26 julio, 2010

BERING Y BARRETT: EL ATEÍSMO ES INNATURAL


Por: Antonio Chávez
hnc.correo@gmail.com

La revista Religion acaba de publicar (julio 2010) dos artículos de respuesta de J.L. Barrett y J. Bering a otro en el mismo número de Geertz & Markússon, entorno a la naturalidad de la religión y la innaturalidad del ateísmo. Muy resumidamente, Geertz & Markússon, aunque reafirman la hipótesis de la Ciencia Cognitiva de la Religión (CCR) sobre la naturalidad de ésta, sostienen que el ateísmo es tan natural como ella. Esto basándose en los censos que muestran una prevalencia del ateísmo en ciertos países europeos.

Empezando con Barrett, él nos introduce a los conceptos de naturalidad maduracional y naturalidad practicada, formulados originalmente por McCauley y que se han visto en nuestro artículo «CONTRAINTUITIVIDAD MÍNIMA». La naturalidad maduracional consiste en procesos cognitivos automáticos que maduran y fluyen funcionalmente independientes de la cultura, como la capacidad para el lenguaje o el cálculo. En contraste, la naturalidad practicada «requiere de especial apoyo cultural o de un ‘andamio cultural’ y ensayo», tal como la capacidad para aprender un nuevo idioma o sistemas de cálculo específicos. Es natural que podamos aprender nuevos idiomas y desarrollar fórmulas de cálculo de acuerdo a la experiencia, pero se trata de aspectos que no son innatos sino adquiridos sobre la base (sí innata) de poder hablar o tener cognición numérica; y mientras podríamos olvidar el nuevo idioma aprendido, siendo individuos sanos no dejaríamos de poseer la capacidad del habla, por tanto esas adquisiciones necesitan de práctica y manutención. Respecto a la religión, su naturalidad, que la CCR apunta fuertemente como maduracional, es un concepto ciertamente antiguo (p.ej. Guthrie 1980), aunque generalmente referido mediante el término de intuitivo. En defensa de esto Barrett cita el artículo de Kelemen (2004) «Son los niños “teístas intuitivos”» (superando a Piaget y su animismo infantil): esto «es equivalente a decir que el teísmo es natural maduracionalmente, emergiendo en la infancia». Claro, que, como él mismo advierte, no todo lo que se define como ‘religión’ es maduracional (pongo como ejemplos de naturalidad practicada las creencias específicas y explícitas sobre Dios, la Concepción de la Virgen María, o el color de piel de Krishna), pero «el supernaturalismo es relativamente más natural maduracionalmente que el ateísmo».

Luego Barrett repasa su propia hipótesis, en tanto que referida por Geertz & Markússon pero parece que incorrectamente interpretada (lamentablemente no se dispone de su documento completo), y nos indica muy brevemente que aspectos como la hiperdetección de agencia o la cognición de la muerte simplemente implican tal automatismo y por tanto prevalencia, que para un naturalista estricto, más aún que para un ateo, es necesario consumir recursos cognitivos adicionales para poner en práctica la elusión de tales intuitividades naturales. De hecho, los naturalistas cabales «tienen un conflicto más difícil aún que resolver» cuando se trata de toda la maquinaria empática que se dispara ante la muerte de un ser amado, que precisamente nos hace sentir aún su presencia (veáse este corto ensayo al respecto). Y por supuesto, otro problema serio lo plantean el creacionismo innato y la teleología como una explicación por defecto (ver nuestro artículo), que Kelemen ha mostrado extendida más allá de la infancia, en la adultez. Esto incluyendo a personas científicamente formadas o aún ateas, como cuando Hawking se pregunta «porqué hay algo en lugar de nada». Barrett nos señala evidencia de que incluso a pesar de que los niños pueden afirmar «la explicación evolucionista como la mejor explicación de los rasgos de los animales, encuentran todavía más atractivo al creacionismo». Y aunque Geertz & Markússon cuestionan esta evidencia como contradictoria y debatible, no citan evidencia que contradiga las conclusiones de Kelemen.
«Podría ser que las conclusiones de Kelemen fallen al generalizarse a poblaciones aún no testeadas, pero dado lo más reciente, parece que los que rechazan el diseño intencional detrás del cosmos tienen la carga de producir explicaciones de por qué es que el mundo natural aparenta diseño
Este comentario de Barrett sin embargo me parece más bien provocador y subjetivo (recordemos que tuvo una áspera discusión con el filósofo ateo A.C. Grayling, aunque no identifiqué allí ningún comentario como este), en tanto que esa explicación en términos científicos y objetivos es que precisamente el mundo tiene tal apariencia como resultado del procesamiento de la información sensorial, y que esto a su vez se explicaría debido a que somos primates sociales y por tanto necesariamente representamos el mundo como continente de significado social (que no es sino lo que representan los conceptos ‘diseño’, ‘propósito’ o explícitamente ‘inteligencia superior’, es decir ‘voluntad’ o ‘intención’... contenidos mentales atribuidos al mundo externo). Creo que Guthrie, Bloom y por supuesto el mismo Barrett proporcionan una buena base para tal explicación.

