayo 2020, el enlace ya no funciona.)

↑ 3. What “Psychopath” Means
Scott O. Lilienfeld, Hal Arkowitz. Scientific American, december 1, 2007.

↑ 4. Why one expert says Jesus may have been a psychopath (and why it probably doesn't mean what you think it does).
Farley H. Christian Today, Tue 23 Aug 2016.

↑ 5. Cultural Learning.
SNC Lab.

 

27 mayo, 2020

LOS ATEOS Y LA CIENCIA COMO PENSAMIENTO MÁGICO

Por: Antonio Chávez
Sería un tabú entre ateos y escépticos sugerir que toman la ciencia en sentido mágico, precisamente como lo hacen los religiosos, con la diferencia de poseer un aura aparentemente racional pero pensamiento mágico a fin de cuentas, y esto no necesariamente es enculturación cristiana inadvertida (ya que se suele igualar pensamiento mágico con religión pero esto cognitivamente es erróneo, tal como ya establecido), sino un sesgo natural e inconsciente, por lo que cabe la profunda interrogante de si la ciencia misma no está también sujeta a ello y sirve a la búsqueda de la inmortalidad, pero eso es otro tema. La singularidad de Kurzweil, el transhumanismo, o la creencia casi firme en la vida extraterrestre son ejemplos.

Juan Luis Arsuaga, el reconocido paleontólogo, en una reciente entrevista nos invita a un sano ejercicio de pensamiento crítico sobre el (pseudo) pensamiento crítico, a pesar de su propia ingenuidad de creer que la ciencia hace desaparecer el pensamiento mágico (algo que en sí mismo parece un sesgo racionalista). A continuación enlaces a literatura científica para sustento de lo dicho, y temas relacionados.

Referencias:

• "Ya va siendo hora de que la humanidad sea adulta y empiece a decidir qué cosas no puede hacer."
   Leire Ventas, entrevista a Juan Luis Arsuaga. BBC News Mundo, 06 mayo 2020.
   https://www.bbc.com/mundo/noticias-52458849

• Scientific faith: Belief in science increases in the face of stress and existential anxiety.
  Farias et al. J Exp Soc Psychol. 2013 Nov; 49(6): 1210–1213.
  https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3807800/

• fAIth.
  Singler. Aeon, 13 June, 2017.
  https://aeon.co/essays/why-is-the-language-of-transhumanists-and-religion-so-similar

• The ghost in the machine: Why and how the belief in magic survives in the rational mind.
  Subbotsky. Human Development 2012, 54(3), 126–143.
  https://psycnet.apa.org/record/2012-02393-002

• Do cultural factors affect causal beliefs? Rational and magical thinking in Britain and Mexico.
  Subbotsky & Quinteros. British Journal of Psychology, 2010, Volume 93, Issue 4.
  http://www.lancaster.ac.uk/staff/subbotsk/Culture.pdf

Esta podría ser la última muestra de que el pensamiento mágico es un default cognitivo.
Si de hecho hubo un tiempo en que la comunicación a distancia se consideró magia, y tomamos en serio que «cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es totalmente indistinguible de la magia», está más que claro que la ciencia, como la religión, sirven en último término al pensamiento mágico y su evolutiva intuición mente sobre materia. 

Temas relacionados:


13 septiembre, 2015

AGENCIA HIPERACTIVA, INHIBICIÓN EN ESCÉPTICOS Y SINTAXIS: MÁS LUZ SOBRE LA NEUROBIOLOGÍA DEL PENSAMIENTO MÁGICO

Por: Antonio Chávez
Una de las caracterizaciones neurocognitivas del pensamiento mágico (PM), desarrolladas en este blog, tiene como concepto crucial la ‘hiperactividad’ de la facultad de la atribución de agencia («Hyperactive/hypersensitive agent-detection device (HADD)» en español: dispositivo hiperactivo o hipersensitivo de detección de agente o de agencia), y por extensión, de la Teoría de la Mente (ToM, por su nombre en inglés Theory of Mind) de la cual forma parte (Barrett 2004). Es un concepto hipotético en principio, puesto que la persistencia cognitiva del PM indicaría tal hiperactividad, o porque en comparación con la cognición social de los chimpancés los humanos, al mostrar un enorme contraste en cuanto a sofisticación ideacional (p.ej. desde lazos sociales puramente abstractos hasta las recompensas lejanas que unen a los fieles con sus ancestros y sus dioses), resulta plausible suponer una mayor actividad metabólica en los sustratos neurales de la socialización, donde la atribución de agencia es un motor primario (Frith & Frith 2010; Zwickel et al. 2011). De hecho el solo saber que tales sustratos son más complejos en el cerebro humano induce la idea de que en efecto, su actividad sea también más compleja o elevada. Por otro lado, es notable el bajo mentalismo en el autismo, asociado a pobres niveles de creencias mágico-religiosas (Norenzayan et al. 2012), en contraste con la población normal, mientras que esta normalidad conforma un continuum que llega al hipermentalismo en la esquizofrenia (aunque en términos neurobiológicos esto no refiere a unos sustratos de la agencia más activos sino deficitarios, en contraste con la población normal, que tiene en realidad tales sustratos más activos metabólicamente). O bien observemos la actividad hipermetabólica de las prontas en madurar regiones temporoparietales de la ToM en infantes (humanos). En fin, no invocar el concepto de hiperactividad, como de hipoactividad, haría difícil crear un marco explicativo aquí.