Finalmente está el asunto de las explicaciones culturalistas de la religión, que se puede resumir en esta frase de Barrett: «la religión no explica a la religión.» Este punto también los hemos abordado varias veces, incluso en los propios fundamentos de la labor de nuestro blog. La recurrencia de ciertas creencias y prácticas religiosas en diversas culturas explicadas como causadas debido a que las personas nacen en culturas religiosas, es evidentemente redundante y ciertamente no explica tal recurrencia. Tal y como ha rendido un grueso cuerpo de hipótesis y evidencias, enfocar la cognición de las personas logra tal cometido explicativo; y esto incluyendo que la CCR «reconoce que varias formas del ‘andamio cultural’ pueden ayudar a empujar o remover las anclas cognitivas» que permiten el surgimiento de la religión.

En conclusión, para Barrett:
El supernaturalismo cae cerca de un punto de ancla natural maduracionalmente. En contraste, el consciente rechazo extendido de lo sobrenatural parece requerir de ciertas condiciones culturales especiales que alteran la función de los outputs naturales maduracionales, de un esfuerzo cognitivo, o de un fuerte andamio cultural para alejar a la gente de sus puntos de ancla naturales maduracionalmente. Esta relativa innaturalidad puede ser una razón por la que algunos estudios encuentran una relación entre el ateísmo y la educación formal y la inteligencia. Recursos especiales cognitivos o instituciones especiales (como instituciones educativas formales) pueden ayudar en el mantenimiento del ateísmo. De hecho, Geertz & Markússon parecen abiertos a este punto cuando escriben: «El hábito del ateísmo puede necesitar más andamiaje para ser adquirido, y su contraparte religiosa puede que necesite más esfuerzo para eliminarse.» En esto estamos de acuerdo, pero prosiguen, «pero aun así, esto no hace, ipso facto, que la última sea más natural que el primero.» En el sentido en el cual los investigadores de la CCR típicamente usan el término ‘natural’ es que, ipso facto, realmente la última es más natural que el primero.

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J. Bering por su parte responde que:
“El aullador descontento de Dios” en el pensamiento ateo es, de hecho, un fenómeno empíricamente demostrable, refiriendo ampliamente a los rastros de pensamiento sobrenatural que a menudo puede ser encontrado aún en los sistemas representativos del descreyente. Los autores, sin embargo, no consideran estos patrones de pensamiento de bajo nivel, implícitos, o que son totalmente inconscientes.
Luego nota el error de confundir religiosidad con intuición religiosa cuando Geertz & Markússon dicen que «el ateísmo no es menos natural que la religiosidad». Esta es un «ya bien articulado juego de ideas teísticas o sobrenaturales culturalmente definidas», y así uno puede de hecho tener una pobre religiosidad llegando a caer en la categoría de ateo. Y al igual que Barrett (y como anteriormente Boyer), Bering comenta que el ateísmo es cognitivamente esforzado, añadiendo que si alguien se considera o no ateo, «la verdad es que esta autoclasificación tiene poco -si nada- que ver con lo que en realidad pasa dentro de su cabeza.» Precisamente, aquí se trata de que las cifras socio-demográficas de los altos niveles de ateísmo en ciertos países dicen poco o nada en contra de lo que la CCR ha mostrado claramente como procesos intuitivos o inconscientes, que aún impulsan conductas e ideas supersticiosas o cuasi-religiosas en personas que no tienen creencias explícitamente religiosas. Por otro lado «que el ateísmo sea innatural psicológicamente no es lo mismo que decir que sea anómalo culturalmente»: bajo muchas condiciones políticas, económicas y sociales el ateísmo es claramente normativo. Aún, esto sigue sin informarnos sobre los procesos psicológicos de los descreyentes, que precisamente se asocian a la cognición religiosa.

Bering hecha mano de la propia evidencia empírica que ha generado para ilustrarnos: «cuando se preguntó si un hombre que acababa de morir instantáneamente en un accidente de auto podría “saber que él había muerto”, p.ej., muchos participantes quienes no creían en la vida después de la muerte respondieron afirmativamente, aparentemente sin tomar consciencia de la contradicción entre sus creencias y su razonamiento (p.ej. si la mente es apagada por la muerte, desde luego, tener el conocimiento de la propia muerte es lógicamente imposible)». Más específicamente, nos dice que tiene evidencia de ateos sometidos a preguntas sobre hechos autobiográficos que revelaron respuestas teleológicas sobre los puntos de cambio en sus vidas. Yo aportaría, aunque anecdóticamente, que esto es aún más dramáticamente patente con los no pocos ateos que creen en alienígenas súper-inteligentes, en fantasmas, en el zodiaco, en la consciencia cuántica del universo, y todavía habría que ver que los raelianos estarían muy bien categorizados como ateos, ya que así se autodefinen, en un censo sobre ateísmo. No importa pues si se trata de ‘el otro’, de la «teoría del todo» o de Dios, no importa cómo se llame, se trata de agencia básicamente sobrenatural. «La cosa importante aquí es el proceso psicológico que así fuertemente facilita una identidad agentiva; la cultura importa, pero solamente al grado de dar a una cruda intuición una personalidad y un nombre», nos dice Bering, y concluye:
Este modelo de pensamiento implica fuertemente que el ateísmo es más un bozal verbal de Dios -una decisión consciente y ejecutivamente hecha para rechazar las propias intuiciones de uno sobre una anónima súper-mente envuelta en nuestro asuntos personales- más que sea un verdadero exorcismo cognitivo. (...)
Entre tanto, «el ateísmo» como un constructo sociopolítico y una crecientemente popular marca de identidad personal está muy lejos del tipo de cognición ateística única, culturalmente inscrita, que los autores postulan
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12 julio, 2010

BASES NEURALES DE LA TEORÍA DE LA MENTE

La capacidad para pensar y razonar sobre los estados mentales de otras personas (la Teoría de la Mente) es, junto con otras habilidades específicamente humanas como lo es el “Mental Time Travel” (Viaje Mental en el Tiempo) o la capacidad para inferir intencionalidades en los objetos de acuerdo a la forma en que estos se desplazan en el espacio físico (movimiento biológico), parte de un grupo de herramientas cognitivas que se desarrollan de forma pre-programada en el ser humano y en donde anclan desarrollos culturales como lo es la religión.

Rebecca Saxe, quien dirije a un grupo de investigadores en el Departamento de Ciencias Cognitivas y del Cerebro del Instituto de Tecnología de Massachusetts, se especializa en el estudio de la Teoría de la Mente. La Teoría de la Mente es una pieza clave a entender cómo es posible que podamos generar de manera automática abstracciones tan vívidas sobre eventos que en principio son inaccesibles a la percepción: los estados mentales de los demás. Recientemente Rebecca Saxe elabora un resumen que me pareció bastante completo de los avances en este campo. El artículo se titula Theory of Mind (Neural Basis).  En la introducción se comenta que:
Los componentes exteriormente observables de las acciones humanas conllevan solo una pequeña fracción de la información que es importante. Los observadores humanos están mucho más interesados en percibir o inferir los estados mentales – creencias, deseos e intenciones – que subyacen tras el exterior observable. Si una persona revisa su reloj ¿Está incierta acerca de la hora, tarde para una cita, o aburrida por una conversación? ¿Si dispara y hiere a un amigo en un viaje de cacería, tenía la intención de vengarse o sólo confundió a su amigo con una perdiz?
El mecanismo que la gente usa para hacer inferencias acerca de los estados mentales de los demás es conocido como Teoría de la Mente (ToM). Uno de los descubrimientos más sobresalientes de la reciente neurociencia cognitiva humana es que existen un grupo de regiones cerebrales en la corteza cerebral humana que subyacen selectiva y específicamente a éste mecanismo.
La importancia de los estados mentales para propósitos de predicción de la conducta es especialmente claro cuando la persona que ejecuta la conducta está mal informada: es decir, cuando el actor tiene una creencia falsa. Por lo tanto, las creencias falsas están fuertemente representadas en los estudios de la ToM. El paradigma original de la Creencia Falsa fue diseñado para ser usado en niños de edad pre-escolar. En el diseño básico, un niño observa mientras que un muñeco coloca un objeto en la ubicación A. El muñeco abandona la escena y el objeto es transferido a la ubicación B. El muñeco regresa y se interroga al niño para que prediga en donde  buscará el muñeco al objeto. Los niños de tres años contestan que el muñeco buscará en a ubicación B, donde el objeto en realidad se encuentra; los niños mayores afirman que el muñeco buscará en la ubicación A, donde el muñeco vio al objeto por última vez.
Siguiendo la tradición de la psicología del desarrollo muchas de las investigaciones iniciales de neuroimagen sobre la Teoría de la Mente requerían que los sujetos atribuyeran creencias falsas a gente en historietas o caricaturas. La mayoría de estos estudios ha utilizado Resonancia Magnética Funcional (fMRI) para medir los cambios en la oxigenación cortical.
A lo largo de estos estudios, una serie muy consistente de regiones cerebrales ha estado implicada en la condición de “falsa creencia” de cada estudio, incluyendo la junción temporo-parietal derecha e izquierda (JTP), la corteza parietal medial (incluyendo el cíngulo posterior y el precuneus), y la corteza prefrontal medial (CPFM). Estas mismas regiones cerebrales han sido identificadas por metodologías que convergen, incluyendo estudios de la Teoría de la Mente en estados con lesiones y con estimulación magnética transcraneal (EMT). Este grupo de regiones cerebrales es en ocasiones denominada colectivamente la “Red ToM.”
Una cuestión crítica que emergió de este trabajo es si la red ToM es un dominio distinto y específico de sistemas neurales para pensar acerca de la mente. La alternativa es que alguna o todas las regiones de la red ToM son en realidad reclutadas para algún otro aspecto que resolver la prueba de la creencia falsa. Hay más al hecho de solucionar la prueba de la falsa creencia que el mismo concepto de la creencia falsa, y hay algo más en el concepto de creencia que el pasar la prueba de la creencia falsa. En particular, el atribuir una creencia falsa a otra persona depende fuertemente de dos capacidades cognitivas que no son específicas a la Teoría de la mente: el lenguaje y el control inhibitorio. Plausiblemente, la activación de la red ToM pudiera reflejar una combinación de procesamiento de lenguaje y control inhibitorio. Este artículo revisa primero entonces la evidencia para la relación existente entre ToM, lenguaje, y control inhibitorio en el cerebro, posteriormente se analiza a más detalle la investigación relativa a la bases neural del ToM.
Como se desprende de la lectura del ensayo, lo que en realidad sucede cuando teorizamos sobre los estados mentales de los demás es que generamos creencias sobre los deseos, creencias, sentimientos o intenciones que pudieran motivar la conducta de los demás. La Teoría de la Mente (ToM) es entonces un procesamiento que tiene que ver más con la formación de conceptos y que no hay que confundir con la empatía.  Sin embargo, muy posiblemente la generación de creencias sobre los estados mentales de los demás está sesgada hacia detectar creencias “verdaderas”, es decir, que frecuentemente uno asume que lo que el otro cree es mayormente cierto. Hay que recordar que la ToM  es una “guía” para intentar predecir las acciones de los demás. Si, por el contrario, asumiéramos continuamente que la mayor parte de lo que los demás creen es falso o equívoco el mundo social se tornaría sumamente confuso. Saxe lo plantea de la siguiente forma:
De forma más general, se pudiera esperar que la ToM fuese usada para ambas atribuciones de creencias verdaderas y falsas: en nuestra vida diaria, tenemos que esperar que la demás gente tenga mayormente creencias verdaderas, o sus acciones se tornarían completamente impredecibles.
Si bien la empatía hace uso de los propios sistemas sensorio-motores, la “red ToM” luce como un sistema enteramente diferente. La empatía está más relacionada con aquellas regiones cerebrales de las que depende la generación subjetiva de la experiencia del Yo, por ejemplo la percepción de los sentimientos. Saxe concluye que pese a lo que pudiese parecer a primera vista, la ToM no depende de los mismos sistemas corticales que utilizamos para actuar (motriz) o sentir (sensorial):
Teoría de la Mente y Neuronas Espejo
En el área de “comprender las acciones humanas”, hay una distinción intuitiva entre las acciones propias, y las acciones ejecutadas por los demás. Los mecanismos neurales necesarios para ejecutar las propias acciones dirigidas hacia una meta son bastante concretos, incluyendo la percepción sensorial del medio ambiente local, la planeación motora y control. El comprender las acciones de alguien más podría parecer, en contraste, un logro altamente abstracto, si no semimilagroso. Sin embargo, recientemente muchos investigadores han propuesto que las altas funciones abstractas cognitivas pudieran tener fundamentos senso-motores. Esto es, un observador puede comprender las acciones de los demás usando los mismos mecanismos cognitivos y neurales que utiliza para planear las propias. Esta idea a veces se le llama “teoría motora de la cognición social”.
Una ventaja de la teoría motora de la cognición social es su parsimonia. La predicción de la acción y comprensión pueden ser logrados con los mismos mecanismos cognitivos y neuronales que el observador ya utiliza para su propia planeación y ejecución; no necesita un sistema extra para la ToM.
Como se describe arriba, sin embargo, reciente evidencia neurocientífica debilita este punto de vista. Hay regiones cerebrales específicamente implicadas para atribuir estados mentales, y estas regiones cerebrales no son parte del sistema motor del propio observador. La red ToM es completamente distinta, anatómicamente, de las regiones cerebrales implicadas en la acción ejecutiva o la acción perceptiva. Muchos estudios por neuroimagen se han enfocado en la activación redundante durante la acción perceptiva y la acción ejecutiva, de la corteza premotora ventral, la circonvolución frontal inferior y el cortex parietal inferior derecho. En contraste, las regiones implicadas en la ToM no tienen ningún papel conocido en la planeación motora o el control ejecutivo.
Sin embargo, al revisar la evidencia con que se cuenta Saxe teoriza que partes de la “red ToM” (la CPFM y la corteza parietal medial) pudieran ser activadas por otras funcionalidades y por lo tanto ser  parte de un “dominio-general”. Según la autora la Junción temporo-parietal derecha, y quizás la izquierda, es la única región (dominio-específico) que parece especializarse en la generación de creencias sobre los estados mentales de los demás. Y es que durante la activación de la red ToM entran en juego otras habilidades cognitivas: 1) el lenguaje, 2) el control inhibitorio. La generación de creencias sobre la mente de los demás necesita de un procesamiento simultáneo del lenguaje y de un control inhibibitorio cognitivo, es decir, existe la tarea de decidir entre lo que “uno sabe del ambiente físico” y lo que “uno sabe de lo que el otro cree sobre el ambiente físico”. Para ello es necesaria la capacidad de inhibir una de las dos respuestas:
En general, la evidencia FMRI y lesional convergen en tres conclusiones en cuanto a la relación entre control inhibitorio y la ToM en el cerebro adulto: (1) El desempeño exitoso en muchas clases de tareas del tipo de falsa creencia depende de ambos un dominio-general de control inhibitorio y mecanismos de dominio-específico para representar los estados mentales. (2) Estas contribuciones están apoyadas por distintos mecanismos neurales, que pueden ser disociados. (3) El componente de dominio-específico de la ToM depende, al menos en parte, de la JTP. 
Una importante pregunta abierta tiene que ver con el papel relativo de la JTP derecha e izquierda en la ToM. Los estudios por fMRI  apuntan a la JTP derecha, mientras la JTP izquierda ha sido el foco de estudios por lesión. Los estudios futuros deberían usar las tareas no-verbales desarrolladas por Apperly y colegas con pacientes que tengan lesiones en la JTP derecha.
Un otro enfoque para evaluar hasta donde la red ToM tiene funcionalidades específicas (generar creencias sobre las creencias de los demás) o generales, es someter a ciertas tareas a los individuos con daño cortical adquirido (ej. accidentes cerebro-vasculares) y que se manifiesta con dificultades en el lenguaje (afasias):
Ian Apperly y colegas proporcionaron fuerte evidencia nueva para esta misma hipótesis. PH, un hombre joven quien tuvo un accidente cerebro vascular izquierdo, fue probado con una batería de pruebas para el lenguaje y la ToM. Aunque PH tenía graves dificultades en las pruebas de sintaxis, incluyendo específicamente la sintaxis con cláusulas embebidas, mostró que no existían problemas con las pruebas no-verbales de la ToM, incluyendo tareas de creencias falsas de primero y segundo orden (Lo que X piensa que Y piensa). En conjunto, estos estudios proporcionan clara evidencia, aún cuando existe discapacidad severa gramatical, que en la edad adulta las bases neurales de la toM y lenguaje son en gran parte distintas.
Así, para Saxe y colaboradores la Junción Temporo-Parietal derecha es principal candidato a ser el área específica que procesa la formación de creencias sobre los estados mentales de los demás. Incluyo un video en donde se observan descripciones gráficas y modelos anatómicos:


Al final, en el artículo se plantean las siguientes conclusiones y futuras direcciones en la investigación de la ToM:
En todos los estudios recientes se está empezando a arrojar luz sobre las regiones cerebrales involucradas cuando los adultos humanos razonan sobre las mentes de otras personas – esto es, en la Teoría de la Mente. Una resultado sorprendente en estos estudios tempranos es que un grupo específico de complicadas regiones están consistentemente implicadas en la Teoría de la Mente, la llamada “red ToM”, que incluyen a la Junción temporo-parietal (TPJ) derecha e izquierda, la Corteza Prefrontal Medial (MPFC) y la Corteza Parietal Medial (PC). Estas regiones cerebrales involucradas en la Teoría de la Mente son sorprendentemente robustas. Estas regiones pueden ser identificadas en el 90% de sujetos individuales, después de apenas 20 minutos de tiempo de escaneo; las mismas regiones han sido reportadas en laboratorios de distintos continentes, usando distintos procedimientos y distintos estímulos. El mismo grupo de regiones han sido identificadas como relevantes para la ToM en estudios por lesión y TMS (Estimulación Magnética Transcraneal). Patrones de activación de una confiabilidad comparables son rutinariamente observados para los mecanismos perceptivos, tales como las cortezas sensoriales y motoras, pero raramente para dimensiones de cognición tan abstractas y complejas como la Teoría de la Mente. Las regiones de la  “Teoría de la Mente” ofrecen por lo tanto una inusual ventana del cerebro hacia la mente.
Aun así, preguntas de importancia crítica permanecen abiertas: ¿Cuales son los papeles específicos de las regiones cerebrales que conforman la red ToM? ¿Cómo logra la red ToM interactuar con otras regiones cerebrales que subyacen al lenguaje, control inhibitorio y acción perceptiva (ej. sistema de neuronas espejo)? ¿Cómo es que estas regiones cerebrales se desarrollan? ¿Son estos mecanismos cerebrales universales a todos los seres humanos? ¿Son específicamente humanos? Hay mucha investigación importante que falta por hacer.
Es plausible que la red ToM entre en acción aún sin que físicamente esté presente ningún agente, es decir, que nada impide que  podamos teorizar sobre los estados mentales de seres que ya no existen  o que existen en un espacio físico remoto. De ahí queda solo un pequeño paso a teorizar sobre seres sobrenaturales. Es entonces perfectamente natural que sin ningún esfuerzo,  a manera de extensión de la ToM,  podamos razonar sobre intenciones, creencias y deseos que suponemos están en la “mente de Dios”, por ejemplo, asunciones sobre el grado de autoritarismo, benevolencia o indiferencia.

04 julio, 2010

¿QUÉ INTUICIONES? ¿CUÁL DUALISMO?