En todo caso, Riekki, Lindeman, Raij (2014, resumen / completo) han mostrado que en efecto tal es la situación, al comparar los cerebros de los creyentes en lo sobrenatural con los de escépticos. Aunque el muestreo es pequeño (12 creyentes, 11 escépticos) y el diseño del experimento sencillo (pero suficiente: observar animaciones de objetos moviéndose aleatoria o intencionalmente, luego calificar la intencionalidad de las animaciones), los resultados sustentan lo asumido: «los creyentes en lo sobrenatural calificaron los movimientos aleatorios como más intencionales y tuvieron mayor activación de las circuiterías relacionadas con la ToM durante la animación con movimiento aleatorio». En el abstracto disponible, los autores mencionan en específico la sobreactividad de la región prefrontal medial. En la imagen de abajo se pueden apreciar en efecto las activaciones típicas de la ToM, pero en la condición aleatoria (random > rest) son más fuertes e incluso están más focalizadas en los creyentes p.ej. en las regiones parietal/temporal, y también en el sistema visual occipital. Entre tanto, el córtex prefrontal medial es una bien conocida parte del eje temporoparietal-prefrontal que soporta la agencia y la ToM. Esta zona, como discutido antes citando a Saxe & Powell 2006 «puede estar implicada más ampliamente en representar información social o emocionalmente relevante sobre otra persona». Esto apoya el concepto de hiperactividad agentiva, aunque no de manera tan robusta (ver p.ej. Maij et al. 2017).


Por otro lado, un estudio anterior de Lindeman y su equipo encontró en los escépticos una sobreactivación del giro frontal inferior derecho, también en contraste con los creyentes en lo sobrenatural. Se pidió a los participantes «imaginarse a sí mismos en situaciones críticas de la vida (p.ej. problemas en relaciones íntimas) y luego observar imágenes emocionalmente cargadas de objetos sin vida y escenarios (p.ej. dos cerezas rojas unidas). Los creyentes en lo sobrenatural dijeron haber visto en las imágenes signos de cómo las situaciones resultarían, con más frecuencia que los escépticos». Para ambos grupos de participantes hubo similar activación del giro frontal inferior izquierdo (Lindeman et al. 2013). Como es sabido, ésta región conforma parte del Área de Broca, y se asocia a la semántica y la elaboración de explicaciones y narrativas coherentes. Es muy acertada la discusión de los autores para el proceso implicado: «percibir sucesos aleatorios pero emocionalmente sobresalientes e inesperados como un modo de comunicación, similar a la comunicación natural a través del lenguaje, la mirada de los ojos o la señalización». Otra explicación podría ser la confusión entre dos tipos signos, símbolos o índices: «los simbólicos significantes, como la bandera de un país o una foto de dos cerezas rojas unidas entre sí, son arbitrarios y no tienen ninguna conexión real con sus referentes, el país y las relaciones íntimas. Un índice (p.ej. nubes oscuras), en cambio, es un signo que tiene una conexión causal física y temporal con su existente o próximo referente externo». Es decir, así como para un niño los nombres de las cosas son índices, las creencias sobrenaturales del adulto pueden ser índices envés de significados simbólicos, al estar p.ej. ante una escena inesperada, es decir, parecerá causalmente conectada a un evento del futuro. Ambos posibles procesos son de naturaleza lingüística. Volviendo al cerebro, será interesante notar que el córtex prefrontal izquierdo, bautizado por algunos autores como «el intérprete», sin embargo cuando sobreactivo está vinculado a las ideas falsas y delirantes (ver EL HEMISFERIO IZQUIERDO: PATRONES, HIPÓTESIS E IDEAS DELIRANTES; Devinsky 2009). Mientras tanto, su contraparte derecha se asocia a la inhibición cognitiva. Ya se hizo notar antes, precisamente, el papel inhibidor de esta región como parte del sistema de toma de decisión, el paso final para expresar una aserción mágica, o escéptica.

Hay implicaciones interesantes con todo esto. El segundo estudio, de Lindeman et al., aporta evidencia de que el escepticismo resulta de un proceso inhibitorio, que, ya asumido desde los estudios psicológicos, consume más recursos. Se ha tratado extensamente el supuesto de que el PM sea un default cognitivo, de lo que se deduce que lo opuesto, el escepticismo y por extensión el pensamiento científico, refieren a un proceso que funciona precisamente como restrictor del automatismo agentivo-mágico, aunque de carácter débil, superficial y transitorio: surge avanzada la niñez necesariamente bajo aprendizaje y entrenamiento, puede desaparecer en la vejez, está ausente en multitud de trastornos cognitivos y aún en experiencias comunes de estados alterados de consciencia (incluyendo el sueño) o bajo estrés, y de hecho, no es un atajo mental inmediato en situaciones que comprometen la integridad de la persona, muy a pesar de estar bajo entrenamiento escéptico. Sin embargo el primer estudio, de Riekki et al., muestra que el propio PM consiste en una sobreactividad agentiva, que, como también conocido, puede producir ideas erróneas y falsos positivos potencialmente comprometedores, mientras detenta una consistente continuidad entre las experiencias comunes y las patológicas. Con todo, el PM parece tener una base biológica: en términos adaptativos no importa mucho fabricar inferencias falsas, si en lugar de la «intención» de la hojarasca se intuye un agente invisible que podría ser un depredador agazapado, y así encender la alerta, envés de confundir un depredador real con los ruidos que produce la hojarasca. «La selección natural puede favorecer estrategias que conducen a errores frecuentes en la evaluación siempre que la respuesta correcta ocasional tenga un gran beneficio de aptitud física» (Foster & Kokko 2008). Esto por supuesto no se restringe al cerebro humano: su fundamento neurocognitivo p.ej. la agencia (incluyendo el reconocimiento facial, de ojos, y de movimiento biológico), está más allá de ubicarse desde el nacimiento mismo o aún antes (como visto en bebés prematuros) sino que se presenta a través de las especies (Happé & Frith 2014).

Entre tanto, el PM resulta ser más sofisticado y no parece reducirse a la atribución de agencia. Lindeman et al. 2013 muestran algo fundamental: a saber, que dos hechos u objetos queden enlazados causalmente de modo comunicativo, tal como si, en efecto, estuvieran diciendo algo, y que es computado por el cerebro humano en términos lingüísticos. No podría ser esto posible sin la convergencia de ambos procesos: agencia y lenguaje, y que es exactamente el concepto tomado de Subbotsky (2010 p. 9 § 1), esto es, que el PM implica que «los objetos físicos en el final receptivo de un proceso comunicativo tienen algún tipo de consciencia», independientemente anticipado por Guthrie (2002) cuando sugiere que los humanos están capacitados para «tratar con el mundo en general como si fuera social y comunicativo». Al sugerir el aparato motivacional del PM en el cerebro, llegando así a perfilar prácticamente los mismos sustratos neurales de la ToM, resulta que este aparato incluye regiones que soportan el lenguaje, o bien tienen cercanía inmediata o se traslapan, tanto en porciones posteriores del cerebro como el córtex parietal/temporal, comprendiendo el Área de Wernicke, donde yacen los procesos automáticos de agencia, como en porciones anteriores del cerebro en el córtex prefrontal, incluyendo el área frontomedial, abarcando el Área de Broca (los procesos finales de elaboración de narrativa, creencias y decisiones) en el córtex dorsolateral, inferolateral y orbitofrontal (aquí hay una conexión con el resto del aparato del PM: otros procesos corticales límbico-emocionales en la amígdala, y procesos subcorticales de recompensa y otras funciones vitales del organismo como la respuesta al estrés o el sistema neuroinmune). Recientemente, desde otro campo de investigación vecino, datos sobre las bases neurobiológicas del lenguaje armonizan con éstos en cuanto a las regiones del córtex involucradas, y además, los genes candidatos que regulan la construcción de las mismas (van der Lely & Pinker 2014). Lindeman et al. 2013 registraron importante actividad en un nítido eje occipital-inferotemporal-inferofrontal, es decir, como ya notado, una suma de procesos de percepción visual, reconocimiento facial y, a la luz de esos nuevos datos sobre los sustratos de operaciones del lenguaje, sintaxis y semántica, aspectos aportados por el Área de Broca. En resumen, la agencia y el lenguaje están íntima y directamente conectados. Y al parecer su traslapado anatómico en ciertas regiones implica un único proceso computacional.