Por: Antonio Chávez
hnc.correo@gmail.com

En agosto próximo tendrá lugar en Canadá la reunión anual (2010) de la Asociación Internacional de la Ciencia Cognitiva de la Religión (IACSR en inglés), dentro del marco del veinteavo congreso mundial de la Asociación Internacional para la Historia de Las Religiones (IAHR). Algunas de las ponencias que me parecen interesantes (en realidad todas lo son) son la de Steven Horst*: «¿Qué intuiciones? ¿Qué dualismo?» y la de Afzal Upal: «El efecto de la contraintuitividad mínima visto en base al contexto». A continuación traduzco sus respectivos resúmenes (aún no están disponibles los artículos completos). Luego de cada uno comentaré.

• Steven Horst: «¿Qué intuiciones? ¿Cuál dualismo?»
Los defensores de la Ciencia Cognitiva de la Religión (CCR) han afirmado que el dualismo y la creencia en agentes no materiales son «intuitivos» (Bloom, Guthrie) o «contraintuitivos» (Boyer, Barrett). Sin embargo, estas afirmaciones requieren un mayor escrutinio filosófico sólo respecto a lo que se entiende por «dualismo», «creencia» y «(contra-)intuitivo».

El argumento de Bloom se basa en afirmaciones de los psicólogos del desarrollo sobre «sistemas nucleares de conocimiento» para objetos y agencia, explotando el hecho de que estos sistemas son disociables: el sistema de detección de agentes se puede activar sin que el sistema de objetos sea activado. (Esto parece consonante con la explicación pionera de Guthrie.) De hecho, los niños pueden aprender la habilidad adicional de triangulación de seres humanos y animales a través de los dos sistemas. En las explicaciones de Bloom y Guthrie, la capacidad de concebir agentes sin cuerpo no debería ser contraintuitiva ni causar disonancia cognitiva, al menos en una etapa temprana de desarrollo. Esto es lo que avala la afirmación de que somos «dualistas innatos». Pero el argumento no sostiene una verdadera visión dualista (una que afirme que los agentes son algo distinto de los cuerpos), ya que pensar en agentes sin pensar en cuerpos queda corto a pensar en agentes-sin-cuerpo, mucho menos como «sustancia pensante pero discontinua» (thinking but unextended substance).

Boyer y Barrett sugieren que los conceptos de agentes sin cuerpo surgen naturalmente cuando nuestros esquemas típicos de Teoría de la Mente y de Biología Intuitiva (folk biology) entran en contacto con nuestra capacidad de alterar los parámetros de estos esquemas para formar creencias mínimamente contraintuitivas como «mentes sin cuerpos». Tales conceptos están mucho más cerca de considerarse como verdaderamente «dualistas», aunque por supuesto no contienen todos los elementos de una metafísica dualista formal como la expresada por Descartes. Son «contraintuitivos» por lo menos en el sentido establecido por Boyer, pero también se podría argumentar que son «intuitivos» en el sentido de que las mentes humanas están muy sesgadas hacia formarlos y aceptarlos.

La competencia real de estas dos explicaciones puede depender de los detalles sobre el desarrollo de esquemas cognitivos básicos como el Núcleo de Agencia y la Teoría de la Mente. Por ejemplo, los defensores del Núcleo de Agencia (Spelke, Carey, Wynn) sostienen que ello se puede encontrar tan temprano en el desarrollo como lo podamos comprobar de forma fiable, mientras que el criterio más común para la Teoría de la Mente (la prueba de la falsa creencia) no es pasado hasta la edad de tres años. Esto sugiere que la Teoría de la Mente puede emerger más tarde, tal vez construida sobre un más primitivo núcleo del sistema de agencia que se comparte con muchas otras especies. Si este es el caso, entonces los dos argumentos pueden ser en realidad instantáneas de distintas etapas del desarrollo: el de Bloom de una fase temprana, antes del desarrollo de la Teoría de la Mente o biología intuitiva. En esta fase, los sistemas de agencia y de objetos pueden estar totalmente disociados y ser activados separadamente. La teoría de Boyer y Barrett puede reflejar una etapa posterior del desarrollo, en la que los esquemas para humanos y animales han llegado a incorporar criterios de objetualidad y agencia. En esta etapa, pensar en fantasmas o dioses como «personas sin cuerpos» se puede considerar como realmente contraintuitivo en la forma cognitivamente estimulante que Boyer sugiere.
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Respecto a la primera ponencia, en lo personal soy escéptico de en lo que recurrentemente los filósofos insisten como lo «filosóficamente correcto» sobre los conceptos, en este caso el que emplea Bloom, ‘dualismo’. De hecho, si nos basáramos en el DRAE resultaría que Bloom definitivmente no debería si quiera mencionar tal palabra. Sin embargo, como él mismo replicó en The Edge discutiendo el Dualismo Innato: «El dualismo que discuto es que el alma -la cual contiene los recuerdos, deseos, y la conciencia- es inmaterial, es distinta del cuerpo. Esta es la opinión expresada por René Descartes, pero también es expresada por Platón, Tomás de Aquino y Agustín, así como por muchos otros.» Así que no me queda claro qué dualismo «correcto» es el que requiere Horst para quedar satisfecho. Más aún, creo que sería problemático, por no decir innecesario, esperar que la cognición infantil aquí sea perfectamente equivalente a cómo los filósofos adultos definen ‘dualismo’. Además, no veo de qué otra manera pueda denominarse al hecho de que un niño pequeño se refiera a «su» cerebro tal y como a «su» juguete y aún en un adulto, refiriéndose similarmente a esa «sustancia discontinua» como a «su» automóvil o «su» casa. El cerebro y/o el cuerpo sí que parecen entendidos de modo innato como algo diferente de las emociones y los deseos («la mente»).

La sugerencia de Horst sobre las dos probables etapas cognitivas me parece en cambio bastante plausible. Previamente yo he sugerido que el núcleo de la agencia es en última instancia la detección de movimiento biológico, en tanto que visto en neonatos de tan solo 48 horas de nacidos. No parece posible ir más hacia atrás en el desarrollo infantil humano para identificar otro mecanismo como base nuclear; además este se ha identificado en otros animales. Parece pues, en efecto, que hay una secuencia movimiento biológico → agencia → ToM que de hecho condiciona o sesga a la cognición humana a intuir de modo inadvertido los contenidos «mentales» especialmente los emocionales, como algo diferente, sin disonancia cognitiva en los infantes, y cuando no idénticamente intuidos, por lo menos vistos como algo especial en cuanto a adultos, con o sin disonancia cognitiva. El concepto de mente-descorporeizada es suficientemente intuitivo acordando con Guthrie, pero resultaría que atributos explícitos como telepatía, telekinesia o trascendencia en el tiempo/espacio, lo que no es sino el «alma» en términos religiosos, sean productos del desarrollo de facultades cognitivas más sofisticadas y tardías en el desarrollo infantil, y no solo gracias a la Teoría de la Mente. Muy interesante y aquí oportuno es lo que comentó Bloom en The Edge: «la cuestión del alma inmaterial concierne al futuro -tu futuro, y el futuro de tus seres queridos

Efectivamente, el «alma» como concepto religioso no es posible sin cierta conciencia sobre el futuro (ausente en los infantes hasta los 2-4 años), sin poder visualizar escenarios y situaciones imaginarias en las que representamos al agente muerto (esto aún todavía después de los 6-7 años de edad). Este concepto «alma», su fácil aprendizaje y su aceptación cultural es posible no solo porque nuestra propia cognición tiende a fijar en la memoria las violaciones de lo que esperamos sobre el comportamiento de los agentes (p.ej. la narración de una «mente» atravezando paredes a voluntad o moviendo los objetos sin tener cuerpo físico captura la atención y la memoria), que es sobre lo que trata la siguiente ponencia, sino, adicionalmente pero de modo decisivo, porque tenemos Mental Time Travel (MTT) (así pues, también he sugerido, siguiendo a Tulving, que la misma contraintuitividad es posible debido a esta capacidad de transespaciotemporalidad representacional agentiva, que es resumidamente, una recombinación de emociones, recuerdos, planificación y abstracción).

• Afzal Upal: «El efecto de la contraintuitividad mínima visto en base al contexto»
El hallazgo de que los conceptos mínimamente contraintuitivos se recuerdan mejor que los intuitivos y que los máximamente contraintuitivos ha sido importante para muchos científicos cognitivos de la religión, que lo han utilizado para explicar la omnipresencia de los conceptos mínimamente contrarios a la intuición en las creencias religiosas alrededor del mundo. Los intentos para dar cuenta de las ventajas de la memorabilidad de los conceptos mínimamente contraintuitivos se pueden dividir en dos clases. El primer enfoque defendido en (J. Barrett & Nyhof 2001; Boyer 1994; Boyer & Ramble 2001) y más claramente articulado por Barrett en (J.L. Barrett 2008) enfatiza únicos aspectos psicológicos de los conceptos mínimamente contraintuitivos y está expresado en términos de una visión modular de la mente. El segundo enfoque presentado en (Upal 2005; Upal, Gonce, Tweney & Slone 2007) ve los conceptos mínimamente contraintuitivos como ideas que violan las expectativas de la gente y enfatiza el papel que juega el contexto en hacerlos memorables. En tanto que el segundo enfoque hace hincapié en el papel desempeñado por el contexto, yo lo refiero como el enfoque contextual y el primer enfoque como el conceptual. Ambos son similares de varias maneras. Los dos se encuentran en el marco la epidemiología general de las creencias elaborado por (Sperber 1996) que se centra en la exploración de la competencia entre las ideas para entender por qué ciertas representaciones se pueden diseminar y hacerse culturales. Ambos enfoques también asumen que la mejor evocación de los conceptos mínimamente contraintuitivos es el producto de procesos evolutivos, que resultan en personas teniendo una arquitectura de la memoria que causa que los conceptos mínimamente contraintuitivos se recuerden mejor que otros tipos de conceptos. Ambos enfoques también comparten el objetivo de desarrollar un modelo cognitivo del aprendizaje y la memoria de conceptos en el ser humano, orientado al procesamiento de la información, que puede dar cuenta del efecto de la contraintuitividad mínima. Voy a desarrollar los dos enfoques señalando las numerosas similitudes y diferencias entre ellos y discutir una serie de estudios experimentales que influyen sobre estas cuestiones.
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Este asunto ha sido abordado previamente traduciendo un artículo entero al respecto. Precisamente, allí se menciona la distinción que hace el filósofo McCauley:
«entre cognición natural de la madurez (es decir, el producto natural de la maduración humana – tempranamente desarrollada, altamente automática y fluida, y de baja variación intercultural) y cognición natural practicada (también automática y fluida, pero que requiere artefactos especiales e instrucción explícita, y es de alta variación intra- e intercultural). La cognición intuitiva es invariablemente del primer tipo.»