Por lo visto los estímulos percibidos, es decir los potenciales agentes, se computan lingüísticamente por lo menos en algún punto procesual, pero que va a resultar crucial: las percepciones se filtran semánticamente (categorizaciones conceptuales p.ej. animado, inanimado) y se procesan sintácticamente (sujeto, verbo) para construir un sintagma imbuido de lógica narrativa (inferencias y sus propias reglas de elaboración), que se procesa (podría ser paralela y quizás independientemente debido a la especialización hemisférica izquierda-lenguaje, derecha-«espaciocepción», ver aquí) como lenguaje propiamente dicho (gramática innata y adquirida, palabras) para hablarse, sea que se exteriorice o no. Esto se trata de un proceso evidentemente comunicativo. Mi primera impresión es que las percepciones, categorizadas, son computadas como ‘sujetos’ que realizan ‘acciones’ siguiendo ciertos parámetros de construcción narrativa para hacerse fácilmente comprensibles. Parecen ser simultáneos e interactivos el sentido del espacio y su procesamiento lingüístico. En vista de que los procesos de categorización perceptual y semántica se traslapan en el córtex temporoparietal, y los de inferencias y sintaxis en el infero/dorsolateral prefrontal, aún y cuando más áreas estén involucradas y sobretodo en el hemisferio izquierdo, estamos ante una estrategia adaptativa de la evolución del cerebro humano: la manera menos costosa de prepararse para actuar en el entorno es entendiéndolo como de carácter comunicativo.

Puede ser obvio para tratar con agentes animados, pero una clara consecuencia es que toda percepción es susceptible de tal computación sintáctica sujeto←→acción, precisamente bajo una lógica de que todo ‘sujeto’ implica una ‘acción’ y viceversa. Y, al menos cuando ciertas condiciones perceptuales se cumplen, los agentes animados pueden activar un tipo de proceso, mientras que los inanimados como también la conducta extraordinaria de los agentes animados, puede activar otro proceso. La percepción del entorno puede desencadenar inferencias de aparentes acciones familiares y/o extenderse a intuir voluntad e intensión propia tal como si se tratase de una persona. Por ejemplo, el Área de Broca y su sintaxis es inmediata a la zona del córtex frontal motor que integra, con el córtex parietal/temporal, la red percepción/acción que contiene a las conocidas neuronas espejo (en inglés mirror neuron system, Happé & Frith 2014 p. 554 Fig. 1), donde el ‘código’ computacional es comparar el mapeo de las acciones percibidas con la biblioteca de los mapas de acciones propias (de uno mismo) hasta encontrar una similitud (VanOverwalle & Baetens 2009 p. 580); y cuando las acciones percibidas son «inconsistentes o implausibles», es decir «parecen carecer de una plantilla de reflejo [mirror template] adecuada en el repertorio motor con la que hacer coincidir», el proceso activa la ToM o sistema de mentalización (ídem.). En términos de tiempo, la red de percepción/acción o sistema de neuronas espejo es 200 a 300 milisegundos más rápida que la ToM (Thirioux et al. 2014).

Es la esencia ‘lógica’ del PM y posibilita el éxito del individuo al permitir elaborar inferencias de ‘patrones de conducta’ de los objetos del entorno (independientemente de si están vivos o no), y así construir anticipaciones y planes. Por supuesto, es la base de la teleología, las creencias mágicas y la religión. Entre tanto, el hecho de que sea en el hemisferio derecho donde se reprima, por lo visto específicamente, la expresión lingüística mágica del hemisferio izquierdo, pondría en relieve el carácter automático y default del PM: se espera que solo en una fase final de la inferencia es cuando surge un proceso inhibitorio, porque típicamente es así, aunque se necesita la secuencia temporal en que se suceden los procesos para sentar empíricamente que en efecto es el caso en cuanto a la inhibición escéptica frente a la intuición mágica.

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ÍNDICE TEMÁTICO

FUNDAMENTOS
¿Qué pensamos? ¿Qué buscamos?

LO HUMANO
La unidad cerebro-sociedad-cultura

UN ROMPECABEZAS: ANALIZANDO LA RELIGIÓN Y EL ATEÍSMO
Diversas disciplinas confluyen para ello
• Generalidades
• Modelos explicativos clásicos
•
Neurociencia