En consecuencia, la contraintuitividad pertenece al segundo tipo y como es evidente, implica la influencia del contexto. Sin embargo creo que la contraintuitividad y su diseminación cultural abarca ambos aspectos: tanto la modularidad cognitiva como la influencia del medio. Y pienso que la identidad de los dos aspectos está formada por el MTT. Es decir, los conceptos mínimamente contraintuitivos pueden verse como intuitivos en tanto que la propia arquitectura cognitiva, precisamente el MTT, tiene por defecto una naturaleza extra-ordinaria. Retomando lo dicho arriba, p.ej. la sola evocación de recuerdos, algo inadvertido pero en todo momento activo, implica revertir la flecha del tiempo en referencia a la visión del tiempo en términos científicos. Hacer planes para mañana, pasado o para dentro de los siguientes 10 años obviamente implica saltar en el tiempo, sea o no que en efecto se realicen nuestros planes cuando el momento real llegue. Si vamos a caracterizar a los seres sobrenaturales como contraintuitivos, contrafactuales o directamente como contrarios a la experiencia científicamente guiada, p.ej. contrarios a las leyes naturales (tal y como la flecha del tiempo), entonces en estos mismos términos cabe caracterizar a la propia cognición humana, por defecto, como contraria a esa misma experiencia.

Es que, como he dicho en otro sitio: más sorprendente que el hecho de que la tierra parezca plana a pesar de la astronomía y la geometría (del mismo modo en que simplemente no percibimos la curvatura especiotemporal, pero es demostrable), es el hecho de que podamos formarnos creencias sobre el en realidad inaccesible contenido mental de alguien, o que la muerte repentina de un ser querido dispare el sentimiento de pena ante lo que no es sino un cadáver incapaz de percibir nuestra empatía. Más complejo que el simple hecho de no poder percibir algo pero que se puede demostrar existente fuera de nuestra cabeza, es que a pesar de que se nos demuestre (científicamente) que un familiar no tiene presencia real o que ya no puede tener mente, tales mecanismos cognitivo-emocionales se disparan sí o sí, y esto diría que muy al margen de la disonancia cognitiva. Desde la perspectiva científica todo esto es contrafactual y sin embargo se trata del funcionamiento por defecto de nuestra cognición. Claro, es que en principio, ella no conoce lo científico ni filosóficamente «correcto» sino que es adaptativa y probabilística, aunque, paradójicamente, permita la propia construcción de la metodología científica. La idea entonces es que es un asunto fuertemente dependiente del contexto el que prosperen culturalmente tanto la contraintuitividad como el objetivismo científico, ya que tampoco es lo mismo el ‘reflejo empático’ ante un muerto que el concepto del Chi, del mismo modo que el conocimiento científico es progresivo y acumulable. En un estado inicial del desarrollo psicológico, un agente con quien se tiene un envolvimiento empático es entendido como aún teniendo sentimientos a pesar de muerto, y esto sin causar ninguna incomodidad ni disonancia cognitiva, mientras que en un adulto la adquisición de conocimiento científico acumulado puede implicar un verdadero esfuerzo cognitivo de tener que estar conscientemente modulando las intuiciones teleológicas, por ejemplo.

Ya vimos que la contraintuitividad ‘estricta’ de Boyer & Barrett (ideas que contradicen los conceptos/expectativas innatas) podría pertenecer a una fase posterior del desarrollo cognitivo, que yo apuntalo como dependiente de la aparición del MTT, visto ya como intrínsecamente contrafactual. Por tanto, el enfoque contextual de la contraintuitividad hecho por Upsal también sería solo posible con esta capacidad, en tanto que tal enfoque de hecho trata de que interactuamos con estímulantes externos de la contraintuición (p.ej. adquisición de creencias que permitirían formarnos nuevos grados metarrepresentacionales potencialmente contraintuitivos).

Por cierto y para terminar, no deja de ser intrigante que la atención y la memoria se enfoquen en los contenidos contraintuitivos de una idea o una narración, que es lo que finalmente causa su éxito y perduración cultural generación tras generación. Intrigante porque en último término, este mismo efecto es una natural consecuencia del modo en que opera nuestra cognición, por tanto, todo aquello que se define como contraintuitivo es ciertamente, intuitivo. Por lo menos, aquellas definiciones parecen hasta ahora resultar útiles para el estudio cognitivo de la religión, pero pueden ser puramente ilusorias.

(*) En su momento estuvo disponible el resumen en inglés que está aquí traducido completamente. Ahora solo se puede ubicar una versión más corta aún.

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